En los años ’90 los matinales de TV incorporaron por primera vez en su escenografía una cocina e invitaron a conocidos chefs a compartir sus secretos culinarios.

José Luis Córdova

La historia de la televisión chilena ha ido pasando por ciclos, modas, malas imitaciones del extranjero y experiencias exitosas a nivel criollo. En los ´90, los matinales incorporaron a la escenografía una cocina e invitaron a participar, junto a los animadores del momento, a connotados chefs nacionales que mostraron sus creaciones culinarias para regocijo de los panelistas estables y diversión para la teleaudiencia que tuvo oportunidad de conocer platos exóticos, cocina fusión y otras novedades.

Coco Pacheco y Javier Pascual abrieron esta puerta a los chefs chilenos y siguieron Carlo von Mülenbruck, Christopher Carpentier y otros.  Posteriormente vino directamente una ola de programas  competitivos de cocina como Master Chefs (que hizo gozar de una efímera popularidad  a la estupenda Daniela Castro, Top Chef (con Pamela Fidalgo), donde alternaron destacados chefs internacionales como Ennio Carota, Yan Ivin, Ciro Watanabe, Sergi Arola.

El ansiado “minuto de fama” tuvieron ganadores como el operador de parquímetros Fary García y varias ilustras dueñas de casa que a estas alturas volvieron a sus quehaceres habituales.

Actualmente, se emite por Chilevisión el programa La Divina Comida, donde comparten personajes de la farándula, el teatro, políticos, animadores de TV, modelos y otros invitados. Todos se van alternando en invitaciones a sus residencias privadas donde intentan lucirse preparando sus platos preferidos para que los comensales los critiquen con o sin mayor conocimiento del tema culinario.

Uno de los últimos aciertos fue la presencia de la diputada Camila Vallejo que -como en todas sus apariciones públicas- provoca revuelo, con entusiastas partidarios y uno que otro insolente que se expresa anónimamente por redes sociales. En todo caso la parlamentaria expresó posteriormente que lo había pasado increíble. Una nota al margen: Camila confesó que había preparado todo sola en su cocina, a diferencia de otros invitados que se asesoran por profesionales o adquieren productos semi preparados para la cena.

Un divertimento que depende casi exclusivamente de los protagonistas en cada capítulo, ni siquiera cuenta la calidad de la comida y que nos hace olvidar definitivamente la tristemente célebre “cocina de Zaldívar”.