Nadie, ni en posiciones más conservadoras, plantea que el suceso será motivo de desestabilización o debilitamiento del proceso cubano.

Hugo Guzmán

Periodista.

1.- Se podría afirmar que este 19 de abril se concretará en Cuba, como nunca, el relevo de la generación histórica por parte de la generación de la Revolución. Por “ley biológica”, como lo adelantó alguna vez Fidel Castro, aquellos nacidos hasta finales de la década de los 30, comienzan el retiro. Quienes nacieron después de 1958 -año del triunfo rebelde- se instalan en altas responsabilidades del Estado.

2.- El suceso más notorio de aquello, es que a partir de este miércoles 19 de abril, Raúl Castro, de acuerdo a la ley, dejará de ser el Presidente del Consejo de Estado de Cuba, cargo que ocupó por dos periodos. Se prevé que junto con él, otros dirigentes dejen altas funciones en el Estado, como José Ramón Machado Ventura, Ramiro Valdés, Guillermo García, entre otros. Casi todos nacidos entre 1928 y 1935. Varios más, renunciaron o fallecieron en años recientes. Todos fueron combatientes guerrilleros, comandantes y asumieron sensibles tareas cuando se inició el proceso revolucionario.

3.- Hay versiones y especulaciones respecto a quiénes asumirían el relevo y pasarían a posiciones más relevantes en el Consejo de Estado o el Consejo de Ministros. Particularmente sobre la presidencia de Cuba, aunque menos sobre las vicepresidencias. Ahí están los nombres de Miguel Díaz-Canel (actual Primer Vicepresidente), Bruno Rodríguez (actual Canciller), Lázara López (actual Vicepresidenta), Marino Murillo (actual Ministro de Economía), Rodrigo Malmierca (actual Ministro de Comercio Exterior), y varios otros. Hay, por cierto, una generación intermedia -que jugó un papel determinante en el triunfo contra la dictadura de Fulgencio Batista e inicio del proceso revolucionario- donde están Leopoldo Cintra Frías (Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias), Esteban Lazo (actual Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular), Gladys Bejarano (Vicepresidenta), Salvador Valdés (Vicepresidente), Abel Prieto (Ministro de Cultura) entre otros. Claro que en la elección de los integrantes del Consejo de Estado que se dará entre el 18 y 19 de abril, podrán emerger otros nombres.

4.-Se eligió el 19 de abril para el cambio de Presidente de Cuba, porque ese día se conmemora otro aniversario de la victoria del pueblo cubano sobre la invasión mercenaria organizada desde Estados Unidos en 1961, destinada a derrocar al emergente Gobierno Revolucionario. Como ocurre con frecuencia, los cubanos ligan sus hitos institucionales y políticos a sucesos históricos que están vinculados a luchas y triunfos de su pueblo y episodios claves de las batallas por su independencia y soberanía.

5.- Era previsible que el cambio en la presidencia de la isla generara en sectores políticos y de medios de prensa en el extranjero, especulaciones y análisis de distinto tono, sobre todo apuntando a cuestionamientos. Hasta ahora, nada nuevo bajo el sol: que el nuevo mandatario sería “delfín” de Raúl Castro, que se pueden esperar “reformas más profundas”, o que habría “un camino de continuismo”, que quien sea elegido será “duro” o será “reformador”. Pero más allá de las polémicas ideológicas o instalación de caricaturas, los hechos evidencian ante este suceso trascendental, algunos elementos fundamentales: estabilidad y madurez institucional en la isla; fluido cambio en los mandos estatales; fortaleza de los procesos electorales y de electividad para designar a las autoridades (en la última elección votó casi el 80% de la población en unas elecciones transparentes y de voto secreto); consolidación del proceso revolucionario a las realidades contemporáneas; fortaleza del sistema político y funcionamiento de las entidades del Estado que, por ejemplo, se refleja que este 18 y 19 de abril, más de 600 diputados elegirán con voto secreto a los miembros del Consejo de Estado y al presidente y vicepresidente del país.

