“Así como los periodistas aprendimos de fútbol, de economía o de política, vamos a tener que aprender sobre los temas de género y violencia”.

José Luis Córdova

Quisiera destacar y remitirme a la columna de la colega Alejandra Carmona López en el diario electrónico El Mostrador que plantea una situación preocupante para el periodismo. Es el caso de Carla González Aranda (19), enfrentada a los colegas en su condición de transgénero  y víctima de discriminación.

“¿Por qué estaba ella ahí? ¿Por qué voluntariamente se expuso a un show que anticipadamente se sabía que tendría más de morbo que de respeto por la dignidad? Tal vez para decirles a otros, que han experimentado lo mismo, que “sientan confianza en que no están solos, porque el proceso es súper complicado y difícil de llevar”, indica la colega Carmona.

“Las preguntas fueron insistentes, abiertamente irrespetuosas, como si Carla tuviera que abrir obligatoriamente las puertas de un tema familiar e íntimo que nadie sabe si ha procesado lo suficiente. ¿Qué sientes? La gente se pregunta… La gente en sus casas… La gente quiere saber… ¿La gente? Como si la gente fuera un espacio identificable, y los periodistas no pudiéramos hacer nada más que representarla. Sobre todo  con la premura del “en vivo y directo” como un verdugo”, agrega la columnista de El Mostrador.

“La rapidez del periodismo se entiende. Trabajamos siempre contra muchas cosas: contra el tiempo, contra los equipos reducidos, contra una hoja en blanco o una nota sin “monos”. Trabajamos contra el sueldo, contra los codazos de los propios compañeros, contra los llamados de autoridades, contra la furia de quien no entiende que hacemos nuestro trabajo, pero a veces también contra quienes solo tienen ese par de micrófonos para contar una historia –que para nosotros son páginas, notas y cuñas, pero para ellos es la vida entera–.

“Así como los periodistas aprendimos de fútbol, de economía o de política, vamos a tener que aprender sobre este tipo de temas. Vamos a tener que aprender a tratar los temas de género y violencia con el mismo ímpetu que nos preparamos para descifrar un informe sobre crecimiento económico por ramas. Vamos a tener que aprender incluso que el periodismo siempre necesita de una herramienta tan básica como el sentido común. Que es imposible interpelar a un hombre si le hablamos a una mujer trans.

Pero ese aprendizaje no nos incluye solo a los periodistas. Se suma a la cadena inhumana que se genera en redes sociales como si no existieran personas sino robots insensibles y opiniones sin sangre”. Esclarecedora reflexión de Alejandra Carmona.