Fue aquí donde tuvo lugar el 23 de marzo de 1988, hace 30 años y tras 14 años de guerra, la derrota de los enemigos políticos y militares del pueblo y gobierno de Angola.

Carlos Arrue. “A 250 km de la ciudad de Menongue, capital de la provincia de Cuando Cubango, se halla un minúsculo punto de la geografía angolana indisolublemente vinculado a una gloriosa e imborrable página de la historia de África: Cuito Cuanavale.”[1]

Fue aquí donde tuvo lugar el 23 de marzo de 1988, hace 30 años y tras 14 años de guerra, la derrota de los enemigos políticos y militares del pueblo y gobierno de Angola. Junto con ello, se logró la independencia de Namibia y el inicio real del desmontaje del sistema segregacionista del apartheid en Sudáfrica. En la consecución de estos objetivos, el rol jugado por Cuba internacionalista, fue fundamental.

En Chile se sabe poco del continente africano, de su historia, de sus luchas, aunque nada menos que Leonardo Farkas visitó la celda de Robben Island donde estuvo detenido y privado de libertad el líder sudafricano y símbolo de la opresión racial, Nelson Mandela[2]. Fue el mismo Mandela quien dijo, en una visita a Cuba poco tiempo después de su liberación “Hemos venido aquí con gran humildad. Hemos venido aquí con gran emoción. Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”[3]

La verdad es que ningún otro país puede exhibir semejante carta de presentación. A África, los europeos llegaron con muchos menos de lo que se llevaron. De África, se llevaron petróleo, diamantes, animales, oro y, por supuesto, esclavos. Cuba, en cambio, dejó en su aporte internacionalista, 2106 muertos según cifras oficiales, la mayoría hoy descansan en su Cuba natal. En 1989, el Comandante en ]efe, Fidel Castro, señaló “Un destacado dirigente africano expresó un día en una reunión de líderes de la región: “Los combatientes cubanos están dispuestos a sacrificar sus vidas por la liberación de nuestros países y, a cambio de esa ayuda a nuestra libertad y el progreso de nuestra población, lo único que se llevarán de nosotros son los combatientes que cayeron luchando por la libertad.”[4]

Años antes, el mismo Fidel Castro aclararía la razón de esta ayuda internacionalista. “Algunos imperialistas se preguntan por qué ayudamos a los angoleños, que qué intereses tenemos nosotros allí. Ellos están acostumbrados a pensar que cuando un país hace algo es porque está buscando petróleo, o cobre, o diamante, o algún recurso natural. ¡No! Nosotros no perseguimos ningún interés material, y es lógico que los imperialistas no lo entiendan, porque se guían por criterios exclusivamente chovinistas, nacionalistas, egoístas.

¡Estamos cumpliendo un elemental deber internacionalista cuando ayudamos al pueblo de Angola!”[5]

A fines de 1987, las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola, FAPLA, deciden emprender una ofensiva en el sur este de su país. Esta ofensiva es resistida exitosamente por la UNITA y el Ejercito sudafricano que logran convertir la incursión en una oportunidad al contra atacar con éxito logrando colocar a Cuba y Angola en una situación difícil. “Una derrota militar para Cuba significaba el colapso del gobierno de Angola, la pérdida de confianza y seguridad de los países de la Línea del Frente ante Sudáfrica y la prolongación de la ocupación militar de Namibia y del sistema del apartheid en el propio país sudafricano.”[6]

Era crucial lograr la estabilidad de la defensa, impedir el paso de las fuerzas enemigas y luego definir en los campos de batalla el resultado de las negociaciones que tenían lugar en paralelo. Dichas negociaciones “Entre Angola y Estados Unidos, sufrieron un estancamiento en 1985 al recibir como Jefe de Estado al traidor Jonas Savimbi, cabecilla de UNITA… y al incrementar su ayuda material y financiera a esta agresión. Por otro lado, Sudáfrica elevó su escalada militar en el interior de Angola… Si bien Cuba quería llegar a una solución negociada, la persistente idea de llevar a cabo operaciones militares en el sureste del país en la estación de seca de 1987, unido a otros hechos, indicaban la posibilidad de un desenlace militar de este conflicto.”[7]

