La mayor tajada producida por el litio chileno, se la están llevando consorcios privados y trasnacionales.

Editorial. El Siglo. Por desgracia, a nivel masivo, no hay conciencia real en el país sobre lo que está ocurriendo con el litio, riqueza natural y estratégica de Chile.

Ni más ni menos, en esa materia prima radica la posibilidad de un modelo de desarrollo eficaz y soberano, y la generación de recursos -financieros, empleos, ventajas comparativas en exportaciones-, en beneficio de la población de nuestro país.

Pero la mayoría de la gente no tiene idea de lo que pasa y en torno del litio se instaló una matriz desinformativa.

No se tiene claridad, realmente, de lo que se puede hacer con ese mineral, de cómo contribuiría tenerlo en manos del sector público -como recurso natural de todos los chilenos- para avances sustanciales en Chile, de cómo se alentarían otras industrias nacionales y se generarían ganancias en beneficio del pueblo y de derechos sociales.

En ese marco, se produjo un acuerdo entre la estatal Corfo y la privada Soquimich (SQM), que refuerza el control, producción y lucro del sector privado, con limitados beneficios para el país, como el que se asigne financiamiento acotado a una región y a ciertas investigaciones científicas, en contraste con las multimillonarias ganancias del grupo empresarial. A eso se suman otros convenios con empresas extranjeras. En definitiva, la mayor tajada producida por el litio chileno, se la están llevando consorcios privados y trasnacionales. Lo acordado por Corfo y SQM -por cierto, bien a espaldas de la sociedad chilena y sin considerar a actores que deberían ser parte de esos procesos de “negociaciones” y definiciones- contribuye a la privatización y trasnacionalización de los recursos naturales y estratégicos del país.

La opinión pública no debería pasar por alto que, además, el litio chileno lo explotará con más ventaja, una empresa como SQM, privatizada por Augusto Pinochet, manejada antojadiza e irregularmente por el yerno del dictador y otros empresarios conservadores y cómplices de malas prácticas, puesta en tela de juicio por financiamiento ilegal de campañas electorales y entrega fraudulenta de dineros a políticos, violación de contratos y caracterizada por continuas trampas para vulnerar al Fisco. Habría que ver qué estándares de credibilidad y responsabilidad social está cumpliendo SQM, a quien ahora el Estado, a través de Corfo, le concede más garantías y beneficios.

No es menor que la información sobre lo ocurrido, encontró escasos espacios en medios de prensa, en la continuidad de desinformación al pueblo respecto a cuestiones trascendentales para su futuro como lo es la producción y destino del litio.

Por desgracia, la pasividad y falta de iniciativa llega a sectores progresistas y de izquierda, que parecen ajenos a esta situación, salvo excepciones de esfuerzos de partidos en el Parlamento y la iniciativa extendida por todo el país a través del Movimiento Litio para Chile.

Ni hablar de la derecha, que ve con buenos ojos la privatización de los recursos naturales y si hoy apoya que el litio esté en manos de SQM, antes apoyó la privatización del agua, la luz, el cobre y la pesca.

Lo que se abre es un camino de batalla y gestiones en ámbitos sociales, sindicales, parlamentarios, políticos y comunicacionales para informar y denunciar todo este cuadro negativo respecto a la explotación del litio. Luego, para exigir una fiscalización y transparencia permanente respecto a SQM, el cumplimiento de convenios, los niveles de ganancias y su real funcionamiento.

Y no detener los esfuerzos por recuperar esta riqueza de todos los chilenos, crear una empresa nacional y trabajar para que las materias primas originadas en la tierra chilena, sirvan para el beneficio del país, del pueblo, y no de grupos financieros locales y extranjeros.