Migración, pueblos originarios, abusos sexuales, pobreza masiva y enriquecimiento de unos pocos, derechos de la mujer, diversidad sexual y agresiones a la niñez.

Hugo Guzmán. Periodista. Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco), es indiscutiblemente el líder de la Iglesia Católica, entidad a la que adhieren más de mil 200 millones de personas en todo el mundo. También es el jefe de Estado del Vaticano, institución que, como tal, maneja asuntos de política exterior, fija posicionamientos políticos, tiene una mirada de temas sociales y legislativos y maneja una institucionalidad interna dotada de varios organismos.

En esa calidad llegará en estos días a Chile el Sumo Pontífice; como líder religioso y como jefe de Estado. Y seguramente en esas dimensiones de su representación, serán los mensajes que entregue y la forma que enfrente situaciones claves de su estada en el país.

Dada la situación de la Iglesia Católica -en el mundo y en Chile- y los problemas que aquejan a la sociedad chilena, será inevitable que se instalen puntos controversiales y tensos en la visita papal. No todo será fe, rezos, ornamentación, palabras de buena crianza, gestos y actos multitudinarios de expresión religiosa.

El Papa Francisco en los cuatro días que estará en territorio chileno -peregrinará por Santiago, Temuco e Iquique- estará marcado por una agenda delicada que incluye temas como casi el centenar de denuncias, investigaciones y procesamientos por abusos sexuales cometidos por prelados de su Iglesia; el fenómeno de la migración; los derechos de la mujer y derechos ciudadanos de la diversidad sexual; el maltrato y el abuso hacia la niñez; la pobreza y las consecuencias de un  modelo económico hegemonizado por el mercado con sus variados efectos nocivos; y nuevos paradigmas y motivaciones de una juventud que no es la que le tocó ver al Papa Juan Pablo II cuando vino en 1987, en plena dictadura.

Hay otros puntos que están en una especie de incertidumbre polémica, como si el jefe del Vaticano hará alguna referencia -como lo ha hecho antes- a la demanda boliviana de salida soberana al mar, cómo abordará la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios, si defenderá el papel de activistas sociales como lo hizo con Milagro Sala, detenida por el Gobierno de Mauricio Macri en Argentina, y se esbozará de nueva cuenta su cuestionamiento al sistema de mercado y excluyente que prevalece en Chile y otros países.

Factor Bachelet y Piñera

Es conocido que la jerarquía de la Iglesia Católica en Chile rechazó nuevas leyes y normativas que otorgan derechos a la mujer y a ciudadanos de la diversidad sexual.

No es menor que frente a esos temas, una postura del Santo Padre choque con proyectos promovidos y logrados por el Gobierno de Michelle Bachelet, como la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales y el matrimonio igualitario. Tampoco pasa desapercibido que su visita produjo una suerte de censura legislativa en el Parlamento, cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Fidel Espinoza, decidió posponer la discusión de la iniciativa de identidad de género, para no molestar o interferir en la agenda papal; eso desató una polémica legislativa y política, donde se llegó a reivindicar el carácter laico del Estado chileno.

En este aspecto puede ocurrir una situación complicada, porque según analistas y notas periodísticas, el presidente electo, Sebastián Piñera, y personeros de la derecha, pueden utilizar los posicionamientos del Papa Francisco para llevar leña a su hoguera y reivindicar las políticas conservadoras, avaladas ahora por el jefe de la Iglesia, y contraponerlas a la Presidenta Bachelet y fuerzas políticas progresistas y de izquierda.

Es altamente probable que en el discurso del Santo Padre exista una referencia a fortalecer la familia, mantener el matrimonio entre un hombre y una mujer, condenar el aborto, que son lineamientos que defiende la derecha en este país.

Se prevé que, a través de los medios de prensa y de manera sutil, se quiere instalar una polémica respecto a si ganará Michelle Bachelet o Sebastián Piñera con la visita del jefe del Vaticano.

Sistema y pobreza

Un hecho destacado por la prensa puso en evidencia una mirada en torno de la llegada al país del líder católico. El mural instalado en Villa Francia, una zona emblemática en luchas populares, contra la represión y el sistema prevaleciente en Chile. La pintura contiene frases de Jorge Mario Bergoglio como “la economía de mercado mata y excluye”, en tácita referencia al sistema económico neoliberal, y “salgan a las calles, hagan una sociedad más justa, fraterna y compasiva”, en implícito llamado a la movilización social y ciudadana.

Precisamente en un mensaje enviado a los chilenos días antes de su partida hacia el país, el Papa Francisco hizo alusión a quienes son marginados de este sistema -sobre todo los indigentes y pobres- llamando a entregar amor “hacia aquellos que están descartados de la sociedad”. El jefe del Vaticano enfatizó: “Esta cultura del descarte cada vez nos ha invadido más”.

