La unidad en torno a ideas centrales, la unidad para frenar en seco a la derecha golpista. Es lo que está en juego en los próximos días.

Eduardo Contreras

Abogado

A pocos días del proceso electoral que elegirá al siguiente presidente del país, y por consiguiente el avance o marcha atrás en el proceso de cambios, se oyen y leen mensajes que expresan visiones y deseos de los diferentes sectores políticos según sea su pertenencia a tal o cual sector socioeconómico.

Ya antes de la primera vuelta, desde El Mercurio y otros similares posaron los agoreros, opinólogos ultrareaccionarios y más de algún renegado de la izquierda, que daban por hecho el triunfo de ese lamentable personaje que es Piñera, inculto, falso, de sórdido pasado, principal orador en defensa de Pinochet, por entonces prisionero en Londres. La realidad mostró que, a pesar de todo, somos más las chilenas y chilenos que estamos por consolidar los cambios iniciados en el presente Gobierno y avanzar en la sustitución del modelo impuesto por la dictadura y que la transición con ella pactada mantuvo inalterable.

Como hemos reafirmado, ha sido bajo el actual Gobierno de la Presidenta Bachelet que podemos hablar del comienzo objetivo de la transición de un modelo de sociedad construido en favor de una minoría privilegiada a otro que contemple los intereses de la mayoría. En medio de todas las dificultades y obstáculos y de algunos errores propios, éste ha sido el primer Gobierno desde la dictadura que abordó temas estructurales, de fondo, y llegó hasta donde era posible dada la realidad actual. Revisando aquello, los logros concretos superan el centenar.

Sólo para refrescar memoria, recordemos la reforma tributaria, la reforma laboral, el fin del sistema bi nominal, el acuerdo de Unión Civil, el voto de chilenos en el extranjero, creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, despenalización del aborto, reforma educacional, creación de nuevas universidades estatales,  ley de fármacos, ley Emilia, ley Ricarte Soto, acceso gratuito a la educación superior, ley de transparencia, ley de partidos políticos, de protección del medioambiente y, quizás lo de mayor trascendencia política: el inicio del proceso constitucional, camino a una ley superior democrática desde su origen popular a su contenido que garantice el ejercicio real de los derechos fundamentales de la persona humana.

Por eso es que no da lo mismo quien obtenga el triunfo electoral el próximo 17 de diciembre y en tal sentido destacamos el gesto ejemplar de cerca de 300 dirigentes y ex líderes estudiantes del Frente Amplio y La Nueva Mayoría que han llamado a no votar por Piñera. Los jóvenes han marcado el camino correcto y en su madurez y ética dejan de lado todo cálculo menor y ponen en el centro lo principal de la coyuntura.

Interpretan además a la mayoría de nuestro país, que tiene la necesidad de la esperanza, de que hablaba Pepe Mujica hace unos años en Guadalajara, México. Esa mayoría nacional quiere sentir de veras la alegría de vivir para todo lo cual hay que poner fin a la enorme desigualdad que crea la concentración de la riqueza.

Tenemos una oportunidad única, invaluable. No la perdamos. Que ningún sentimiento menor, que ningún tipo de cálculo despegado de la realidad concreta lo impida. Si al final de cuentas la historia es nuestra y la hacen los pueblos, como dijera Salvador Allende y recordara hace poco Alejandro Guillier, pues hagamos esta historia nuestra. Sigamos adelante con los cambios. Entre ellos que el Estado recupere su papel protagónico. Si al fin de cuentas el Estado no es sino “la organización política de la sociedad”, no puede ser un elemento subsidiario.

La unidad en torno a ideas centrales, la unidad para frenar en seco a la derecha golpista. Es lo que está en juego en los próximos días.