La derecha buscará la adhesión y las condiciones para un supuesto desencanto en la población, y lo hará nuevamente limitando el diálogo.

Sergio Reyes

Periodista

Llegado el momento, si no ejercemos nuestro derecho a voto, nos volvemos iguales a quienes no desean los avances democráticos. Simplemente entonces aceptamos morir voluntariamente a nuestro destino de la pasividad, y dejar que los demás determinen nuestros caminos y nuestros deseos.

Llama la atención que desde una parte del tiempo hasta hoy, la derecha ha estado tratando de resquebrajar de alguna forma los pilares de la institucionalidad, incluso, algunos medios de comunicación, Radio Bío-Bío y Revista Qué Pasa, trataron de afectar a la Presidenta de la República en un claro afán de asfixiar la discusión política, al igual que en Brasil, asunto que a los sectores reaccionarios mundiales les interesa.

Ejemplo y correspondencia con otros países tenemos de sobra, y el caso más claro lo encontramos en las últimas elecciones de los Estados Unidos, donde Donald Trump se limitó a fraccionar y limitar los discursos políticos mostrando imágenes sólo de un nacionalismo emocional, hoy Piñera y en estas elecciones ha hecho lo mismo en Chile.

Efectivamente, una emocionalidad violenta y que se plasma y materializa al ver a Trump firmar acuerdos económicos solo en armamentos con Arabia Saudita e Israel, por más de 100 mil millones de dólares, no es de extrañar entonces cómo accede al poder: consenso para cambiar los términos de las palabras y exterminar a los otros.

Piñera, al igual que Trump, no refleja el poder, la altura, ni los fundamentos para un estadista con vocación de servidor público, lo que pretenden sólo es eliminar espacios de oxígeno que en la lucha fueron ganados por sectores progresistas radicados en  algunos países de la región.

Donald Trump se favorece con las guerras en medio oriente y los grupos terroristas, Piñera se favorece con las discusiones políticas de países hermanos, y al mismo tiempo, saca provecho con empresas pesqueras, financieras y otras.  Ambos empresarios vuelven a sacar ganancias del nacionalismo emocional.

Al mismo tiempo, estos personajes de la derecha buscan con imágenes creadas de la mentira, o de episodios con falta de veracidad, la condena moral de la población en contra de sus dirigentes sociales y políticos progresistas; nuevamente estos empresarios y sus medios de comunicación buscan un consenso para eliminar al otro.

Prueba de ello fue la falta de veracidad en acusaciones en contra del Partido Comunista de Chile, en cuanto éste se apegó a las nuevas exigencias de transparencia en la política.

La derecha ocupó su arsenal para destruir a ese partido, antes que fuera el primero en iniciar su camino hacia la transparencia de acuerdo a las nuevas leyes. La derecha trató de generar consenso comunicacional para destruir al Partido Comunista.

Donald Trump y Sebastián Piñera no están comunicando la verdad de sus políticas de consenso, porque así no restablecen las confianzas públicas. De esta forma, los intereses colectivos mueren antes para estos personajes que los intereses individuales, y que sobreviven finalmente gracias a la desconfianza política que ellos mismo han levantado.

Ya lo hemos visto en el gobierno de Piñera, el debate con los estudiantes quedó deshumanizado, solo así pudo detener, por un tiempo, la fuerza de los jóvenes al tapar cada espacio de entendimiento. Los estudiantes fueron despojados de su condición, y no fueron sujetos de equidad.

Ahora, la derecha buscará la adhesión y las condiciones para un supuesto desencanto en la población, y lo hará nuevamente limitando el diálogo, sólo así podría tapar el avance y liderazgo de Alejandro Guillier, por eso y más, es necesario votar a favor de los avances democráticos, y no morir en la pasividad.