Desde el primer debate presidencial en Chile sostenido entre Patricio Aylwin y Hernán Büchi, transmitido por Canal 13 el 9 de octubre de 1989, el rol de los periodistas ha variado ostensiblemente, pero para mal.

José Luis Córdova

Periodista

Eran otros tiempos. El primer debate presidencial en Chile y América Latina fue el que sostuvieron en Canal 13, el 9 de octubre de 1989, los candidatos Patricio Aylwin y Hernán Büchi.

Desde entonces, el rol de los periodistas ha variado ostensiblemente, pero para mal. En ese entonces, Raquel Correa, Rosario Guzmán, Claudio Sánchez (¿) y Bernardo de la Maza cumplieron un papel profesional sobrio, sin aspavientos ni ganando espacio ni trascendencia, limitándose a consultar a los presidenciables sobre los contenidos de sus programas.

Los hábitos periodísticos y comunicacionales han cambiado bastante desde entonces. No teníamos a un Fernando Villegas, ni un Sergio Melnick como “entrevistadores” a quienes no les interesan los temas de fondo .

En las escuelas de Periodismo se enseñaba el género de entrevistas partiendo de un desglose de distintos tipos: coyuntura de actualidad, de perfil, informativas, publicitarias, etc. El debate no es un género en sí mismo y hay que reconocer que ha ido cambiando con el tiempo.

En televisión, desde los históricos debates Nixon-Kennedy hasta Alessandri con Allende a nivel local, ha pasado mucha agua bajo los puentes. En EE.UU se recuerda el enfrentamiento de un joven Kennedy con un experimentado Nixon que inclinó la balanza para el triunfo del demócrata, mientras en Chile, las temblorosas manos de Jorge Alessandri le costaron la elección al ex presidente “de los gerentes”.

En todos estos casos, los profesionales de la comunicación guardaban un respetuoso segundo plano, interpretando las inquietudes del público con mesura y el máximo de una objetividad que, en realidad, no existe.

Pero en los últimos tiempos, los periodistas de televisión son los llamados “rostros”, al igual que Don Francisco, Raquel Argandoña, Matías del Río, Kike Morandé, Tonka Tomicic o cualquier animador de matinal o los famosos “late” de los horarios nocturnos. Estos personajes, no son necesariamente profesionales de la información.

Sin embargo, algunos colegas han asumido posiciones de rock stars que no les corresponde si quieren hacer un trabajo responsable y serio.

No puede dejarse de nombrar a Mónica Rincón, como una periodista que sobreactúa, que parece querer atacar a su entrevistado más que solicitarle una opinión. José Antonio Neme tiene actitudes infantiles para tratar de “pillar” a su víctima con alguna afirmación ambigüa y Consuelo Saavedra parece ufanarse con las “victoria” en el caso de una respuesta feble o poco informada.

Tal vez los periodistas que aún mantienen cierta sobriedad son Constanza Santa María e Iván Valenzuela que no ven estos debates como un interrogatorio o un juego de habilidades tanto de parte del entrevistador como del entrevistado.

Para el personaje público sometido a este trato comunicacional –sobre todo si es candidato presidencial o algo parecido- no hay más alternativa que soportar la andanada como si estuviera ante un adversario. Nada que ver con un comportamiento ético y profesional de un periodista.