Clara Zetkin propuso que el 8 de marzo fuese declarado Día Internacional de la Mujer, para que cada año las mujeres en el mundo rindieran homenaje a las 129 obreras mártires.

Iván Ljubetic. Historiador. El 8 de marzo de 1857. La fábrica textil “Cotton”  de Nueva York,  estaba ocupada por sus trabajadoras, que habían declarado una huelga. Todas ellas, 129, murieron  horriblemente quemadas.

Jamás la “Justicia” estadounidense aclaró el origen del siniestro.

Los días 26 y 27 de agosto de 1910 se realizó en Copenhague (Dinamarca) el Primer Congreso Mundial de Mujeres Socialistas. En ese evento la dirigente revolucionaria Clara Zetkin, una maestra alemana que dedicó toda su vida al movimiento femenino, propuso que el 8 de marzo fuese declarado Día Internacional de la Mujer, como una forma de que cada año las mujeres de todo el mundo rindieran homenaje a las 129 obreras mártires, que murieron defendiendo sus derechos.

Los actos  del Día Internacional de la Mujer se generalizaron en toda la tierra a partir de 1921.

En Chile se conmemoró por primera vez el 8 de marzo de 1936. El homenaje fue organizado por  el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer  Chilena, MENCH, que se había fundado el 11 de mayo de 1935.

En el MENCH  participaban, entre otras, María Marchant, profesora de inglés, dirigente del magisterio y regidora de la Comuna de Ñuñoa,  Olga Poblete, catedrática de historia, dirigente del profesorado y una personalidad mundial de la lucha por la Paz. También destacaron en el MENCH,  Elena Caffarena, Marta Vergara, Armanda Peroti, Aída Yávar.

El 29 de octubre de 1944, bajo la presidencia de la educadora Amanda Labarca, se  inauguró en Santiago el Primer Congreso Nacional de Mujeres en el salón de honor de la Universidad de Chile. En él surgió la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, FECHIF.

Los actos del Día Internacional de la Mujer siempre han sido importantes. Pero hubo uno que tuvo especial significado. Fue  el caupolicanazo de las mujeres del 8 de marzo de 1978, en plena dictadura de Pinochet. Fue un acto unitario y combativo. El más grande efectuado por mujeres hasta esa fecha en Chile. Y en él hubo una nota  emotiva: actuó por primera vez el conjunto folklórico de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. A última hora la dictadura intentó impedir su realización, pero la decisión y firmeza de las mujeres que estaban a su cabeza sacaron la concentración adelante.