Ese fue el desenlace que tuvo lugar en Cuito Cuanavale entre diciembre de 1987 y marzo de 1988. En respuesta, Cuba movilizó tropas, artillería terrestre, tanques, aviación de combate, logística e incluso creó un grupo operativo del Estado Mayor de la Misión Militar que desplazó hacia la zona. Todas las fuerzas y medios de combate, de logística y de retaguardia fueron fundamentales para la batalla. 30000 soldados angolanos, 40000 cubanos, 1000 piezas de artillería anti aérea, cientos de piezas de artillería terrestre, 600 tanques y todos los aviones de combate disponibles.  Es importante de destacar la superioridad que finalmente logró establecerse en el aire por parte de las fuerzas angolanas y cubanas. Un gran ejemplo de ello fue el derribo de un avión de combate Mirage F-!. “En vuelos rasantes y aprovechando las malas condiciones meteorológicas reinantes, que hacen difícil la interceptación, sus aviones (sudafricanas) intentan acercarse a la zona de acciones combativas. Cara les cuesta la osadía. Los días 14 y 15 de febrero, después de violentos pero agónicos ataques, son rechazados en forma contundente por los defensores de Cuito Cuanavale. El día 20 es derribado por el certero fuego de nuestros artilleros, el Mirage F.1 que tripulaba el Mayor Edward Every cuando intentaba atacar posiciones en el rio Cuatir”.[8]

El 23 de marzo a las 16:00 h cesaban los combates en Cuito Cuanavale. “Para que se tenga una idea de la magnitud del combate (iniciado el 20 de marzo) baste decir que el enemigo arrojó 700 proyectiles de cañón G-5, 36 cohetes Valkrie y 66 granadas de mortero. Por su parte, la artillería cubana y la angolana lanzaron 627 proyectiles de Obus 122mm, 677 cohetes de BM-21 y 499 proyectiles de cañón 130mm.”[9]

Después de Cuito Cuanavale, las negociaciones dieron un giro a favor de Angola y del cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas. No obstante, Sudáfrica se resistía y en último intento desesperado en junio de 1988, desarrolló un conjunto de operaciones militares que fracasaron estrepitosamente. Esto motivó la necesidad de despejar, de forma definitiva, cuál era la voluntad y disposición de las tropas en medio de las negociaciones. Asi fue como el General de División, Leopoldo Cintra Frías, en ese momento jefe de la Agrupación de tropas cubanas en el sur de Angola, le envía el siguiente mensaje al Presidente de Cuba “Compañero Comandante en Jefe, aquí está terminantemente prohibido hablar de negociación y paz, para todos nosotros. Desde el jefe hasta el último soldado, está consciente de que la firma final de las conversaciones está en la boca de los cañones de nuestras armas y de nuestra aviación; no se preocupe, que la guerra se ganará”.

Esta gesta, la victoria en Cuito, fue la expresión de la superioridad militar Cubana sobre un ejército apoyado por los Estados Unidos y un país que hoy sabemos contaba con siete armas atómicas cuando tienen lugar estos hechos. Hoy Cuba, Angola, Namibia, Sudáfrica son distintos a cómo eran hace 30 años, pero el ejemplo de lucha, de moral y de inteligencia, será imperecedera.

[1] Coronel Harry Villegas Tamayo, “La Guerra en Angola”, Editora Política, La Habana, Cuba 1989. Pg.145

[2]     http://www.cooperativa.cl/noticias/mundo/sudafrica/nelson-mandela/leonardo-farkas-envio-saludo-de-fin-de-ano-desde-la-celda-de-nelson/2013-12-30/063224.html

[3]     Nelson Mandela, 26 de Julio 1991, Acto en La Habana, Cuba.

[4]     Fidel Castro, 7 de diciembre 1989, con ocasión del homenaje a los cubanos caídos en Angola

[5]     Fidel Castro, 2 de diciembre de 1975, Clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba

[6] Coronel Héctor Pineda Molina “La Guerra en Angola”, Editora Política, La Habana, Cuba, 1989. Pg.219.

[7]  Coronel Héctor Pineda Molina “La Guerra en Angola”, Editora Política, La Habana, Cuba, 1989. Pg.218.

[8] General de Brigada ruben Martinez Puente “La Guerra en Angola”, Editora Política, La Habana, Cuba, 1989. Pg.168.

[9] Coronel Harry Villegas Tamayo, “La Guerra en Angola”, Editora Política, La Habana, Cuba 1989. Pg.154