Si Kuczynski indultó a un criminal como Fujimori, Piñera tomará medidas a favor de represores presos por violaciones a los derechos humanos.

Editorial. El Siglo. Estaba funcionado el triángulo derechista y contra-transformador con Mauricio Macri en Argentina, Pedro Pablo Kuczynski en Perú y Michel Temer en Brasil. Ahora se sumó Sebastián Piñera en Chile, conformando un cuarteto conservador que hará alianzas para promover sus proyectos de corte neoliberal y regresivos y reforzar las agresiones a gobiernos progresistas, bolivarianos y socialistas de América Latina.

Otra característica de los cuatro mandatarios -y que al parecer no le inquieta a un sector del electorado de estos países- es que son magnates multimillonarios y que han estado indagados por causas de irregularidades en operaciones financieras y oscuros negocios, incluso por corrupción, sumándose a una ola de presidentes en todo el mundo que provienen del mundo empresarial y especulador, sujetos a investigaciones e incluso procesamientos judiciales.

No es casual que la mayoría de los presidentes de derecha en América Latina provienen de partidos ultraconservadores y anti-reformistas, y que sean connotados financistas, banqueros, especuladores financieros y parte de las fortunas más altas de la región.

Sin duda que con Piñera se refuerzan las posiciones de la derecha latinoamericana y ello se verá, seguramente, desde el inicio de su mandato. Todo hacer prever que se sumará a Macri, Kuczynski y Temer en la alianza intervencionista con el secretario general de la OEA, en la hostilidad a Venezuela, Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua, en el respaldo a la política exterior de Donald Trump, en la expansión de los modelos de libre comercio y el seguimiento a las políticas financieras y comerciales fijadas a nivel trasnacional y por organismos hegemónicos como el Fondo Monetario Internacional.

De paso, si Pedro Pablo Kuczynski indultó a un criminal como Alberto Fujimori, Sebastián Piñera seguro tomará medidas a favor de los represores presos por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.

En este cuadro hay que incluir a las administraciones de Colombia, Juan Manuel Santos, Enrique Peña Nieto en México, Horacio Cartes en Paraguay, y al cuestionado Juan Orlando Hernández, quien seguiría en el cargo presidencial de Honduras después de un proceso teñido por el fraude.

Es indudable que Piñera intentará contribuir a echar atrás y boicotear a los gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina, y a reforzar una correlación de fuerzas de la derecha continental. En eso será una primera señal a quien designe como Ministro de Relaciones Exteriores, que podría provenir de la ultraconservadora UDI o del sector empresarial, como fue en su gestión anterior.

Esto, por cierto, redobla la necesidad de que los sectores democráticos y de izquierda del país intensifiquen su labor en materia de política exterior y asuman posicionamientos claros en todo los espacios, para fiscalizar y estar atentos a la política exterior que instale la administración piñerista.

Es algo fundamental de asumir, después de una constatable debilidad y seguidilla de omisiones en esta materia de parte de fuerzas progresistas y de izquierda. De ello, por ejemplo, dio cuenta la ausencia de discurso de política exterior en la candidatura presidencial, tratándose de un tema que para este sector debe ser estratégico y no olvidado.

Si en materias de políticas públicas y ámbitos sociales se alerta sobre medidas regresivas y restrictivas del Gobierno de Piñera, también hay que incluir la muy probable línea de derecha dura en materia de política exterior, colocando a Chile en un rol deleznable.