6.- Más allá de delfines, quienes realmente conocen a Cuba y su historia, saben que es indesmentible la influencia de Raúl y otros dirigentes en la nueva generación. Tiene que ver, en primer lugar, con la trayectoria de esos dirigentes históricos que va desde su participación en la guerrilla a riesgo de sus vidas, en batallas precisamente como las de Playa Girón, en la construcción compleja de la sociedad socialista en la isla, en momentos críticos como la Crisis de los Misiles, en encarar tiempos difíciles y negativos como el Periodo Especial y el derrumbe del Campo Socialista -empezando por la Unión Soviética-. Todo eso ejerce un reconocimiento de autoridad moral y política que en Cuba, lo saben quienes conocen muy bien a ese país, es muy importante en las nuevas generaciones. En segundo lugar, los hechos objetivos constatables, dan cuenta de que hace muchísimos años esa “dirección histórica” vino dando espacios a nuevas generaciones, en ámbitos políticos, legislativos, educacionales, científicos, militares, lo que fue produciendo un relevo natural y fluido. Eso se ha querido disfrazar como que hay “delfines” de los actuales altos dirigentes, con el problema inicial en ese argumento, de que se trata de cientos de nuevos dirigentes que comenzaron a tomar posiciones en un proceso continuo comprobable y no impuesto. Algo vital en este asunto, es que se comprueba que en la isla hay una persistencia en las instancias colectivas de dirección, como la existencia y funcionamiento de Consejos de Estado y de Ministros que asumen las políticas internas y decisiones gubernamentales. Que allí ejercen o ejercían una notable influencia los “dirigentes históricos”, es cierto, pero de allí a concluir que se trataba de prácticas unilaterales y presidencialistas, hay un enorme trecho.

7.- Desde el exterior se suelen establecer ciertas consideraciones que eluden u omiten datos que no se pueden soslayar. Y que tienen que ver con asuntos que tendrá en su carpeta quien asuma la presidencia en Cuba: En medio de la isla hay una base militar de Estados Unidos, en una ocupación ilegal del territorio cubano; hace unos meses, se autorizó un presupuesto oficial de Estados Unidos, de 20 millones de dólares, para realizar acciones políticas de apoyo a la disidencia y en contra del Gobierno de Cuba; prosigue un bloqueo económico que ha provocado a la isla pérdidas por 130 mil millones de dólares; Washington toma medidas restrictivas a cada rato, como el establecer ahora que los cubanos deben viajar a Guyana para pedir visa de ingreso a EU. Basta establecer una analogía con lo que ocurriría en Chile si se dieran todas esas situaciones, para comprender mucho de lo que las autoridades cubanas deben confrontar y por qué el establecimiento de ciertas políticas. El nuevo Presidente de Cuba, a quien algunos le piden “cambios”, tendrá que lidiar con esas y otras realidades que, parafraseando, no han cambiado.

8.- Cuando se produjo el Periodo Especial, cayó el Campo Socialista, se proclamó el “fin de la historia” y una ofensiva mundial neoliberal y conservadora, bajaron los precios de las materias primas, se enfermó gravemente Fidel Castro, y en varias otras ocasiones, se instalaron innumerables tesis y anuncios de que la Revolución Cubana caía, llegaba a su fin, y todo se desmoronaba. Ocurrió, objetivamente, todo lo contrario. Es así que hoy nadie, ni en las posiciones más conservadoras, plantea que el cambio de Presidente en Cuba será motivo de desestabilización o debilitamiento del proceso revolucionario cubano. Más bien solo se llega a especular de acciones futuras. Ciertamente nada será igual, y los sellos y actividades de los dirigentes tendrán marcas propias. Lo claro es que la institucionalidad, el sistema político, las bases económicas, los lineamientos sociales y la política exterior soberana que priman en la isla, persistirán en lo estructural y como basamento, independiente de quien ocupe la presidencia. Junto a cambios, ajustes y modificaciones que los mismos cubanos prevén. Nada terrible en el horizonte.