El PRI con candidato independiente; el PRD aliado con la derecha; López Obrador con una real opción; y una candidata indígena zapatista.

Hugo Guzmán R. Periodista. Por primera vez en su historia, el PRI (Partido Revolucionario Institucional), postulará a un independiente como candidato presidencial. También, en un hecho inédito, el socialdemócrata Partido de la Revolución Democrática (PRD), hizo un pacto con el derechista Partido Acción Nacional (PAN) -rompiendo una histórica disputa ideológica y política-, a los que se unió el liberal Movimiento Ciudadano. El Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), está reuniendo a distintos sectores del progresismo, la centroizquierda e izquierda, en la construcción de una base política, electoral y social.

A ese cuadro, se agregan las candidaturas independientes, pero diametralmente opuestas, de la representante indígena y zapatista, María de Jesús Patricio Martínez, y de Margarita Zavala, una derechista ex militante del PAN, y esposa del ex presidente mexicano de ese partido, Felipe Calderón.

Un panorama bastante variopinto para las elecciones presidenciales que se efectuarán en 2018 en México y que da cuenta del complejo y enredoso escenario político/electoral, lleno de fragmentaciones, vueltas de espalda, búsqueda de posicionamientos y estrategias incluso consideradas inverosímiles para obtener el triunfo y llegar al Palacio Nacional.

En todo caso, de acuerdo a las propuestas que ya se conocen y el análisis de expertos y académicos, en lo central la disputa se concentra -al igual que en otras naciones de Latinoamérica- entre la continuidad del modelo neoliberal/conservador o el inicio de un periodo progresista y transformador.

En el caso de México, se suma el desafío de los aspirantes a la presidencia, de hacer creíble un camino para enfrentar la extendida corrupción y el fenómeno de un poderoso narcotráfico que penetra distintas esferas de la sociedad mexicana, incluido el Estado.

Con tantos candidatos en fila, más otros que irán apareciendo en un multiforme rompecabezas de partidos, grupos y movimientos, las predicciones se antojan difíciles, pero hay quienes ya llevan delantera.

La tercera oportunidad de AMLO

Sondeos y análisis políticos, apuntan a una posibilidad real de ganar, de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el aspirante de MORENA, que se presenta por tercera vez a la contienda mayor, planteando como primera premisa política, dejar atrás los proyectos del PRI y del PAN. Una síntesis del objetivo lo expresó Claudia Sheinbaum, una de las dirigentas de MORENA en la presentación del Proyecto de Nación 2018-2014: “La democracia, la paz y la justicia son nuestra bandera. El autoritarismo no solo no está en nosotros, sino que es parte de lo que queremos eliminar en nuestro país. Este movimiento busca que el desarrollo económico alcance a todos y a todas, que la desigualdad disminuya, que se respeten los derechos humanos y que se construya una nueva historia en donde la corrupción, la impunidad y la injustica sean parte del pasado, dirigiendo los destinos de la Nación con responsabilidad y democracia”.

El PRI, en un intento de superar rechazo ciudadano y abrir una base electoral, proclamó el pasado 3 de diciembre como aspirante presidencial al independiente José Antonio Meade, ex secretario de Hacienda del actual mandatario, Enrique Peña Nieto. Meade ya dejó en claro que con él habrá continuismo del proyecto neoliberal y conservador, al señalar: “Acabemos de una vez (con la idea) de que este país se tiene que reinventar cada seis años”. Insistió: “No hay que demolerlo todo. No hay que cambiarlo todo”.

Entre esos dos proyectos y esas dos candidaturas parece que se resolverá al triunfador de los comicios mexicanos del próximo año.

La apuesta del Frente Ciudadano (FC) que componen el PRD, el PAN y el MC, no pinta bien en las encuestas y tampoco en las percepciones. Para empezar, por la anomalía de ver juntos a socialdemócratas, liberales y derechistas, en una mezcla realmente sui generis, y al mismo tiempo con serias pugnas internas para definir la carta presidencial y aterrizar una propuesta de Gobierno. En un lenguaje que a muchos huele a simulación, el conservador presidente del PAN, Ricardo Anaya, expresó que “tenemos claro que el país está por encima de cualquier interés partidista o personal. Ese es el motor de nuestro diálogo, de la discusión democrática que se está dando en torno al convenio de coalición electoral. Tengan la absoluta certeza de que nos vamos a poner de acuerdo…”

La opción de Margarita Zavala, precisamente, responde más a una ruptura al interior del PAN, y se expresa como una candidatura de la derecha detrás de la cual están grupos conservadores y del poder económico, sin dejar de lado que es la ex primera dama de una administración de derecha.

El Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) eligieron a María de Jesús Patricio Martínez, “Marichuy”, como vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) de México, y candidata independiente. Las organizaciones que la respaldan, expresaron hace un tiempo que “por primera vez se abre la posibilidad de que una mujer indígena, vocera del CIG, construido por decenas de pueblos originarios, aparezca en la boleta electoral y, sobre todo, obligue a que la agenda de los pueblos originarios y las y los trabajadores pobres de nuestro país sea puesta en el tablero nacional y vayamos más allá de este sistema político”.

Queda tiempo, y queda claro que la disputa presidencial mexicana ya partió y será intensa, en un panorama inédito, extraño y de alta competencia. Lo más claro es que, como en otros lares, hay una disputa de proyectos conservador y democratizador.