En un sistema democrático, lo importante no es la competencia entre determinados líderes, sino la opción que hace el electorado por ciertos valores políticos.

Juan Carlos Valdivia

Abogado

En las elecciones parlamentarias del 2017 se utilizó por primera vez el sistema proporcional, una de las importantes reformas democratizadoras del gobierno de la presidenta Bachelet. Los resultados dieron origen a algunas críticas, principalmente apuntadas a la elección de diputados. Se argumenta que algunos candidatos resultaron elegidos con escasa votación, debido a que habrían sido “arrastrados” por sus compañeros de lista en desmedro de otros más votados pertenecientes a algún pacto o partido distinto, lo que afectaría su legitimidad. Se da como ejemplo a los diputados elegidos con menos del dos por ciento de los votos: Juan Manuel Fuenzalida (UDI), Boris Barrera (PC), Natalia Castillo (RD), Gonzalo Winter (RD) y Karin Luck (RN). Como se puede ver, hay diputados de los distintos bloques políticos.

Para abordar el tema, antes que nada es preciso entender los propósitos de este nuevo mecanismo electoral, que consisten en obtener una relación directa entre el porcentaje de votos obtenido por un partido o un pacto y el porcentaje de cargos parlamentarios que le corresponden respecto del total de integrantes de la Cámara. Para ello, se establecen distritos que eligen entre tres y ocho diputados, según la población que comprendan. En un distrito, cada lista elegirá la cantidad de cargos que corresponda al porcentaje de votos que haya obtenido. Si la lista está compuesta por más de un partido, los cargos que correspondan a cada uno de ellos se determinarán según la proporción de votos que tenga en el total de la lista.

Así, este nuevo sistema no solo es sensible a las preferencias del elector respecto de candidatos individuales, sino que también atiende a sus preferencias ideológicas o programáticas. En un sistema democrático, lo importante no es la competencia entre determinados líderes, sino la opción que hace el electorado por ciertos valores políticos o líneas programáticas, en el marco de un debate libre e informado, con el fin de orientar la forma en que queremos vivir en sociedad. Por eso, cuando un votante apoya a un candidato, lo hace para que las ideas que éste defiende se hagan realidad, lo que requiere que también sean elegidos otros representantes de su misma orientación, de modo que se formen mayorías capaces de aprobar iniciativas en este sentido. Es decir, el elector, al votar por un candidato, a la vez está apoyando a la lista o al partido del que éste forma parte.

El sistema binominal no cumplía con ninguno de estos requerimientos. Por definición, impedía la elección de un candidato cuya lista hubiera obtenido la tercera votación, aunque hubiera conseguido un número significativo de votos. De este modo, en la práctica, promovía un empate eterno entre las dos primeras fuerzas, impidiendo cualquier cambio estructural, sobre todo en las normas que requieren para su aprobación o reforma quórums especiales, como ocurre con las leyes orgánicas constitucionales, erigidas por la dictadura como guardianas del sistema neo liberal. Por lo demás, cuando un candidato obtenía una gran votación personal, podía “arrastrar” a su compañero de lista, tal como se critica al nuevo sistema.

El sistema proporcional, en cambio, asegura que todas las listas que hayan tenido un número importante de votos obtengan cargos, aunque no hayan quedado en primer o segundo lugar, con lo que se promueve que la distribución ideológica del parlamento se corresponda con la distribución ideológica del electorado.

Entonces, para entender la elección de los diputados con bajos porcentajes personales, se debe considerar que fueron integrantes de listas que obtuvieron un importante apoyo electoral, sobre la base de las ideas que promovieron tanto ellos como sus compañeros de lista o partido.

En conclusión, considerando la lógica del sistema, se comprende que no hay candidatos “arrastrados”, sino listas o partidos que, por decisión del electorado, obtienen más de un cargo, lo que otorga la misma legitimidad a todos los que han resultado elegidos por esta vía. Sin perjuicio de los perfeccionamientos que se puedan estudiar en el futuro, este nuevo sistema ha sido un avance y permite que los ciudadanos estén mejor representados en nuestro parlamento, de acuerdo con sus preferencias por los candidatos y por las distintas tendencias políticas a las que adscriben.