Concordar una base programática y acuerdos políticos lo más consistente, es tarea estratégica de este periodo para las fuerzas de centroizquierda e izquierda.

Editorial. El Siglo. A estas alturas es una posibilidad real y promisoria que el progresismo y la izquierda ganen la elección presidencial. La derecha está en problemas y puede perder en la segunda vuelta.

El punto vital es que las fuerzas democráticas y populares son mayoría, y los sectores conservadores y retardatarios son minoría. Así quedó demostrado con las sumatorias totales de los candidatos presidenciales y a parlamentarios. En la pasada elección municipal, también eso quedó evidenciado.

El asunto, de alguna manera, es concreto y simple. Hay que sumar la votación del mundo progresista y de izquierda. Hacerlo, por cierto, es un objetivo estratégico, y no una mera intención electoral.

Concordar una base programática y acuerdos políticos lo más consistente, es la tarea estratégica de este periodo para todas las fuerzas de centroizquierda e izquierda y eso debe tener un efecto en esta fase de la batalla electoral.

Eso constituye la respuesta seria y categórica a una voluntad del pueblo en cuanto a seguir avanzando en transformaciones que mejoren la calidad de vida y hagan de Chile un país más justo, equitativo y democrático.

La unidad de la centroizquierda impedirá el triunfo de la derecha. Pero materializarla no es solo para eso. Debe existir una cohesión para llevar adelante cambios más amplios y profundos.

En lo concreto, se hace imprescindible la unidad para respaldar a Alejandro Guillier en esta segunda vuelta presidencial, y así garantizar el triunfo de los sectores transformadores y democráticos.

La mirada en un objetivo estratégico es lo que permite sentar la convicción de asumir un compromiso de ese tipo, junto al acuerdo programático consistente y básico.

En el país se juega, como se ha dicho, la posibilidad de continuar con las transformaciones, profundizar los cambios, corregir los errores y deficiencias, abrir espacios de participación y responder a la diversidad de demandas que surgen desde la sociedad. O entrar en un ciclo regresivo y conservador que frene y deshaga los cambios, refuerce la opción privatizadora y neoliberal, acote y evite derechos ciudadanos y sociales e inhiba la mejora del sistema democrático, e imponga criterios autoritarios y represivos frente a la expresión social y popular.

A nivel Parlamentario se produjo un buen asentamiento de los sectores progresistas y de izquierda, lo cual, precisamente, será valioso para seguir con proyectos y leyes en beneficio del pueblo y la ampliación de modificaciones en el sistema político y económico. Fue por la voluntad del pueblo.

Así también se prevé que el movimiento social y sindical, la sociedad civil, seguirán movilizados, organizados y dispuestos a exigir respuestas a sentidas demandas, como expresión también de una voluntad mayoritaria en el país.

En ese cuadro, sin duda que triunfar en la elección presidencial será un paso estratégico y un aliento a las luchas democráticas y populares y a los esfuerzos por seguir cambiando positivamente este país.

El pueblo está convocado en este balotaje a ir a votar por Alejandro Guillier, a salir a defender las transformaciones y a trabajar por cambios más profundos. En ese contexto se sitúa la enorme responsabilidad de los actores y conductores políticos y de los partidos progresistas y de izquierda.