Desde lo político, creemos que uno de las prioridades del Gobierno de Piñera será dar un marco de gobernabilidad que le permita proyectar su administración a lo menos a 8 años.

Claudio Rodríguez

Trabajador Social

Hay varias señales que dan cuenta de una mirada prioritaria al Ministerio de Desarrollo Social -MDS- por parte del nuevo Gobierno que asumirá el 11 de marzo. Es importante, por tanto, poder buscar explicaciones que permitan sacar algunas conclusiones preliminares para el rol de la oposición en los próximos 4 años.

En efecto, desde notas editoriales de El Mercurio hasta la solicitud del presidente electo de conocer el estado del arte del MDS -siendo uno de los 7 ministerios convocados para reunirse con él la misma semana de la elección- dan señales de la relevancia que puede tener para la derecha esta cartera ministerial. La pregunta es qué motivaciones explican esta situación y qué proyecciones tiene.

Desde lo político, creemos que uno de las prioridades del Gobierno de Piñera será dar un marco de gobernabilidad que le permita proyectar su administración a lo menos a 8 años mediante un  segundo mandato de la derecha, de forma de consolidar políticas y su modelo de desarrollo, cuestión que en el corto plazo (4 años actualmente) se hace insuficiente. Para ello, un aprendizaje de su primer mandato es que el desborde social provocado por las movilizaciones estudiantiles del 2011, así como los distintos movimientos territoriales de alcance regional e impacto mediático nacional (Aysén, Freirina, entre otros), dificultaron la gestión política, así como deslegitimaron su relación con la ciudadanía y mundo social.

En este marco, atender con especial atención el mundo social aparece como una necesidad política de primer orden, considerando la diversidad de actores y organizaciones con las que se establece relación desde el MDS. Si a ello le sumamos que el movimiento social, en el ámbito estudiantil como de las pensiones, será una trinchera difícil de traspasar, el tener una agenda amplia y conectada con otros actores permitirá contrarrestar el desgaste que sin duda sufrirá el Gobierno de derecha en el ámbito de la defensa de los derechos sociales que aglutinará a buena parte de la oposición.

El carácter subsidiario de la política pública y la mirada focalizada de ésta, así como su preferencia por el mundo popular asociado a una “derecha social”, será una clave para consolidar una lógica relacional que sea funcional a un modelo de política pública que se relacione de forma coherente con una sociedad anclada en el mercado como centro del desarrollo. En ello, será también un espacio de contención a las políticas con enfoque de derechos y sentido o proyección garantista que ha venido desarrollándose en el último lustro, y que han dado cuenta de la necesidad de un nuevo orden institucional (Estado social de derechos) para hacer realidad una sociedad más justa e inclusiva.

En este contexto, la relación Estado-sociedad civil será de alta importancia para dar gobernabilidad al mandato de Piñera, siendo el MDS una plataforma clave para ello, ante la ausencia de puentes naturales del nuevo Gobierno con el movimiento social.

Será, a su vez, un espacio para visibilizar a esa “mayoría silenciosa” que dio cuerpo a su relato para deslegitimar el rol de los movimientos sociales que dio impulso a las políticas y reformas de la administración de la Presidenta Michelle Bachelet. Será un espacio donde en definitiva la derecha muestre su vocación social, asimile ciertos discursos, políticas y programas en torno a los derechos sociales que han ganado terreno en nuestra cultura ciudadana, pero siendo funcional al statu quo neoliberal subsidiario.

En este marco, el rol de la oposición debiera ser la defensa de las conquistas sociales logradas en el Gobierno, así como poner en agenda los temas pendientes en relación a una sociedad que valora los avances logrados en derechos sociales.

Ello requerirá de un diálogo abierto en el mundo de la oposición, así como una vocación de amplitud y unidad que reconozca y se construya a partir de aquellos elementos constitutivos del nuevo ciclo de la política chilena pos transicional.