Luego, indicó que “la paz se sostiene en la justicia, y nos permite encontrar instancias de comunión y armonía”. El prelado ha insistido en la necesidad de desarrollar la fraternidad y la solidaridad ante el fenómeno de la pobreza estructural.

Hay que recordar que en la Primera Jornada Mundial de los Pobres, Francisco dijo en tono cuestionador: “Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana”.

Precisamente, el Santo Padre llegará a un país que tiene una de las peores redistribuciones del ingreso, donde el 1% de la población se lleva el 30% de la riqueza, donde casi el 60% de la población trabajadora gana menos de 500 mil pesos, y con distorsiones respecto a la realidad socioeconómica de cientos de miles de familias, sobre todo en regiones.

Quién sabe si estando en Chile, el Papa Francisco recuerde o reitere conceptos vertidos antes, cuando afirmó que “la pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada”.

En Chile unas diez familias tienen las fortunas más grandes, arriba de los dos mil millones de dólares, en contraste con la situación de millones de personas. En esa línea, el jefe de la Iglesia Católica sostuvo que “mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados”.

En este marco, es previsible que el dignatario haga alguna alusión a los cuestionamientos del gasto ejercido para su visita, de alrededor de 10 mil millones de pesos, de los cuales 4 mil millones los pondrá la Iglesia y el resto el Estado. Esas cifras fueron cuestionadas duramente durante estos días.

En este marco, en entrevista con La Tercera, el sacerdote Mariano Puga, sostuvo que “soy crítico de la preparación que se ha hecho, porque ha sido a espaldas del pueblo…La gran falla de la organización es que no ha dado a conocer quién es este Papa, qué piensa frente a los pobres, qué piensa de los pastores, del sistema económico”.

Abusos y conflictos

El Papa, como le ocurre en muchos otros países, tendrá mucha presión en relación a las decenas de casos de abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes y otros prelados de la jerarquía católica. Hay investigaciones y procesamientos por pedofilia, estrupo, violación, acciones de connotación sexual, maltrato físico y psicológico, abuso de autoridad, cometidos en varias entidades de la Iglesia Católica.

Francisco se enfrentará no solo a casos ya ventilados hace tiempo, sino a situaciones específicas y nuevas, como los casos de abuso sexual cometidos por varios religiosos católicos contra muchos menores de edad en la Congregación de Hermanos Maristas, y a la continua exigencia de ciudadanos católicos de que se prive del cargo de Obispo de Osorno a Juan Barros, a quien se acusa documentadamente de guardar silencio y sostener una actitud de omisión y protección ante el cura Fernando Karadima, acusado de abusar de menores de edad.

En otras giras, el Sumo Pontífice tuvo que asumir los costos de situaciones análogas y parece improbable que en esos cuatro días que estará en Chile no tenga palabras o gestos frente a esas situaciones, sobre todo para las víctimas.

En este marco hay que decir que en diversidad de análisis y reportes de prensa, se señala que la Iglesia Católica vive una situación difícil por la forma en que se comportó frente a esos hechos, por la actitud en cuanto a la pobreza y otros temas. En un sondeo de Latinobarómetro se señaló que solo el 36% de los chilenos confía en la Iglesia, y un reporte de la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica, señaló que la población que se considera católica, bajó de 66% a 59%.

Será de particular impacto lo que el Papa Francisco exprese en La Araucanía, punto neurálgico del tema de pueblos indígenas, con la realidad específica de las comunidades mapuches. Ahí hay casos de comuneros asesinados, una alta represión que incluye niños, retraso o anomalía en el proceso de devolución de tierras, ausencia de respeto a la cultura propia, procesamientos judiciales y una constante crítica al Estado por no abordar soluciones concretas a las demandas de los pueblos originarios.

Se sabe, por cierto, que empresarios, camioneros y personeros de derecha buscarán que el jefe del Vaticano hable de la quema de camiones, de las agresiones que ellos sufren, de la necesidad de “terminar con los ataque incendiarios”  y buscarán el aval papal.

Junto a eso, se sabe que en Chile el asunto de la migración está instalado, con la llegada de miles de ciudadanos principalmente de países de América Latina, pero también con situaciones particulares como la llegada de familias sirias. Hace tiempo que el jefe del Vaticano planteó que “durante mis primeros años de pontificado he manifestado en repetidas ocasiones cuánto me preocupa la triste situación de tantos emigrantes y refugiados que huyen de las guerras, de las persecuciones, de los desastres naturales y de la pobreza”.

Frente a manifestaciones de racismo, xenofobia y rechazo a los extranjeros que se está expresando cotidiana y extendidamente en Chile, y un proyecto de ley de migración altamente cuestionado, la palabra del Papa Francisco tendrá su gravitación.

Si bien habrá palabra evangelizadora, también se esperará una palabra más terrenal frente a una agenda nada fácil.

 

 

 

 

 

 

 

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