Entrevista a Pere Camps, activista cultural barcelonés y Director del Barnasants, Cançó d’Autor, que entregó premio a la Fundación Víctor Jara.

Rubén Torres A. Periodista. ¿Qué vínculos culturales y políticos tenías con Chile?

En 1973 era muy joven pero militaba cuando el golpe de Estado y eso nos golpeó a los militantes antifascistas en Cataluña. Para nosotros fue brutal. Ahí recuperamos todos esos referentes que nos acompañaron en la resistencia. Una generación que había conocido a Víctor Jara, Violeta Parra, a Quilapayún, Inti Illimani. Seguíamos muy de cerca lo que estaba pasando en Chile porque a todo el mundo le daba esperanza la posibilidad de conseguir un socialismo desde un punto de vista democrático. Ahí conocimos el programa de la Unidad Popular cantado, que nos llegaba por casete. De hecho, el primer concierto que se hace, con (Francisco) Franco vivo, fue de Quilapayún en Barcelona. En ese concierto es la primera vez que veo miles de puños levantados. Se transformó en un concierto antifascista.

¿Qué es BarnaSants?

BarnaSants, festival dedicado a la canción de autor. Decidimos ponerle proyecto cultural para desmarcarlo de los festivales relacionados al entretenimiento. Es un proyecto porque siempre está vivo, siempre está creando. De hecho, tenemos la intención del 2018 abrir nuevos frentes. Uno concerniente con el cine, películas y documentales relacionadas con la canción de autor. Hacer un ciclo especializado en ese terreno. Y el otro frente es la creación del Ágora, que se trata de un debate para ver qué políticas culturales hay que hacer desde los municipios, desde los gobiernos, desde la sociedad civil, entendiendo la cultura como elemento de transformación social. Necesitamos un Ágora, un lugar donde debatir todas las fuerzas que estamos por la cultura, como elemento de transformación social. Debatir qué políticas hay que hacer, para a partir de eso ser capaces de empoderar a la sociedad, que sean herramientas que ayuden a la principal soberanía: la soberanía personal. Sin la soberanía personal no hay otra, es clave. La soberanía de uno como individuo es la que hace posible después la soberanía colectiva, la soberanía social, la comunal, la nacional. Pero la primera soberanía es esa.

Desde que fundas BarnaSants, ¿cómo ha cambiado el contexto político social e histórico y el proyecto mismo?

Fundo Barnasants en 1996 con un pequeño ciclo de diez canciones que en esos momentos, como en todos los lugares donde había nueva canción, los cantautores son marginados de la industria cultural. Además hay toda una política ideológica que los señala como tristes. Excepto los grandes como Serrat, Víctor Manuel y Ana Belén, Luis Llach, en catalán, la mayoría de cantautores que no tienen esa puerta, son marginados, y no hay renovación porque se apuesta por otro tipo de propuestas, y lo que es más grave, son marginados a partir de la teoría ideológica, una visión postmoderna y evidentemente neoliberal donde todo lo que sea poner en cuestión el sistema es catalogado como una cosa pesada, fuera de moda, densos. Entonces lo que hago es un pequeño ciclo de resistencia donde reivindico la canción de autor, reivindico los cantautores y logramos conciertos cada año durante ocho años, y a partir del octavo año eso crece y pasa de 10 a 100 conciertos. Ahora estamos haciendo la versión número 23 y BarnaSants ha pasado de ser un punto de resistencia a un lugar de referencia.

¿Más allá de la canción de autor qué identidad tiene o ha construido BarnaSants?

Se llama BarnaSants porque nació en un barrio de Barcelona que se llama Sants pero que hace más de 120 años era un pueblo independiente de Barcelona. Nace en un equipamiento arrancado a la especulación por las luchas populares de los ’70 y en el primer gobierno democrático de la ciudad de Barcelona que fue un gobierno de izquierdas. Ese movimiento impidió que en las cocheras de Sants -porque ahí salían los tranvías para ir a Barcelona- se hicieran pisos y eso se transformó un centro cívico. Eso lo transforma en un equipamiento del pueblo. En estos momentos el objetivo es que a 23 años esté consolidado en todo el territorio en que se habla catalán, que son los que nosotros llamamos “países catalanes” que quiere decir los lugares donde tenemos una lengua y una cultura igual, que son Las Baleares, que son la franja de Cataluña Norte que está en Francia y que es Aragón que se habla catalán. Entonces, BarnaSats depende en ese modelo reafirmar qué cultura defiende, siendo internacionalista, claro. Hay dos frases de mi autoría que son: “La Cultura es la Kaláshnikov del Siglo XXI” y “Sin cultura ganan ellos”, frases que resumen la lucha cultural que hemos asumido.

A partir de este internacionalismo, ¿cómo surge la motivación de dedicar el BarnaSants 2017 a Violeta Parra y Alexsandra Kolontai?

