Desde hace rato hay un sector de nuestra sociedad que viene pidiendo espacio para ser parte de la construcción del Chile que queremos.

Nelly Carrasco

Por años los artistas han esperado ser convocados para esta noble tarea. No quieren seguir siendo la comparsa que alegra el espectáculo; quieren meter las manos, los píes, el cuerpo entero en la construcción de una sociedad que deje atrás la fracasada forma de relacionarse; cambiar el hastío por la alegría, el individualismo por lo colectivo, la apatía por el abrazo. Ser socios de los cambios y no clientes favorecidos por los cambios.

La decisión de ser socios de esta construcción urgente depende solo de ellos. Dejar el maquillaje en el camarín y ponerse el overol de trabajadores de la cultura para recuperar trabajando el espacio que les corresponde es a lo menos un gesto que Chile extraña.

Hasta aquí, hemos sido una sociedad fome. Las importantes transformaciones que vivimos y gozamos no han sido pintadas, cantadas ni recitadas, es como si no nos importara, como si los cambios favorecieran al otro, no a mí. Lo mismo ocurre con las propuestas culturales del programa de gobierno de quien, todo índica, ganará la segunda vuelta y que recoge generosamente las necesidades que emanan del arte y la cultura: la lectura, la defensa y circulación de las obras de creadores chilenos, los puntos de cultura, el goce de la cultura, una radio nacional, una nueva forma de relacionarse con la producción artística, etc., todas propuestas de interés para el conjunto de la sociedad chilena y que van de la mano con el  crecimiento con igualdad y la entrega de herramientas para el desarrollo humano porque las sociedades solo adquieren la sensibilidad que desarrolla la solidaridad, la disciplina, el amor y la reflexión en las artes y la cultura.

El arte y la cultura, su desarrollo y aseguramiento, es una de las urgencias que el Chile de hoy tiene y son los artistas, gestores, creadores en todo ámbito quienes deben dar un paso decidido para recuperar nuestra identidad y esencia.

Somos un País de creadores, qué duda cabe, pero hasta ahora la creación (salvo excepciones) está al servicio de la industria y no a la Patria y su pueblo.

Nos debemos una gran fiesta por el fin del binominal, por la gratuidad en la educación, por el voto de chilenos en el exterior, por la des municipalización en la educación, por el aborto en tres causales, por la ley de transparencia, la ley Cholito,  y por tantas y tantas demandas que hemos gritado y exigido en la calle y ahora que son realidad, nos hemos quedado en la casa sin destapar ni una sola botella.

La cultura, el Arte y la Ciencia son el alma de un pueblo. Los creadores han decidido hacerse cargo de esa alma, en hora buena porque aquí estamos para caminar juntos por una nueva senda donde el amor, la fraternidad, la solidaridad y la conciencia serán los puntos cardinales que orientarán el caminar de éste Chile que ha aceptado que ya no es el mismo pero que quiere preservar lo que le ha dado su identidad y reconocimiento mundial.

Chile quiere y respeta a sus artistas y estos han decidido devolver ese amor y respeto acompañándolo en las viejas y nuevas utopías las que siguen gozando de muy buena salud.