No hay posibilidad de una sociedad sana, un país desarrollado, si no se termina con los niveles de violencia del que son víctimas las mujeres.

Editorial El Siglo. En los últimos días de registraron varios y dramáticos episodios de agresión y violencia contra mujeres, que dieron cuenta de que este deleznable y criminal asunto sigue presente de manera repudiable dentro de la sociedad chilena.

Los hechos tuvieron distintas características y se repitieron en número alto en pocos días. Quedó demostrado, de nueva cuenta, que la violencia contra la mujer no tiene límite de edades, condición socioeconómica, actividad y se expresa de variadas maneras.

Es así que el país supo de la violación y asesinato de una niña de menos de dos años, de la violación grupal de una mujer, de la muerte de dos mujeres en regiones y de extendidas acusaciones de acoso y agresión sexual en el ámbito televisivo, de la actuación y dentro de universidades.

No hay manera de desmentir que la violencia contra la mujer es un tema cultural de la sociedad chilena, es un fenómeno social extendido y grave, y es una situación que tiene alcances desmedidos y criminales.

Hay una exigencia ciudadana de sanciones penales severas a quienes ejercen la violencia en todas sus formas en contra de niñas, adolescentes y mujeres adultas, sobre todo a violadores y abusadores. En efecto, es imprescindible mejorar el actuar policial -que muchas veces relativiza los episodios y da malos tratos a las víctimas-, los procedimientos y los procesamientos judiciales. Parece que avanzará, por ejemplo, la iniciativa de que no prescriban los delitos sexuales, sobre todo cometidos contra menores de edad.

Pero al mismo tiempo no se deben soslayar los desafíos culturales, educativos, valóricos y sociales que tiene que ver con el respeto a las mujeres, con los derechos de la mujer, con la equidad de género y con prácticas no sexistas en distintos ámbitos. También con erradicar distintas maneras de discriminación y agresión, como el acoso callejero y mal trato laboral femenino en todas sus expresiones.

El reto que tiene el país y sus ciudadanos, es desde la niñez, es decir, que los valores, las conductas, la cultura, sea  abordado desde la primera edad para inculcar la equidad, la igualdad, el respeto, la no violencia.

Debe acentuarse un compromiso del conjunto de la sociedad, en la familia, en las escuelas, en las universidades, en los centros laborales, en el sector público y privado, en las actividades deportivas y culturales, en los ámbitos políticos, de erradicación de la agresión y la violencia en contra de la mujer. Eso es lo que pondrá una barrera a los agresores, a los criminales, a los cobardes que atacan a mujeres e incluso a niñas.

No hay posibilidad de que exista una sociedad sana y democrática, un país desarrollado, si no se termina con los niveles de violencia y crímenes que se están produciendo en Chile del que son víctimas las mujeres.