En la versión 2017 de BarnaSants estuvo dedicada a Chile y Violeta Parra y Alexandra Kolontai -primera mujer de la historia en ocupar un puesto en el gobierno como ministra de una nación tras la revolución rusa-. Este 2017 dediqué este BarnaSants a las mujeres, al feminismo de hecho, a Kolontai que se enfrentó con Lenin, que hizo las políticas más avanzadas porque de hecho tuvo problemas en el Comité Central del Partido Comunista. Muy amiga de Lenin, pero todas las transformaciones y políticas de Kolontai fueron hace 100 años. Rusia ahora tiene leyes por debajo de lo que ella consiguió. De hecho, en estos momentos cabía poner en valor la igualdad hombres y mujeres. Violeta en lo que es más cultural y Kolontai en lo que es más político, siendo en su similitud en su independencia hasta el día de hoy.

¿Y en estos años cuáles son los motivos?

Nosotros tenemos hace siete u ocho años los premios al activismo o la trayectoria, entonces este año habíamos decidido dar el premio a la trayectoria a Isabel Parra y al activismo cultural a la Fundación Víctor Jara. Dos referentes imprescindibles para cualquier festival, o encuentro de canción de autor. No se entiende la canción de autor sin Violeta, sin Víctor Jara, sin los grandes.

Lamentando la muerte de Ángel Parra y ahora Daniel Viglietti ¿qué conmoción provoca en BarnaSants?

El 2003, el ayuntamiento de Barcelona me pidió que preparara un pequeño homenaje a Salvador Allende, a Víctor Jara y Pablo Neruda. Entonces hicimos una exposición de un libro de fotografías y textos de Víctor Jara, fotografías de Juan Miguel Morales y textos de Omar Jurado donde fue todo un recorrido a partir de las canciones de Víctor Jara. Traje a Isabel y Ángel Parra a hacer un concierto y de hecho a partir de los murales que había visto de la Brigada Ramona Parra, se me ocurrió aprovechar el poema “España en el Corazón”, de Neruda para hacerle un homenaje a partir del poema, que me permitía acusar de asesinos a Franco y a Pinochet. Si tú le sacas lo que dice España, sirve para Chile igual. A su vez, el homenaje a Allende fue un cortometraje a partir de las fotografías del golpe de Estado y cuando triunfa el No. De fondo el discurso de Allende, se abrirán las alamedas. Fue muy emotivo.

¿De este proyecto, hay otra experiencia similar en una comunidad autónoma y cómo viven la demanda de independencia de Cataluña?

El proyecto BarnaSants nace desde la realidad catalana y desde esa realidad se abre al mundo. Es desde esa realidad que uno es internacionalista, no desde la realidad de otro. Por tanto BarnaSants es una referencia cultural que en su nacimiento y evolución pretende ser el proyecto cultural de todos los territorios que hablan la misma lengua, la misma cultura. Ya eso es un posicionamiento. Es un proyecto soberanista en general, que para mí la soberanía en singular no existe. Existen las soberanías en plural. No se puede luchar por la soberanía nacional sin luchar por la soberanía energética, la soberanía alimentaria, la soberanía social, por la soberanía lingüística. Por Las soberanías en todos los términos. Por tanto, desde el punto de vista cultural BarnaSants representa la realidad del pueblo de Cataluña, de su sociedad, de su cultura y de su lengua. Es un referente cultural de país, de territorio, con vocación absolutamente internacionalista desde el primer momento. Los proyectos como el BarnaSants son profundamente internacionalistas porque evidentemente cuando Viglietti cantaba “A desalambrar” es universal, sólo hay que traducir en última instancia a las diferentes lenguas. Así podríamos citar muchos trozos de canciones que sirven para un mapuche o para un catalán.

¿Cómo ves estas soberanías respecto a la situación de otros países como Euzkadi frente al reino de España?

Nadie duda, excepto aquellos que oprimen, que Cataluña es una nación. Es decir, los que oprimen a un pueblo o nación, no pueden reconocer que son nación porque sólo se puede reconocer desde los valores más absolutamente democráticos. Es muy difícil pedir valores democráticos a un Estado como el español. De hecho el partido que gobierna es un partido que nace y bebe del postfranquismo. Son nietos del franquismo de la misma manera que yo soy nieto de los republicanos y por tanto tengo unos valores determinados. Hablo de una reivindicación absolutamente mayoritaria en Cataluña con un 80% a favor de que haya un referéndum. Otra cosa es si se es independiente o no. El 80% está a favor de la autodeterminación, de decidir nuestro futuro en un referéndum. Hubo manifestaciones impresionantes, todas pacíficas y la única respuesta del gobierno y el Estado español ha sido: No. Los pueblos de Latinoamérica conocen perfectamente cuál es la respuesta del reino de España a sus deseos de independencia. Es un poco el “por qué no te callas” del rey a (Hugo) Chávez. El por qué no te callas es la filosofía dominante del Estado. Además con un papel del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) muy lamentable. Un PSOE que forma parte del status quo de la defensa de esas estructuras de Estado. Lo que no deja de ser un insulto a los miles y miles de socialistas republicanos que lucharon y luchan, que cayeron y están todavía en las cunetas y que nadie los ha sacado de ahí.

