El Festival Internacional de la Canción de Viña del mar cumple 58 años. Con el tiempo, el evento se ha limitado a la transmisión de un largo programa televisivo.

José Luis Córdova

El 21 de febrero de 1960 en la Quinta Vargara se alzó por primera vez el telón de lo que sería con el paso del tiempo el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar que este año cumple su versión número 58. Esa un complemento a la Feria de Artes Plásticas que se desarrollaba todos los veranos en la Ciudad Jardín.

En un modesto entarimado, el popular locutor y promotor de artistas, Ricardo García condujo el espectáculo, que solo fue transmitido ocasionalmente por algunas radios en sus noticiarios. Entonces se recibieron 92 canciones, seis de las cuales fueron seleccionadas por un jurado que integraron, entre otros, el músico Luis Sigal, el regidor Tomás Eastman y Nina Anguita, presidenta de Pro Arte.

Desde entonces, fue creciendo en importancia e interés. Ya en los ´70, durante el gobierno de Salvador Allende, artistas progresistas como Julio Zegers lograron figuración con temas como “Canción a Magdalena”, el animador habitual César Antonio Santis fue reemplazado, entre otros por el conductor radial Alejandro Chávez y se iniciaron las transmisiones por televisión.

En el verano del 73, triunfó nuevamente Julio Zegers con “Los pasajeros”, se hizo un homenaje al cantautor nacional Rolando alarcón -que había fallecido recientemente-  y Miriam Makeba realizó un saludo al presidente Allende y a la “revolución chilena” que exacerbó los ánimos de la oposición contra el gobierno constitucional.

Tras el golpe de Estado de septiembre del ´73, la dictadura comenzó a utilizar publicitariamente el Festival, con actuaciones como la de Bigote Arrocet, cantando a la “libertad” y besando suelo chileno, así como suprimiendo la competencia folclórica por varios años, para impedir “mensajes políticos”.

Se incorporó a la animación Antonio Vodanovic y la alcaldesa de Viña del Mar,  designada por la dictadura, María Eugenia Garrido se convirtió en “estrella” en cada festival siguiente, sin que faltara en cada jornada la presencia del dictador Pinochet, aplaudido por sus seguidores.

Ya en los ´80, el festival se transformó en una incomodidad para el régimen, con actuaciones del “Puma” Rodríguez, pidiendo que se “escuche la voz del pueblo” o de artistas que exigían respeto por la vida de sus colegas chilenos amenazados de muerte por los servicios de seguridad de la tiranía pinochetista.

Con los años, el Festival se limitó a la transmisión de un largo programa televisivo, primero por TVN, un tiempo por CHV, después por Canal 13 y TVN en conjunto, para terminar con CHV como es hasta nuestros días.

Los especialistas destacan que no haya trascendido ninguna de las canciones ganadoras al acervo musical nacional, ni menos internacional -salvo escasas excepciones- y que la competencia sea, finalmente, un complemento del show y, en general, un programa televisivo donde prima el interés por la publicidad, las marcas comerciales y el rating más que la calidad. De la Gaviota, pasando por la Antorcha, la calidad sigue ausente.