Un asunto es si no está llegando al límite la construcción de realidades, la elaboración de tesis distorsionadas y un voluntarismo analítico/intelectual.

Hugo Guzmán

Periodista

1.- Hacer una aterrizada lectura de la realidad, promover la conversación democrática, encarar el debate de altura, plantear propuestas precisas, sincerar información veraz, son elementos que se plantearon en los últimos días en el mundo político y de los analistas, de cara a los procesos que vive el país, y específicamente frente a los desafíos del mundo democrático, progresista y de izquierda.

2.- “El desafío del momento es buscar formas de articulación, a través del diálogo y la deliberación democrática”, aseveraron los académicos Fernando Atria y Carlos Ruiz. El abogado Jorge Navarrete sostuvo en una columna en La Tercera que “tal como lo han reconocido los medios de comunicación, incluidos los periodistas, sus columnistas y otros comentaristas, leímos mal e interpretamos peor los signos y síntomas de la realidad social”. Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, dijo en una entrevista en radio Nuevo Mundo que “nos estuvieron machacando con encuestas que resultaron un fiasco, y eso lo repetían los medios de derecha, y servía para análisis que se hacían en la prensa, y se fue armando un escenario que no resultó tal”.

3.- El tema es si no se están usando mucho gafas oscuras que impiden ver/leer la realidad. Pero también si no está llegando al límite la construcción de realidades y auto/realidades, la elaboración de datos/tesis intencionalmente distorsionadas e, incluso, a un voluntarismo analítico/intelectual que hace errar los diagnósticos y con ello las respuestas. Sin perder de vista las intencionalidades en la armazón de la tergiversación social, política y electoral.

4.- Lo anterior tiene que ver con algo de lo que hace un tiempo se está reflexionando/escribiendo. La imposición de una posverdad, que tiene que ver con la mentira, manejo de percepciones y construcción de realidades, algo que en Chile hace un rato ya está ocurriendo y se vio en la campaña electoral y los análisis en su entorno. También con el definido mundo posfactual, donde no importan los hechos concretos, los antecedentes, los contextos, las cifras precisas, sino que se prioriza por las emociones, las tergiversaciones, las ilusiones, la pasión, el ocultamiento de la verdad, de los datos que importan y que pueden ser decisivos si están en la retina de la opinión pública.

5.- Todo lo anterior se acentúa cuando no hay rigurosidad, seriedad, precisión, sinceridad, en el análisis de la situación. Cuando la complacencia y la mediocridad encuentran donde anidar. Cuando hay déficit en la elaboración y producción de ideas y debates. Cuando la conversación democrática se achata por la rigidez y el esquematismo.

6.- Precisamente en el sentido opuesto de todo ello es que surgen los llamados de atención. En revertir situaciones negativas en este ámbito, incentivando/motivando la reflexión, la discusión, la investigación, el estudio, la calidad, el diálogo, la comprobación de los hechos sociales y políticos en base a datos y antecedentes de una realidad concreta. Tiene que ver con lo que el periodista Pedro de la Hoz mencionó como “dogmas paralizantes y esquemas estériles” que hay que evitar y superar. Por el contenido/alcance, claramente todo esto apunta a establecerse en el campo del ideario/acción del mundo democrático, progresista y transformador. En el sector conservador, contra/transformador, oscurantista, en sus medios y personeros/pensadores, anida la posverdad y el mundo posfactual.