Este domingo 17 chilenas y chilenos deben expresar su voluntad y participar en el proceso electoral para elegir al próximo Presidente de Chile, como parte de las muchas luchas sociales y políticas que se desarrollan a lo largo del país y de forma diversa.

Editorial. El Siglo. Este 17 de diciembre debe expresarse esa evidente mayoría ciudadana y popular que aspira a reforzar el proceso de transformaciones en nuestro país.

Esa mayoría de la sociedad civil y del pueblo que demanda más gratuidad en educación, cambio del sistema previsional privado, reforma profunda en salud, nueva Constitución y Asamblea Constituyente, real descentralización y fortaleza de las regiones, cumplimiento de derechos laborales y salarios dignos, recursos naturales en manos de los chilenos, acceso a la cultura y el deporte, nuevo modelo de desarrollo, un Estado que garantice derechos sociales y respeto a una vida decente para niños, mujeres, adultos mayores y para la diversidad sexual.

Llegó la hora en que chilenas y chilenos deben expresar su voluntad y participar en el proceso electoral para elegir al próximo Presidente de Chile, como parte de las muchas luchas sociales y políticas que se desarrollan a lo largo del país y de forma diversa.

Esta no es una hora para la pasividad, la apatía o el desinterés. Ello, realmente, a nada conduce. Peor aún, como lo señalan diversos analistas, esas actitudes contribuyen a la candidatura conservadora de la minoría.

En esta elección se juega una parte importante del cauce que tomen los destinos del país y donde nadie debe perder de vista que eso tiene que ver con la posibilidad de una mejor calidad de vida para los trabajadores y las familias del país.

Tampoco debe omitirse o subestimarse el peligro de que entremos en un ciclo conservador y autoritario de regresión de derechos ciudadanos, de imposición de medidas mercantiles, de priorización del poder económico, de dar la espalda a sentidas demandas sociales.

La mayoría que está por las transformaciones es diversa, pero es una diversidad que no debe restar, sino sumar. El alcance y profundidad de los cambios es algo en debate, pero debe asumirse en un proceso democratizador, evitando entrar en una etapa conservadora y contra-transformadora.

El 17 de diciembre debe expresarse la voluntad y la voz de la mayoría. Debe garantizarse el fortalecimiento de todo lo que se hace por avanzar en derechos sociales, económicos, medioambientales, políticos y ciudadanos. Junto a eso, frenar a los sectores de derecha y retrógrados.