Se padece vesania, es decir,  locura, desequilibrio mental, furia, y otros vocablos de igual acepción. 

Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

Por estos recientes días se ha recordado la creación en Chile, en 1850, de la “Sociedad de la igualdad”, organización fundada por visionarios intelectuales de aquella época: Santiago Arcos, Francisco Bilbao y Eusebio Lillo, entre otros notables hombres cultos.

Se ha convocado también a celebrar el “Día Mundial de la Tierra”, y el “Día Mundial del Libro”. La pregunta es si hoy se respeta más el planeta y si la cantidad de lectores crece.

Todo parece indicar que de recuerdos, de respeto y de lecturas no mucho, así, la sociedad acusa fatales carencias, está al debe.

Si vamos a los medios de comunicación, principalmente a la televisión del país, las cosas no son nada mejor: entre muertes por cualquier causa, accidentes, violencias contra todo lo que vive, robos, vidas de estafadores, farándula, estulticia y zafacoca se pasan las horas, los días y los años. Decadencia es la palabra que más se ajusta para calificar esa realidad.

La sociedad acusa un estado, un sello vesánico, adjetivo éste de uso no habitual, pero de sentido muy claro. Significa en específico que padece vesania, es decir,  locura, desequilibrio mental, furia, y otros vocablos de igual acepción.

Se espera que instituciones, las que todos sabemos que existen, tan solo por nombrar algunas: gobierno, parlamento, iglesias, policías, escuelas, tribunales, servicios, medios de prensa, etc., cumplan cabalmente con lo que deben hacer en bien de la comunidad. Todas cursan situaciones de crisis, algunas muy severos estados de anormalidad ética. Pero decir que son las instituciones es muy genérico, pues son personas quienes las integran y las hacen. Es obvio que no se debe generalizar, porque siempre existen excepciones.

También en recientes días en la Cámara de Diputados, uno de sus integrantes dijo palabras insultantes, ofensivas para quienes sufrieron  violación de sus Derechos Humanos. Fue un congresista UDI, de cuyo nombre no vale siquiera acordarse…Sus términos reflejan su estado personal vesánico, manifestó  desprecio a quienes durante el régimen dictatorial que todavía él defiende vivieron prisión, tortura y otros horrores  por pensar distinto a esa tiranía. Por decir lo que dijo hasta fue cuestionado por algunos de su sector político, pero nada repara esa reiterada agresión a la dignidad de las personas por él agraviadas. Tampoco en nada repara el misérrimo dinero que el proyecto de ley contempla para las víctimas de tanto atropello, y que el actual gobierno ha retirado del parlamento, aun cuando fue aprobado.

De vesania, decadencia, crueldad, insultos, desprecio, y de falsas promesas son los tiempos que se viven. Nos vale no claudicar en la demanda por construir una sociedad mejor.