Fernanda Otero, periodista de la UC, volvió a convertirse en asesora comunicacional VIP para un Gobierno de la derecha.

Hugo Guzmán

Periodista

Fernanda Otero, periodista de la UC, volvió a convertirse en asesora comunicacional VIP para un Gobierno de la derecha.

Dio un taller de comunicación política o de trabajo/metodología comunicacional gubernamental al presidente electo y a todas y todos sus ministros.

No es circunstancial ni gratuito que haya sido la primera actividad de trabajo del Gabinete de la administración conservadora que asume el 11 de marzo. Quedó clara la importancia que se le sigue dando en la derecha al tema de las comunicaciones…ojalá bien definidas y bien ejecutadas.

Algunos se mofaron del taller y hablaron despectivamente de un usual coaching (Michelle Bachelet hizo uno muy comentado al inicio de su primer Gobierno en un lugar playero), pero más vale poner atención cuando un equipo de ministros, con un presidente a la cabecera, realiza estas actividades.

Ahí suele hablarse de formas…y de fondo. Se establecen premisas que podrán ser importantes a la hora de las vocerías, de los discursos, de los gestos y señales, de cuidar el ya famoso “fuego amigo”, del manejo y difusión u omisión de información, del establecimiento de sellos o improntas, de establecer formatos y tonos en la difusión gubernamental.

Lo anterior es importante para instalar ideas, percepciones y convicciones desde el Gobierno. Y la derecha lo quiere hacer bien.

De hecho, hubo versiones de prensa en cuanto a que en el taller, el propio Sebastián Piñera habló de saber transmitir ideas y gestión, evitar “errores comunicacionales”, no exponer diferencias internas, saber usar los medios y las redes sociales, buscar cercanía comunicacional con la opinión pública.

Es totalmente cierto que una mala política no se logra corregir con una buena comunicación. Pero una mala comunicación puede echar a perder una buena política. Hay ejemplos recientes.

También hay caminos comunicacionales que, conscientemente, llevan a esconder, distorsionar y camuflar malas políticas, y esa es otra historia. Eso se puede tener en cuenta. Total, en los tiempos de la posverdad, de países desarrollados que luchan contra las “falsas noticias” en las redes, de la “construcción de realidades” e instalación de percepciones, de oligopolios y uniformidad en medios de prensa (que es la realidad que marca a Chile) y de uso del “terrorismo mediático” y del “miedo social”, es factible pensar cómo puede llegar a actuar la política comunicacional de un Gobierno.

Hay ejemplos a la mano de las vocerías y los formatos que están usando las y los futuros ministros. Lo que no quiere decir que necesariamente Fernanda Otero se los haya indicado.

En estos días, personeros como Andrés Chadwick y Cecilia Pérez, han recurrido a los conceptos de “unidad”, “trabajo”, “compromiso con Chile”, a “ser tolerantes”, dejar de lado peleas, para responder a las críticas que se hacen a los nuevos ministros.

Es decir, no se contesta el cuestionamiento, sino que se le evade con otra fuerza/idea. Resultado: el que critica no está por la unidad, no quiere trabajar por Chile, promueve la confrontación y es intolerante.

Puede ser un camino que vaya a adoptar comunicacionalmente la derecha, y le pude dar resultado. Conviniendo que hay, además, otras estrategias en curso.

¿Están haciendo algún diseño de ese tipo los futuros opositores? ¿Hay algún esfuerzo por establecer una estrategia comunicacional? ¿Hay interés en analizar el impacto de la idea comunicacional de la derecha para que a los progresistas y fuerzas de izquierda no les vuelva a ocurrir lo de Chilezuela y otras malas percepciones de instalaciones comunicacionales que pensaban fracasadas? ¿O todo quedará sujeto a la espontaneidad, a las decisiones y salidas comunicacionales individuales, a acciones reactivas, a la creatividad o audacia de una u otro?

Quizá podría decirse que el nuevo ciclo político requiere de un nuevo ciclo comunicacional. Será más o menos importante, pero parece que cumple su rol la forma de asumir la información y las comunicaciones.

Por algo se habla de que “hubo una derrota cultural”, o que “falta pedagogía política”, “saber comunicar lo que hacemos”.

En ese marco, quizá no haya que subestimar ese encuentro de Piñera y sus ministros con Fernanda Otero en la sede del Congreso en Santiago. Cuando el río suena, piedras trae.