El reciente informe “Panorama Social” de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), fue lapidario en indicar que el número de pobreza en el continente aumentó.

Hugo Guzmán

Periodista

Es increíble como informaciones que son definitorias para establecer el estado de situación de cientos de millones de seres humanos en todo el planeta, pasan desapercibidas y son invisibilizadas, empezando por directrices editoriales de muchos medios de prensa, autoridades gubernamentales y dirigentes políticos de todo signo.

El reciente informe “Panorama Social” de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), fue lapidario en indicar que el número de pobreza en el continente aumentó. Pasó de 178 millones en 2015, a 186 millones en 2016. Es decir, en un año hubo 8 millones de personas que entraron a la esfera de la pobreza. Y la proyección de los investigadores es que 2017 terminará, al menos, con un millón de pobres más.

La cantidad de personas pobres en Latinoamérica, equivale a unas diez veces la población de Chile. Y la cifra sigue creciendo. Un elemento que hace más dramática la realidad, es que cerca del 50% de niños y mujeres de la región, son pobres.

Ni hablar de los indigentes. En 2014 eran 48 millones, y el 2016 llegaron a 61 millones. Es decir, los seres humanos en extrema pobreza aumentaron 13 millones en dos años, cifra algo cercana a la cantidad de habitantes de Chile.

En tanto, en el informe “Panorama Laboral de América Latina y el Caribe. 2017”, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se reportó que casi 27 millones de trabajadores no tuvieron acceso a empleo en la región; uno de cada cinco jóvenes no encuentra trabajo y el desempleo de mujeres, en un salto muy negativo, llegó a los dos dígitos: 10.4%.

Suma y sigue la condición de marginalidad y casi inexistente calidad de vida no solo en el continente, sino a nivel planetario. Los ejemplos rondan oscuramente.

Se conoció el documento de “Índice Global de Esclavitud 2016”, que publica la organización Walk Free Foundation, con sede en Australia. El informe apunta que más de 45 millones de personas viven en condiciones de “esclavitud moderna”, en distintos países.

Esto significa que personas adultas, jóvenes y niños, son sometidos a trabajos pésimamente remunerados o en algunos casos sin pago de por medio, encerrados y maltratados, sin derecho social y laboral alguno, llevados a zonas donde nadie llega o sabe que hay gente laborando, y en actividades que son ilegales y preligrosas.

En el mundo -más del 30% de víctimas de la “esclavitud moderna” están en Asia- estos esclavos del siglo XXI hacen jornadas forzadas en barcos pesqueros, prostíbulos, campos agrícolas, salones de belleza, laboratorios procesadores de drogas, fábricas de marihuana, grupos de prestamistas, narcotraficantes y mafia de esclavitud sexual.

Los reportes de Walk Free Foundation, reportajes de la BBC, investigaciones de la OIT y organismos de las Naciones Unidas, indican que la “esclavitud moderna” se produce en naciones de Europa, Asia y África principalmente.

¿Es posible que actores y sectores de la sociedad chilena estén ajenos a estas realidades? ¿Es factible que estos temas, estos dramas, no son de inquietud y sujeto de reflexiones en Chile por parte de sectores académicos, políticos, sociales y de la sociedad civil? Sobre todo si se tiene en cuenta que, los hechos lo comprueban, muchos de los esquemas económicos y tesis que posibilitan o dan el marco para el aumento de pobres, de cesantes y de esclavos del siglo XXI, son aplicados férreamente en este país.

Print Friendly, PDF & Email