Con este panorama es difícil hablar de avances o progresos en contenidos y no vale la pena siquiera referirse al rol cultural de la televisión moderna.

José Luis Córdova

Periodista

Al entrar a la segunda década del siglo XXI, la televisión ya no es una novedad ni una sorpresa para nadie. En los últimos años nos ha derivado a otras plataformas audiovisuales –tablets, celulares, Smarts, Iphone- y mejoras de alta definición (HD y otras). Pero los contenidos, no han variado demasiado.

La parrilla nacional es la misma: UCVTV, TVN, Mega, CHV y Canal 13, a las que se han agregado TC (Telecanal) con programación mayormente envasada y Vía X (por suscripción) y propiedad de Filmocentro, que se reparten la teleaudiencia según espacios focalizados y específicos.

El canal porteño (UCVTV), desde sus inicios –en la prehistoria de la televisión chilena (1957)-  ha intentado cierta autonomía, orientada hacia la difusión cultural en sus programas, mientras Canal 7 se despeña irreversiblemente hacia la comercialización. En este sentido, ha sido más hábil el canal de Bethia (Mega), que trajo a Chile las teleseries turcas que trastocaron el mercado.

La estación de Time-Warner (CHV), en tanto, insiste en el sensacionalismo, encarnado en programas como de la doctora Polo hasta los noticiarios con preponderancia en la crónica roja, (“Vidas en riesgo”, “Se busca”, “La jueza”, “Alerta máxima”, “Lo que callamos las mujeres”).

En tanto, el ex canal del angelito insiste en esquemas tan superados como “La casita en la pradera”, el clásico show semanal “Diana”, crónicas como “En su propia trampa” y “Lugares que hablan”, sólo para dar ejemplos.

Con este panorama es difícil hablar de avances o progresos en contenidos y no vale la pena siquiera referirse al rol cultural de la televisión moderna.

Es impresionante el espíritu regresivo de las producciones locales con clichés como “La divina comida”, “La jueza”, “Informe especial” y “Contactos”. Estos últimos convertidos en febles segmentos de noticiarios tras una historia de periodismo investigativo que hoy en día hace mucha falta.

El reciente período de franjas electorales y debates sacó a la luz la necesidad de abrir la programación a espacios de discusión política que superen la anquilosada “Tolerancia Cero” y los débiles intentos de “Mejor hablar” o “En buen chileno”, que dejaron mucho que desear.

La necesidad de cultura, formación ciudadana, información veraz, adecuada  y oportuna, así como de entretención constituye una notoria falencia en nuestra pantalla chica. Y ello está siendo suplantado por otras plataformas y redes sociales sin regulación de ningún tipo, para bien o mal de la teleaudiencia digital.