Caminando por los sueños y las utopías la compañía de teatro cumple años. “Nos da pena que nuestros pares no nos reconozcan luego de 36 años sin parar”.

Nelly Carrasco. Santiago. Nacidos en 1981 como un proyecto más amplio que incorporaba otras instancias de las artes, la Compañía de Teatro El Riel se instaló como un potente foco de denuncia, reflexión y esperanzas en los convulsionados ’80.

Subieron las cortinas de los sindicatos, organizaron la esperanza y se cobijaron en los hogares, plazas y organizaciones de las poblaciones, aquellas donde el arte, los sueños y esperanzas no entraban, por miedo o porque simplemente “era peligroso”.

Para conocer las historias de El Riel y sus 36 años, El Siglo conversó con Ana María López, su actual directora, una actriz de vasta trayectoria, aún vigente  y que viene de dejar la tesorería del Sindicato de Actores del Teatro, SIDARTE.

¿Dónde ponen los acentos cuando deciden conformar la compañía?

Los acentos se pusieron en crear un gran conglomerado  de creadores con cineastas, músicos, escritores para romper el silencio que se sentía en dictadura. Las circunstancias hizo que muchos abandonaran (había que parar la olla), es ahí cuando Juan Vera (actor, dramaturgo), decide crear El Riel. Su premisa fue hacer un teatro itinerante, independiente e interesado solo en depender de las necesidades de ver arte que tenían los trabajadores del campo o la ciudad. Esto lograba que pobladores, campesinos y trabajadores en general pudieran salir del horror que provocaba la dictadura y por un momento “entrar” al mundo de las utopías y los sueños que desde el teatro se puede lograr. Los lugares escogidos fueron aquellos donde incluso hoy, aún no llega el teatro.

¿Cómo es que llegan a los sindicatos?

“Este fue un trabajo bien político,  como actores íbamos a las reuniones clandestinas de los sindicatos y escuchábamos lo que allí pasaba y después íbamos a las casas de esos trabajadores y veíamos como los conflictos discutidos en ese sindicato influían en la familia. Todas esas experiencias se entregaban a Juan Vera y a Mario Villatoro que trabajaba con Juan y allí decidían que sindicato íbamos a elegir para empezar a ensayar las obras; nuestros consultores técnicos eran los mismos trabajadores. Ellos nos indicaban que cosas querían que resaltáramos y Juan ponía la poesía. Fue una época de gran riqueza para El Riel porque las vivencias se transformaban en obra y podíamos hacer un aporte, eran tiempos en que incluso, mientras nos trasladábamos y veíamos a trabajadores con una alcancía, nos bajamos y los convencíamos de que no pidieran limosna, que hicieran una función de teatro y nosotros nos poníamos a disposición. Ahí fue cuando decidimos que nuestras salas de teatro  fueran los sindicatos, los que abrimos y pusimos al servicio de la comunidad”. Con esto, la comunidad vecina a los sindicatos se hicieron parte y disfrutaron de esa creatividad bullente que apreciaban en las pinturas y otras obras que instalábamos en el lugar y además se conformó una alianza solidaria entre los vecinos y trabajadores. La idea de Juan era hacer muy integral la lucha de aquellos años, siempre a través del arte”.

En ese sentido creo somos fieles seguidores del legado de Recabarren.

Sufrieron un revés al regreso de una gira al exterior. ¿Qué pasó?

“Fue muy curioso, cuando volvimos de Europa, una invitación a Suecia y Noruega como compañía durante un mes, volvimos dos días antes del plebiscito y fuimos nuevamente a los sindicatos donde habíamos estado y las puertas estaban cerradas, muchas veces la respuesta fue que “ahora va a venir la gente de la televisión”. Al parecer eso no pasó, entonces decidimos con Juan, Reynaldo Vallejo y yo comprar un ataúd para enterrar El Riel recorriendo todos los sindicatos y hacer un funeral, pero, cuando vimos lo caro que era un ataúd decidimos hacer una obra y cambiar de público, porque pareciera que en ese momento los sindicatos y pobladores no nos necesitaban o estaban en otra y nos atrevimos a llegar a los colegios y contamos con dos aliados estratégicos, el Maestro Christian Trampe, que nos dirigió y Jorge Díaz que nos entregó su obra El Cepillo de Dientes que estaba en el programa escolar e hizo un arreglo, una adaptación especial para El Riel. Ahí, con ese cambio, nos dimos cuenta que podíamos actuar ante cualquier público y que la gente nos quería y apreciaba nuestro trabajo”.

Un aviso en un diario de circulación nacional puso a la compañía en contacto con el Instituto Goethe, buscaban apadrinar Las Salitreras; “Juan Vera tenía una obra llamada “El Salitre ó Como Fue que el Banco de Inglaterra Ganó la Guerra del Pacífico” (obra premiada en Inglaterra e interpretada por actores ingleses):” Fuimos al Instituto a pedir un pequeño auspicio, el Director nos dijo, no los voy a auspiciar quiero que se vengan a trabajar aquí y estuvimos cuatro años allí”.

El Riel, recorrió cárceles y todos aquellos lugares donde nadie se atrevía a llegar.

El fallecimiento de Juan Vera y Marcos Morales, (2017) ambos directores ha marcado la vida de la compañía sobre todo la dirección de Vera. Su huella dice Ana María, “está en la poesía, como muestra la realidad con una poesía preciosa, es un dramaturgo entretenido con una visión hacia adelante que nos hace sentir que su obra fue escrita hoy pero, lo más importante de su enseñanza es la disciplina y la pasión por el teatro, que los actores entiendan que el teatro no es un juego. Compañerismo y lealtad ha sido la característica de ésta escuela llamada El Riel”.

Suecia, Noruega, Argentina, Colombia, Paraguay, son los escenarios recorridos por la Compañía que no para de recibir invitaciones y reconocimientos internacionales en festivales y actividades donde el teatro es acogido y aplaudido.

¿En qué trabajan hoy estando de cumpleaños?

“Estamos montando la obra “La Catalina” (Juan Vera), que la hicimos en 1987. Es una obra producto de una investigación de Juan Vera que se fue a vivir a caletas de pescadores para conocer como era que el dictador vendía las caletas a particulares, dejándolos sin casa, sin pesca, sin botes, sin nada y debían emigrar. La Catalina es el nombre de una Goleta desde donde se narra la historia. La estamos remontando con actores de ayer y de hoy donde dejamos en claro que no existe lo generacional sino que es la creatividad lo único valedero”.

Curiosos por el nombre de la compañía pedimos a Ana María nos cuente como surgió el nombre: “Juan tenía un abuelo que era conductor de trenes y parece que influyó mucho en Juan a quien le gustaban mucho los trenes, de hecho, cuando trabajaba escribiendo echaba a andar un gran tren eléctrico que tenía barrios y ciudades el que daba vueltas y vueltas mientras él escribía”.