Sí existen espacios y temas que permiten acuerdos de un enorme arco progresista y de izquierda.

Editorial. El Siglo. Estaría bueno que terminara el “fuego amigo”, las controversias estériles, las frases descalificadoras, las miradas de corto alcance, para dar paso en el campo progresista y de izquierda a formulaciones y decisiones a partir de la generosidad, la inteligencia, la voluntad y la real disposición a construir respuestas y acuerdos que permitan encarar de la mejor manera el periodo político abierto.

No se trata de fórmulas rígidas, de balances paralizantes, de vueltas al pasado, sino de mirar al futuro con sentido creativo y realista, donde los sectores que aspiran a transformaciones sociales, económicas, políticas, medioambientales y de reforzamiento de derechos ciudadanos, puedan trabajar de manera mancomunada, estableciendo una base de objetivos precisos y, a partir de aquello, tomar acuerdos concretos.

Apuntar a vetos de fuerzas o empezar con fórmulas de restitución  o regresivas, cierra las opciones de mirada hacia adelante, sin dar cuenta del nuevo periodo abierto en el país. Es dispararle a acuerdos amplios y macizos que generen una correlación de fuerzas necesaria para avanzar en democratización, derechos y justicia social.

Eso es distinto al debate generado por la diversidad, y las diferencias que pueden surgir en un amplio y complejo abanico temático y programático. El asunto es cómo consagrar acuerdos y alianzas en lo que existe coincidencia y construcción común de respuestas e iniciativas. Eso incluye, por cierto, la defensa de leyes y proyectos reformadores que se lograron en la administración de Michelle Bachelet.

Por eso es importante la reflexión y discusión que se da en estas semanas y que tiende a aterrizar precisamente fórmulas que posibiliten convergencias y caminos comunes en lo que será la oposición a un Gobierno conservador, neoliberal, empresarial e inhibidor si no represor de derechos sociales y ciudadanos. Pero también en la construcción de una agenda progresista y de izquierda.

En ese camino no parece una simple retórica política, por ejemplo, el planteamiento que se hace desde el Partido Comunista en el sentido de lograr acercamientos y trabajo coordinado desde la Democracia Cristiana hasta las organizaciones que conforman el Frente Amplio, incluyendo a quienes formaron parte de la Nueva Mayoría y otras organizaciones como el Partido Progresista, Izquierda Ciudadana, el Movimiento Amplio Social, regionalistas y otros.

Seguramente no se podrá estructurar un bloque, un conglomerado, pero sí existen espacios y temas que permiten acuerdos de un enorme arco progresista y de izquierda, por lo demás, opositor a la administración de derecha que se instalará en marzo y al proyecto conservador que inspirará al nuevo Gobierno.

Espacios como el movimiento social y el Parlamento, y temas como la gratuidad y calidad en educación, cambios en el sistema privado de pensiones, reforma de fondo en salud, descentralización, entre otros.

Hay que insistir en que todo esto tiene que ver con un sentido estratégico de las batallas políticas y las luchas sociales, con altos objetivos vinculado a un proyecto de país, y no se reduce a rencillas partidarias, intereses particulares, disputa de liderazgos, fórmulas sectarias o imposición de quienes se consideran poseedores de una representación en la centroizquierda y la izquierda.

También tiene que ver con una nueva forma de hacer política, la instalación de nuevos liderazgos, la aplicación de creativos formatos de acuerdo y alianzas, y la necesaria vinculación con el movimiento social y expresiones de la sociedad civil.

Prácticas y miradas sectarias, dogmáticas, prejuiciosas y arbitrarias, solo pueden apuntar a abortar la construcción de una fuerza mayoritaria de signo progresista y transformador.

En este sentido, estas semanas serán muy importantes para constatar avances o congelamiento en la unidad y coordinación de partidos de centroizquierda e izquierda, y en ello será definitorio lo que, finalmente, decida cada partido. Sin exagerar, son momentos decisivos para ir configurando el mapeo de la futura oposición democrática y popular.