En su actuar han demostrado que no está en su ideario que el Estado entregue educación de calidad, laica, gratuita e igualitaria.

Víctor Vargas

Periodista

Desde la primera visita del entonces entrante ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, al también otrora incidente Colegio de Profesores de Chile, para confirmar el compromiso del nuevo Gobierno de Michelle Bachelet con los docentes, he visto a la derecha dispararle a las reformas que apuntan a establecer la educación como un derecho.

El mismo Sebastián Piñera, que hoy habla de extender la gratuidad para sumar los votos de su némesis M.J. Ossandón, había calificado la educación como “un bien de consumo”, y su sector, en el Parlamento y en los medios de comunicación, comenzó a torpedear todas y cada una de las iniciativas destinadas a avanzar hacia un nuevo sistema que asegurara a todos los chilenos y chilenas las mismas posibilidades y oportunidades. Editoriales y columnas en los medios del duopolio golpearon con dureza las reformas mientras sus congresistas detenían la gratuidad universitaria acudiendo al Tribunal Constitucional y negando “la sal y el agua” en las votaciones de leyes como la que terminó con el lucro, la selección y el copago, la desmunicipalización o la carrera docente, entre otras.

Hoy, a la luz del magro 36 por ciento alcanzado por el candidato de Chile Vamos en la primera vuelta presidencial, está claro que la estrategia de atacar todos los avances de Bachelet estuvo errada y ahora quieren enmendar el camino desde la retórica. Resulta que sí quieren avanzar en gratuidad a pesar de todos los esfuerzos que hicieron para detenerla durante los últimos años, incluso acarreando gente para protestar en la calle porque sí querían pagar por la educación creando una agrupación, la tristemente célebre Confepa, que desapareció del mapa tras perder la partida y aprobada la ley.

Estuve presente en varias discusiones de la hoy aplaudida Ley de Carrera Docente en el Congreso y escuché personalmente a la derecha (y claro, algunos DC), rechazar a brazo partido las indicaciones que terminaban con el negocio de las Agencias Técnicas. También estuve en la discusión de la nueva Ley de Educación Pública, que termina con la funesta municipalización de Pinochet, y los que corrían a sacarse fotos con Piñera creyéndole a las encuestas que lo daban como seguro ganador en la primera vuelta, hacían grandes arengas cuidando los dineros que el Estado envía a los alcaldes por este concepto, sin importar los resultados de esta impresentable política pública que reproduce la desigualdad como ninguna otra.

El panorama está más claro. La ciudadanía votó mayoritariamente por quienes apuestan por la profundización de las reformas. El voto de la derecha es el habitual, poco más del 44% sumando a Piñera y Kast, y la “voltereta” del empresario no genera más que desconfianza, porque con su actuar han demostrado que no está en su ideario que sea el Estado el responsable de entregar educación de calidad, laica, gratuita e igualitaria a sus ciudadanos, como también se demostró que fue un error creerle a sus encuestas, esas que ellos mismos hacen para crear la ilusión de que sus ideas son mayoritarias. Ha quedado claro que eso no es así, que la mayoría de los chilenos estamos por terminar con las desigualdades, algo que comienza indudablemente porque el país en su conjunto asuma la responsabilidad de educar a su gente.

Así es que, sobre la gratuidad en educación de la derecha: A otro perro con ese hueso.