¿Cómo creerles ahora a Matías del Río, Mónica Rincón, Fernando Paulsen, Tomás Mocciatti cuando auguran un brillante porvenir y abominan de todas las políticas sociales del Gobierno de Michelle Bachelet?

José Luis Córdova

En el actual ambiente de desconfianza generalizado en personas e instituciones ha resultado chocante el cambio experimentado en las líneas editoriales de todos los canales de TV desde el 11 de marzo a la fecha. Ahora resulta que todos los índices económicos, pronósticos y análisis de expertos sobre la futura situación financiera del país son favorables. Todo ha mejorado como por arte de magia.

¿Cómo creerles ahora a Matías del Río, Mónica Rincón, Fernando Paulsen, Tomás Mocciatti cuando auguran un brillante porvenir y abominan de todas las políticas sociales del Gobierno de Michelle Bachelet?

Pareciera ser cierto que el cálculo del déficit fiscal estuvo mal hecho, pero es muy distinto afirmar que se basó en un engaño deliberado, así como sostener que ahora si, las cifras son transparentes y reales.

La gente todavía le cree casi todo a la televisión, pero la manipulación de conciencias tras el proceso electoral es manifiesta. No de otra forma se ve el traspaso de destacados periodistas de la cadena El Mercurio y también desde Canal 13 a las áreas comunicacionales del Gobierno y el aparado estatal.

El periodistas Rubén Oyarzún del Mega a la Dirección de Prensa de la Presidencia es una prueba fehaciente de ello, así como Alejandra Pérez, desde la dirección de Canal 13 a ministra de Cultura, Paulina Bravo a Interior, Cristián Rendic, segundo hombre en la Secretaría de Comunicaciones del Gobierno de Piñera, entre otros,

¿Serán tiempos mejores? ¿O se trata simplemente de mejorar sus niveles de remuneraciones y/o currículos en el “servicio público”? Pero la administración del Estado exige otras capacidades, como se vio palmariamente en el anterior Gobierno de Piñera. La vez anterior todos volvieron al área privada, se acabó abruptamente el “sacrificio” en el sector fiscal.

No basta con una estrategia comunicacional sustentada en desconocer todas las transformaciones iniciadas hace 4 años. La gratuidad en la educación, la reforma tributaria, la despenalización del aborto en tres causales y muchas otras medidas no pueden ni deben desconocerse y se sabe que favorecieron a la mayoría.

Los servicios informativos no podrán abstraerse de próximos enfrentamientos políticos respecto al proyecto de identidad de género, del matrimonio igualitario y otros, Las transmisiones desde La Haya  significaron un “veranito” que no excluye informar sobre la realidad nacional, los debates en el Parlamento y las medidas adoptadas por el nuevo Gobierno, entre ellas, declarar desierta la licitación del Transantiago, otra vez sin consultarle a nadie. Recuperar la confianza de la teleudiencia parecer una labor de primer orden.