Lo que pase y lo que venga será responsabilidad de todas las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda.

Editorial. El Siglo. La suma en los resultados electorales, la masividad de expresiones del movimiento social, la extensión de reivindicaciones de amplios sectores de la sociedad civil, señalan de manera categórica que la mayoría del país demanda y espera transformaciones que mejoren la calidad de vida del pueblo y apunten a garantizar derechos sociales.

Se constata que una minoría está por mantener un esquema restrictivo en derechos, conservador frente a la necesidad de cambios, continuista en un modelo económico que daña la vida cotidiana del pueblo y que da la espalda a nuevas realidades y necesidades de nuestra sociedad.

En ese marco, resultaría dramático que en la segunda vuelta presidencial se impusiera el candidato que representa ese proyecto conservador,  contra-transformador y minoritario.

Más que loable, es imprescindible que el 17 de diciembre la mayoría del país se exprese en el resultado de la elección presidencial, con el respaldo al candidato que representa, precisamente, el compromiso con el camino de transformaciones.

Es cierto que el electorado mayoritario es diverso, no es uniforme, muestra matices y diferenciaciones, pero en lo sustancial es una fuerza política, social y de ideario a favor de cambios profundos en los ámbitos económico, social, medioambiental e institucional.

Nadie podría esconder que en el campo progresista y de izquierda hay distintas miradas frente a los desafíos del país, lo cual está en el debate legítimo. Ello incluso es positivo si se trata de discutir cómo avanzar más rápido y de manera más amplia en las transformaciones.

El eje central y prioritario en ello, es buscar la manera de consagrar los derechos del pueblo y ampliar una mejor vida para la inmensa mayoría de la sociedad, respondiendo a la multiplicidad de realidades y necesidades.

Todo lo anterior encontrará mejores cauces y condiciones, si hay un gobierno democrático y transformador, y una mayoría parlamentaria con ese sello. Una administración de derecha entorpecería grave y seriamente los avances buscados para el bienestar del pueblo y del país.

En ese contexto radica lo valioso de que todas y todos los que están por defender y promover la justicia social, la equidad económica y una democracia de mayor calidad, participen el 17 de diciembre y marquen la opción que representa profundizar y ampliar las mejores condiciones de vida para el pueblo y seguir abriendo modificaciones al estado actual de las cosas.

Lo que pase y lo que venga será responsabilidad de todas las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda. No de algunas. El desafío es compartido, cada quien en el lugar que elija para profundizar las transformaciones. Por ello, no es momento de restarse, ni de omitirse.

Como se ha dicho, si gana Sebastián Piñera, el país retrocederá y perderá. Si triunfa Alejandro Guillier, se abrirán las posibilidades de mayores cambios, de más democracia y justicia. Es un punto estratégico para el futuro del país.