Jorge Coulon, fundador de Inti Illimani, en entrevista indicó que “los acentos debemos ponerlos en la capacidad que tenga la gente de acercarse al arte”.

Nelly Carrasco. Santiago. A propósito del manifiesto de Valparaíso, firmado por varios artistas, El Siglo conversó con Jorge Coulon, fundador e integrante de Inti Illimani, que viene saliendo de una campaña electoral en el puerto. Se abrió a tratar temas de cultura, las artes y el nuevo momento político que vive Chile.

Sereno, reflexivo, anota en la entrevista: “No sé de ninguna canción que haya cambiado el mundo, pero tampoco sé de ninguna situación mundial que haya cambiado y no tenga sus canciones”.

Chile ha cambiado, no hay duda; ¿existe un nuevo momento para la cultura y sus aportes al desarrollo país?

La cultura tiene una característica que se ve influida marginalmente por la contingencia en desarrollo que, siendo más profundo que la contingencia política, es al mismo tiempo más permanente, más duradero. No es que sea indiferente a la contingencia política, ésta también la va modelando, esculpiendo, pero no depende de un acontecimiento. Ahora, sin duda, estamos frente a una oportunidad de echar a andar cosas que en Chile han estado postergadas durante mucho tiempo en el terreno cultural. Hay una situación nueva y hay un sinceramiento muy fuerte del sentimiento popular frente a la política nacional.

¿Qué déficit notas en la izquierda sobre este tema?

Es bien complicado identificar una izquierda más allá de lo que uno quisiera que fuera la izquierda. No cabe duda que hay un sentimiento de izquierda en buena parte de la población chilena, si lo entendemos como una aspiración a una sociedad solidaria y no a una individualista; si lo entendemos como una pertenencia a una sociedad en la cual los medios de producción y las ganancias que estos producen se socializan y no se individualizan, la vieja máxima que dice “privatización de las ganancias y socialización de las perdidas”. Los déficit que tiene la izquierda son aquellos que tienen que ver con no entender que la política sin un horizonte cultural definido se transforma solo en un ejercicio de poder y no en un ejercicio en el cual se transfiere poder a la ciudadanía.

¿La institucionalidad cultural vigente qué cosas debe superar?

La institucionalidad avanzó, no tan rápido como quisiéramos, y tiene aún muchos déficit. Avanzó en una concepción de cultura, no como sinónimo del arte o el uso del tiempo libre, sino a una concepción de la cultura más amplia, incorporando las relaciones entre los seres humanos como, por ejemplo, la igualdad de género, la diversidad de todo tipo, no solo la sexual, como la inclusión que tiene que ver con las capacidades físicas o mentales, diferencias de religión. La misma inmigración va obligando a la institucionalidad a abrir espacios culturales a nuevas realidades. Creo que a pesar de lo que se avance naturalmente, la velocidad de los cambios y también la lentitud con que la institucionalidad va asumiendo esos cambios, nos producen un déficit institucional importante. La institucionalidad debería cambiar la mirada meramente economicista sobre la cultura. Para mi gusto, se ha puesto demasiado acento en lo que es la industria cultural, en la cultura como un recurso para el país, que lo es, pero el fin mismo de la institucionalidad cultural es el desarrollo cultural de la ciudadanía y no el negocio que la cultura pueda hacer para un desarrollo que se mide en cifras.

Encabezas un listado del Manifiesto Valparaíso que crece en adherentes; ¿qué sigue después de ello?, ¿habrá más acciones?

El Manifiesto de Valparaíso es el resultado de una meditación, de una conversación,  que venía desde antes en este ambiente porteño que esta siempre cargado de grandes  ideales y grandes discusiones en torno a la realidad del país. El Manifiesto es el resultado de un encuentro en Valparaíso de personas que nos vemos todos los días, que nos encontramos, discutimos y que tenemos posiciones distintas respecto del apoyo a la Nueva Mayoría o al Frente Amplio. El importante resultado del Frente Amplio en Valparaíso nos ha llevado a una conversación en cuanto a ¿qué viene ahora?, ¿cómo vamos a articular esto? en el sentido de que al final de esta elección, que cuestiona el sistema económico, político y cultural en que vivimos, sea favorable para el pueblo y no para elites económicas.

¿Cuál es la mayor urgencia que sientes debiera estar en prioridad uno para el mundo de las artes en esta nueva etapa que Chile comenzará a recorrer?

Los acentos debemos ponerlos en la capacidad que tenga la gente de acercarse al arte. La exposición al arte es una fuente importantísima de desarrollo humano y es una fuente poco explorada, desgraciadamente, en nuestra sociedad. El ser humano es el único ser vivo que conscientemente hace arte, Víctor Jara decía, “el hombre es un creador”.  Ser creador es lo que da dimensión humana a una sociedad en que nos acostumbraron a que la “gracia” es generar dinero. Los que generan belleza están un poco descalificados, pero los que disfrutan de la belleza, sin necesariamente ser artistas profesionales, tienen que ser el foco de nuestra tensión. Artistas van a seguir habiendo, porque existimos por una necesidad profunda interior y no porque exista una institucionalidad que nos ayude a ser artista. Ésta -la institucionalidad- puede ayudar al desarrollo de talentos artísticos y debe procurar que la ciudadanía tenga acceso a los frutos de la creación artística y también a la posibilidad de cada uno pueda disfrutar y expresarse artísticamente en su vida.

El mundo de las artes, debería, como ayer, ¿cantar, pintar y danzar la profundización de cambios, o es una fórmula muy añeja?

Es compleja la pregunta y profunda; no creo que sean las canciones o las danzas y las pinturas las que cambian la sociedad, creo que es al revés. Una sociedad que cambia, que se pone en marcha en cambios profundos, en torno a luchas comunes, a la necesidad de conquistar espacios de libertad, de democracia, de justicia social; cuando una sociedad se pone en marcha en ese sentido, necesariamente aparecen las canciones, la danza y la pintura, porque los artistas no están en el limbo, sino insertos en esa sociedad. Es tan poderosa la épica que tiene el pueblo en marcha, que es una fuente de inspiración. No sé de ninguna canción que haya cambiado el mundo, tampoco sé de ninguna situación mundial que haya cambiado y no tenga sus canciones.