La memoria de nuestros héroes y heroínas, tiene vida, alegría, tristezas y su legado de  sus luchas estas vigentes hoy más que nunca.

Alicia Lira

Presidenta AFEP

El 11 de abril de 2018 fue un día lleno de sentimientos, de ausencias físicas, tristezas y orgullo, para las 101 familias, pero a la vez fue un día muy especial, lleno de  emoción,  pero con solemnidad y orgullo, sobre todo para esas mujeres que por sus hijos no han dejado ni un solo día luchar por la verdad y la justica. Ellas recibieron los títulos póstumos que entregó la Universidad de Chile con los rostros sonrientes y con ese compromiso y convicción, la misma que movió a todos  quienes salieron de sus hogares para cumplir un sueño que fue detenido en el tiempo.

Estas familias no pudieron ver a sus seres queridos convertirse en profesionales, pero después de tantos años ellos y ellas recibieron los títulos profesionales de sus familiares que ya no están físicamente, pero que siempre van de la mano con ellos, en sus pensamientos y en sus corazones.

Sentir como familiares y compañeros, tanto miristas como comunistas, fueron reivindicados políticamente a viva voz en pleno corazón de la universidad con rebeldía, con dolor, pero con tanto orgullo que las lágrimas nos brotaban a todos y todas. Fue un acto político, un acto de amor, tan lleno de dignidad que nos colmó de emoción por tanto amor y por tanta ausencia.

Las autoridades de la casa de estudio y quienes fuimos invitadas hablamos del reconocimiento y reparación que realizó la Universidad de Chile con sus alumnos y alumnas de sus distintas facultades. Un reconocimiento político, social, que el rector Ennio Vivaldi y la vice rectora Faride Zeren, en representación de todos los académicos, llevaron adelante con la solemnidad, respeto y la dignidad por los nuestros que no están, pero también por sus familiares.

Se entregaron títulos póstumos a esos a universitarios, a aquellos que fueron parte de la construcción de una sociedad socialista que significó la Unidad Popular encabezada por el querido Presidente Salvador Allende, a aquellos alumnos y alumnas que resistieron la dictadura cívico militar, con todas sus formas de lucha en su espíritu libertario, paran terminar con el terrorismo de Estado, en nuestro país. Jóvenes que dejaron sus familias a sus amores, pensando precisamente en ellos.

La Universidad de Chile desde hoy es una mejor casa de estudio, porque reivindicaron a mujeres y hombres que fueron sus alumnos, que la dictadura ejecutó o hizo desparecer, solo por pensar distinto y por luchar contra la cultura de la muerte que vivimos por 17 años. Hoy ellos dijeron presente, eso es coraje y voluntad política y como agrupación le entregamos este reconocimiento a esta universidad, como a otras universidades.

Estas reparaciones hacia nuestros familiares nos dejaron una enseñanza que es el luchar con más fuerza por verdad y justicia plena por los crímenes de la dictadura, no solamente como familiares sino como sociedad.

Pero no olvidemos a los que han caído en democracia, como Matías Catrileo, José Huenante o José Quichillao, quienes nos dejaron la enseñanza de jamás claudicar por nuestros derechos y dignidad como trabajadores.

La fuerza, esperanza y orgullo que nos dejaron esos titulados del 11 de abril por la Universidad de Chile nos hace un pueblo digno y grande.