Un profundo silencio de los candidatos acompaña temas como el aborto, igualdad de derechos para la comunidad LGBTI, identidad transgénero (…).

Magda Coss

Periodista y escritora

No deja de llamar la atención que, en pleno 2018, los temas que han marcado la agenda y el debate cultural en todo el mundo durante los últimos años, estén en el total abandono. Temas complejos sin duda, pero vigentes en la sociedad mexicana: aborto, igualdad de derechos para la comunidad LGBTI, identidad transgénero, legalización de la marihuana…  Un profundo silencio de los candidatos acompaña estos temas; y cuando no es silencio, es ambigüedad, evasiva o mensajes cruzados. La equidad de género la mencionan en el discurso, siempre ligado al tema de apoyos para madres, como si la responsabilidad de los hijos fuera solo de las mujeres, restándoles a este grupo la igualdad de oportunidades en otros ámbitos.

La “agenda social” de los candidatos

Andrés Manuel López Obrador, de la coalición Juntos Haremos Historia y hasta ahora el puntero en las encuestas, ha manifestado que llevará el tema del aborto a una consulta popular, pero no ha expresado una postura definida ni sobre esto ni sobre las bodas entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental o la marihuana. Pero sí ha demostrado qué tan relevante le parece. En 2015 declaró que “lo fundamental es la honestidad, eso (legalizar el aborto y los matrimonios gay), con todo respeto y autenticidad, lo considero como algo no tan importante”.

En su plataforma de campaña 2018 el feminicidio está ausente, y sólo se menciona una vez el término ‘género’ (en 415 páginas); no hay evocación alguna de los derechos LGBTI. Cuando ha sido consultado al respecto siempre ha evadido el tema, en general prometiendo hacer una consulta pública sobre estos derechos: “No vamos a tomar una decisión ni a favor ni en contra, no quiero ofender a nadie, vamos a proceder siempre consultando”. Esa postura ha levantado molestia en sectores de izquierda progresista, ya que los derechos no se consultan: se garantizan.

¿Alguien hoy piensa que el derecho a voto de la mujer debió haber sido “consultado democráticamente” a los hombres?  Mandar a consulta los derechos de un sector o comunidad es partir del supuesto de que son derechos ‘opcionales’, y que la sociedad se puede dar el lujo de ‘no estar lista’ para garantizarlos.

Mientras tanto, el candidato del PRI, José Antonio Meade, sí presenta una propuesta de género relativamente elaborada, pero él mismo cayó en los estereotipos clásicos al hablar de violencia: “A la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa”, dijo. Nuevamente subrayó el papel de las mujeres en su función de madres y después despertó dudas en su compromiso con la ampliación de derechos, luego de que se negara a tomarse una foto con la bandera arcoíris como se lo propusieron activistas LGBTI en Nuevo León.

 Ricardo Anaya es un caso especialmente emblemático de un manejo misterioso de posturas políticas progresistas. El candidato del conservador PAN, en alianza con el socialdemócrata y progresista PRD –el partido que, mal que bien, legalizó el aborto en la Ciudad de México y dio luz verde al matrimonio igualitario– ha evitado hablar abiertamente de estos asuntos. Lo que es evidente es que en el proyecto de la coalición Por México al Frente, los panistas convencieron al sol azteca para dejar fuera su agenda.

Los independientes no van mucho mejor. Margarita Zavala lo confirmó: ella será la candidata de los valores. Históricamente, de ideología conservadora, su postura frente a la interrupción legal del embarazo es de rechazo, al igual que la regulación de la marihuana. Sin embargo, expresó que no permitiría que las mujeres fueran a la cárcel por un aborto y señaló que no necesitaba opinar sobre un asunto que ya está legislado, apegandose así a lo emitido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación para definir su postura de apoyo al matrimonio igualitario.

De Jaime Rodríguez Calderón “el Bronco” no tiene caso ni del que hablar. Ha comparado a su mujer con su caballo.

El más rezagado en las encuestas es el único que ha abrazado estos temas: Armando Ríos Peter. Se ha señalado explícitamente a favor de legalizar la marihuana, la defensa del matrimonio igualitario y del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Sus bajas posibilidades de ganar pueden desanimar a darle su voto a los grupos de izquierda y de defensa de derechos humanos que no encontrarán representación de sus ideas en ninguno de los otros candidatos.

El voto nulo y el abstencionismo

Así, la idea de votar nulo o no votar ha crecido en los grupos que defienden la agenda de derechos y el avance de estas causas. Sin embargo, tanto el voto nulo como el abstencionismo siempre benefician a los partidos más grandes, ya que no son tomados en cuenta en el cómputo final. Un voto nulo podríamos creer los ciudadanos que es un mensaje de protesta, pero termina fortaleciendo al ganador: esto, porque la distribución de diputados y senadores plurinominales excluye el elemento nulo, por lo que solo se cuentan los “válidamente emitidos”.

El abstencionismo, por su parte, no dice nada, mas que el desencanto de la población con los partidos. Cada elección se habla del repudio de la sociedad con los políticos y lo nocivo que es dejar que otros decidan por uno. Pero para la clase política el abstencionismo es, en realidad, una ayuda: menos votos hacen que los “votos organizados” o corporativos cuenten más.

Entonces lo que queda es conformarse; votar por la opción que esté menos en contra de las visiones progresistas. Una opción para decidir es la construcción de contrapesos políticos. El voto dividido entre opciones presidenciales y legislativas puede contribuir a establecer una tensión discursiva que permita estar abordando estos temas y promoviendo su lugar en la agenda social. Al mismo tiempo, será responsabilidad de estos sectores progresistas seguir desafiando, empujando y sensibilizando a la sociedad y evitar que se pierdan los avances conquistados.