Saltó a la posverdad como arma política y comunicacional; en concepciones pasadas, adoptó el tono discursivo dictatorial extremo.

Hugo Guzmán

Periodista

1.- Hace rato que el énfasis de Sebastián Piñera no está en defender sus posturas ideológicas o su proyecto. En concepciones actuales, saltó a la posverdad como arma política y comunicacional; en concepciones pasadas, adoptó el tono discursivo dictatorial extremo.

2.- En una afirmación reciente, sostuvo que “Guillier va a ser un candidato muy de izquierda, con una gran influencia del Partido Comunista. El legado que nos puede dejar Alejandro Guillier puede ser un verdadero desastre para Chile”. Antes, en la misma línea, advirtió que “pienso francamente que un eventual Gobierno de Guillier va a ser dominado por el Partido Comunista y los sectores más extremistas de nuestro país”. Como para recordar las vocerías del almirante Merino durante los años de dictadura, ese lindero de amenaza y ataque destinado a meter miedo y tensiones. Hace más de una semana, Piñera expresó: “Veo que el candidato (Alejandro) Guillier está cada día más violento, más demagogo, más populista, más errático y se parece cada día más a (Nicolás) Maduro”. Insistió luego, en la analogía con el mandatario venezolano en un ejercicio de posverdad destinado a construir una imagen, una realidad, una distorsión, sino una mentirosa. Entre medio, desde el mundo piñerista difundieron un Twitter falso donde Maduro le daba el apoyo a Guillier. Luego vino lo peor en relación a pretender instalar realidades; el candidato de la derecha afirmó sin más: “…usted vio que muchos votos en la mesa estaban marcados previamente y lo vimos todo el día de la elección y estaban marcados por Guillier y por Sánchez, no por nosotros”. La falacia, la irrealidad, la premura de meter percepciones, en la intención comunicacional del magnate.

3.- Para algunos es desesperación de Piñera. También se habla de incontinencia verbal del candidato. Pero la seguidilla de afirmaciones de tono extremo y en el sentido de la posverdad, indican un método, una tesis, una decisión político/comunicacional que puede, inclusive, ser peligrosa. Volver al lenguaje de “los extremistas”, del dominio de los comunistas, como si se trata de aquella “tropa de humanoides” indeseables de los que habló el almirante Merino. Como se dijo, llegar a poner en tela de julio cuestiones preciadas por la sociedad chilena, como su sistema electoral, y más aun, la actuación cívica de miles de personas que fueron vocales de mesas y habrían pasado por alto supuestos “votos marcados”.

4.- Es peligroso también, por ello, dejar todo en el ámbito de errores personales y atribuirlo a estados de ánimo y solo características personales de Piñera. Porque el tono discursivo y la intencionalidad comunicacional establecidas en estas semanas, apuntan a generar un escenario de odiosidad, inestabilidad, de irrealidades, de “miedo social” en eso que Carlos Fazio definió como “el terrorismo mediático”. Caminos escogidos por la derecha no solo en Chile, levantando fantasmas que, por desgracia, calan en segmentos de la población.