En este verano ya se están viviendo los primeros pasos de lo que algunos definieron como un “nuevo ciclo político” que marcará la escena y el ritmo de la agenda nacional.

Hugo Guzmán. Periodista. Durante las semanas de este mes de enero, se producirán las reuniones de las instancias directivas de la Democracia Cristiana, los partidos Comunista, Socialista, Por la Democracia, Radical Socialdemócrata, algunos encuentros de dirigentes del Frente Amplio, y de dirigencias de Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente.

En varias de las colectividades del ahora oficialismo, se producirán cambios en los equipos directivos, que incluye el que asuman nuevos presidentes o presidentas de los partidos. Se supone que habrá debates concluyentes respecto a los motivos de la derrota política y electoral del 17 de diciembre y en relación al nuevo periodo político, marcado por la llegada de un Gobierno de la derecha. Las conclusiones deberían gravitar en los pasos a seguir.

También serán semanas de decisiones para el presidente electo, Sebastián Piñera, que en lo grueso podría avanzar en la conformación de su Gabinete ministerial que asumirá el 11 de marzo próximo, y definirá las primeras medidas de su administración.

Para los partidos de la derecha un objetivo de la coyuntura es reforzar la plataforma de despegue del nuevo Gobierno y en ello ordenar las representaciones partidarias, sin generar traumas, y concordando las primeras líneas de acción.

En el campo de la centroizquierda y la izquierda, un tema gravitante es el formato que adoptará la oposición al Gobierno de Piñera, que podría incluir o no la estructuración de un conglomerado, en un contexto donde ya muchos dijeron que la Nueva Mayoría se termina en marzo, y otros sostienen que más que pensar en una coalición, hay que establecer acuerdos concretos sobre objetivos precisos.

En esa línea van planteamientos reiterados como los del Partido Comunista, de avanzar en una unidad “desde la Democracia Cristiana hasta el Frente Amplio”, la idea de algunos personeros frenteamplistas de llegar a coordinaciones con partidos del ahora oficialismo, hasta expresiones de dirigentes de la DC y personajes como el Canciller, Heraldo Muñoz (PPD), de evitar o “reflexionar” sobre una alianza con los comunistas y el FA. De acuerdo a versiones de dirigentes de algunos partidos, hay fuerte presión de personeros políticos por restituir la fórmula de la Concertación por la Democracia, priorizando el eje DC-PS, en convenio con el PPD y el PRSD.

También se estarían dando pasos para definición de una agenda opositora precisa, relevando la defensa de las reformas y logros de la administración de la Presidenta Michelle Bachelet, y estableciendo por lo menos para el primer semestre -sobre todo en el ámbito legislativo- objetivos precisos a instalar. No hacerlo, presupone algún nivel de desorden y desacuerdo en lo que será la oposición a la administración de la derecha, y un dibujo de dispersión y actuaciones parceladas.

En la derecha se hacen esfuerzos por partir con un Gobierno ordenado, cuidando la coordinación y unidad que se presenta en general hasta estas semanas, y también instalando una agenda precisa para las directrices de La Moneda y las bancadas parlamentarias de RN, la UDI y Evópoli.

Lo de la agenda de la derecha no es menor, porque de la lectura de sus documentos, proyectos establecidos y vocerías de sus personeros, hay una pretensión de sacar de escena la agenda que, como sea, logró instalar Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría, de claro contenido social, reformista y democratizador. Si bien hasta la derecha, y el propio Piñera, tuvo que integrarse a la conversación instalada por el progresismo y la izquierda, al nivel de mimetizarse con discursos de reformas, existe la idea hoy de modificar ese formato y establecer nuevos temas, enfoques y proyectos que den un giro en la conversación de la sociedad.

Todos esos -y otros más- son factores que sitúan la contingencia en un punto de ajuste. De alguna manera, son semanas de balance, evaluaciones, definiciones y proyecciones. Claro que todo indica que el tiempo apremia y el hito del 11 de marzo -cuando asuma el nuevo mandatario y el nuevo Parlamento- dejará al descubierto quienes consiguieron ordenarse, coordinarse y definir una agenda para el periodo, y quienes llegaron con atrasos e indefiniciones.

Lo anterior, por cierto, no descarta que tanto en el oficialismo como en la oposición no habrá debates, pugnas y desacuerdos, propio de lo variopinto de la realidad en cada sector. Pero es distinto encarar esas situaciones en un marco de ordenamiento y convergencia, a hacerlo en una suerte de descampado, descoordinación y ausencia de acuerdos cruciales.

Lo ocurrido en la segunda vuelta electoral presidencial puede ser ejemplo de ello, donde claramente todos los sectores de la derecha comprendieron el valor estratégico de trabajar por una candidatura, mientras en la centroizquierda y la izquierda el afán de varios segmentos fue priorizar por miradas tácticas y particulares.

El ajuste de estas semanas, podría ser definitorio para las fortalezas o debilidades que presentes los distintos sectores políticos en lo que será, al parecer sin duda, el inicio de un nuevo ciclo político y la continuidad de una fuerte disputa por el proyecto país al que se aspira.