Era esperable la decisión ante el balotaje. Pero se abrió un espacio de legitimidad para quienes, desde esa vereda, decidan sufragar por Guillier.

Hugo Guzmán

Periodista

1.-Hubo lo que llaman “señales” y “gestos”, movida de piezas, pero el resultado era el esperable -y que algunos no quisieron adelantar por si las moscas-. El Frente Amplio, como conglomerado, no iba a llamar a votar por Alejandro Guillier. Al anuncio previo del conglomerado como tal, lo antecedió la resolución de la inmensa mayoría de sus colectividades en el sentido de no respaldar al candidato presidencial o de dejar en “libertad de acción” a sus miembros. A parte de una consideración más general -junto a otras, por cierto- de que el FA busca diferenciarse de la Nueva Mayoría y sus contenidos, y darle el respaldo a Guillier les implicaba un paso imposible. Ni siquiera basta/bastaba, para revertir aquello, el objetivo de evitar que la derecha y los poderes económicos lleguen al gobierno y el posibilitar, en contraparte, que el Ejecutivo siga en manos del progresismo y la izquierda. Lo anterior, claro, es cuestionado desde filas de la NM que consideran estratégico que en estos momentos no exista mezquindad para garantizar un triunfo del mundo democrático.

2.- Sin embargo, la declaración del FA deja dos elementos que abren perspectiva. De alguna manera, al apelar a la conciencia o decisión de cada ciudadano, el Frente Amplio abrió un espacio de legitimidad para quienes, desde esa vereda, decidan sufragar por Guillier. Y el explícito rechazo a la candidatura de Sebastián Piñera y establecer que con el magnate el país retrocederá e irá por mal camino; “A buen entendedor, pocas palabras”.

3.- Dos factores que insisten en apuntar analistas y personeros políticos, son que no es menor que la candidatura presidencial del FA -la periodista Beatriz Sánchez- obtuviera un millón trescientos mil votos, y que un alto porcentaje de esos sufragios no son de miembros orgánicos de ese conglomerado. Ambos elementos indican que allí hay una indesmentible y captable votación que favorecería a Guillier en el balotaje. Negar o relativizar aquello, al parecer, simplemente le restaría fuerza a la candidatura presidencial progresista y de izquierda, en una carrera estrecha por La Moneda.

4.- Es importante que varios parlamentarios electos, dirigentes y militantes del Frente Amplio hayan explicitado que votarán por Alejandro Guillier, estableciendo sus razones y reflexiones. Incluso abriendo una mirada más allá del “mal menor”, y hablando de una batalla por ir derrotando a las fuerzas de derecha e ir construyendo articulaciones programáticas y políticas en el seno de la izquierda, dos cuestiones que trascienden al 17 de diciembre.

5.- También era esperable que la decisión del FA fuese cuestionada, fuese cual fuese, porque forma parte de debates instalados en el progresismo y la izquierda, y en la ubicación que toman distintos actores en ello. Hasta voceros de la derecha se metieron, saludando la decisión frenteamplista u opinando que fue un golpe para Guillier al no explicitar el apoyo. Debate que tiene contornos más amplios y profundos y que se vincula al futuro de la forma de relacionarse, distanciarse o coordinarse entre fuerzas de izquierda. Quizá, como lo han señalado con insistencia personeros de la NM y del FA, es hora de agudizar y promover la conversación apuntando al acuerdo. Pero entre medio, habrá fuego cruzado.