Este es otro escándalo que pone en evidencia a la derecha, a los empresarios, a los organismos financieros internacionales.

Editorial. El Siglo. Durante los cuatro años de la gestión de Michelle Bachelet, el gremio empresarial, los dirigentes de la derecha política y los medios de prensa conservadores, se empeñaron en establecer que el país se caía a pedazos, que las reformas golpeaban a la economía, que Chile no crecía por las políticas del Gobierno y que ciertos datos inhibían la inversión y competitividad del sector privado.

Fue una construcción mediática planificada en la utilización de las tesis de generar el “miedo social”, percepciones negativas e imágenes desestabilizadoras en la opinión pública.

Paradójicamente, los sectores ideológicos conservadores suelen mostrarse como los protectores de la institucionalidad, la estabilidad y el patriotismo, pero históricamente cuando ven afectados sus niveles de ganancias o intereses financieros, actúan en sentido totalmente contrario.

La información conocida de que el Banco Mundial alteró el índice de competitividad empresarial de Chile, mostrando una baja precisamente durante la administración de la Presidenta Bachelet -lo que en su momento fue aprovechado política y comunicacionalmente por el ahora presidente electo y la derecha- va en el camino de esa campaña, sino operación, por desacreditar a un Gobierno con falsedades y engañar al país.

Desde la derecha y el mundo financiero y empresarial, se omitió el efecto de la baja del precio del dólar, los problemas en la economía de China que incidían en nuestro país, las dificultades en las economías europeas, y la decisión de consorcios privados de detener inversiones, pese a la continuidad de ganancias de la industria de las Isapres y AFP, de la banca chilena, de la Bolsa de Valores y otros sectores del mundo de los negocios.

La información respecto a la alteración efectuada por un equipo del Banco Mundial respecto a Chile -traducido en beneficiar a Sebastián Piñera y golpear a Michelle Bachelet- es otro episodio más de las guerras económicas y mediáticas que organismos financieros internacionales, la derecha política, el gran empresariado y poderes fácticos financieros y comunicacionales desarrollan contra gobiernos progresistas y de izquierda.

No se trata de paranoias ni inventos de falsas conspiraciones, sino de hechos constatables respecto a cuestiones de extrema gravedad que dañan a un país y generan un ambiente hostil y distorsionado respecto a un Gobierno democrático.

Este es otro escándalo que pone en evidencia a la derecha, a los empresarios, a los organismos financieros internacionales y, sin duda, al Presidente electo. No se trata de una escaramuza menor o de detectar vinculaciones directas con el engaño, sino de métodos y situaciones que, innegablemente, tiene que ver con las prácticas de este sector político, de las cuales se debería dar cuenta.

Más sensible es todo esto, si se observa que la economía chilena está creciendo, mejoraron las condiciones por alza en el precio del cobre y el sector empresarial anuncia millonarias inversiones, dando cuenta de que con el Gobierno de Michelle Bachelet no existía ningún caos ni contexto negativo.

Se reitera la atención que debe colocar la ciudadanía cuando la derecha y los voceros empresariales empiezan con sus cantos desestabilizadores y engañosos, cuando se empiezan a instalar percepciones que son construcciones de realidades y ocultamiento de la verdad y la realidad. Hoy, la credibilidad del Banco Mundial debe quedar en entredicho en Chile y, de paso, de otras instituciones como el Fondo Monetario Internacional.

Por lo demás, si bien sería aventurado asegurar que la elección presidencial se perdió por hechos como el engaño del BM aprovechado por Piñera y la derecha, claramente que discursos tergiversadores y alarmantes sobre el estado de la economía en el país influyeron en una parte del electorado. Eso no es jugar limpio en democracia y devela la recurrencia a mañas deshonestas.