¿Cómo ves el futuro del movimiento independentista y la unidad de este 80% que está por autodeterminación?

Más allá de lo que yo puedo opinar de las políticas concretas que pueden hacer los ministros catalanes o el gobierno catalán, la persecución y represión contra el gobierno catalán es una represión y persecución contra el pueblo de Cataluña. Contra mí. Yo me siento perseguido porque ellos son mis representantes. Yo los he elegido y solamente desde la óptica de la ocupación político-jurídica policial se puede entender eso. En estos momentos Cataluña está bajo la ocupación político jurídica y policial del Estado español, del gobierno de España, del status quo, del enorme conglomerado de privilegios que representa la oligarquía española, la oligarquía catalana que están unidas por siempre, y el status quo que representan los medios de comunicación oficial, los partidos de la transición. No está en el ADN del Estado español un gen tan imprescindible para la civilización de los pueblos como es la palabra diálogo. El ejercer el diálogo.

¿Cuál es tu posición frente a la elección del 21 de diciembre?

Tiene que haber una respuesta unitaria del soberanismo. Soberanismo no significa sólo el independentismo. Soberanismo es todas aquellas cosas políticas y democráticas que están a favor de decidir el futuro democráticamente, pero nosotros. Sin intervención de fuera. Yo creo tiene que haber una articulación unitaria y democrática con tres hechos fundamentales: contra la represión, por acabar con el artículo 155, por la amnistía y la libertad de los presos políticos, que ya nadie puede dudar de que son presos políticos. Son rehenes del Estado, dirigentes absolutamente pacíficos que han movilizado a miles de personas y que han rechazado la violencia expresamente. Por eso es más peligroso. Es un poco como lo de Allende, era peligroso un socialismo pacífico. Si tú eres capaz de transformar democráticamente, de crear una hegemonía cultural, eres más peligroso. Por lo tanto, a diferencia de nuestros hermanos vascos, nosotros sabemos que es más peligroso el movimiento soberanista catalán que es un movimiento pacífico, que está desarrollando una hegemonía cultural que permite que el soberanismo sea inmensamente mayoritario. Lo cual no significa que el independentismo lo sea. Es un momento excepcional el 21 de diciembre que está convocada esa elección. Veremos realmente hasta dónde llega el ADN democrático –si es que lo hay- del Estado y gobierno de España, con los resultados de ese 21 de diciembre. No hace falta que haya una lista única, pero sí que tendría que haber unos puntos únicos. Tenemos que ver cómo las fuerzas soberanistas en sus programas políticos tienen que tener cosas básicas muy claras. Primero referéndum de autodeterminación, eso sigue siendo el objetivo fundamental. Es decir la correlación de fuerzas que hay en Cataluña no permite una salida unilateral. Porque sin apoyo externo es muy difícil la salida unilateral. Necesitas mucha más fuerza de la que tienes. Podríamos decir que es la correlación de fuerzas la que manda. ¿En dónde tenemos más fuerza? En el derecho a la autodeterminación y el derecho al referéndum. Ese tiene que ser el primer punto. Segundo. La supresión del artículo 155 y tercero la amnistía de toda la política represiva que ha articulado el Estado. Esos tres puntos tendrían que ser el mínimo común denominador de todas las fuerzas soberanistas para el 21 de diciembre.

¿Cataluña pretende ser un modelo de Estado pequeño en una nueva Europa?

Yo creo que no tiene que ser la Europa de los Estados, sino que la Europa de los pueblos y de los trabajadores. Creo que es muy importante cambiar el paradigma. Que haya una unión de Estados de Europa es muy cómodo para viajar sin tener que sacar pasaporte -si eres europeo. Eso está muy bien porque es un elemento de comunicación, no hay que despreciarlo, el conocimiento y las empatías generan comprensiones y buenas ondas entre la gente. Pero no es suficiente. Las políticas de las oligarquías europeas en su conjunto, las políticas austericidas que van contras las conquistas históricas de los trabajadores y trabajadoras. El no reconocimiento de las culturas de los pueblos. Hay que plantearse otra Europa, la Europa de los pueblos, de las clases populares. Es la mejor manera de combatir los neofascismos, el no reconocimiento de las culturas.

Eso, a 100 años de la revolución Rusa.

Es que Europa no sería lo que es, las conquistas de las clases populares sin la existencia de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). De hecho, desde que cayó el muro los recortes han sido constantes. El capitalismo no tiene ya miedo a ningún freno. La Unión Soviética de alguna manera hacía de equilibrio y ayuda a las conquistas, las propuestas y reivindicaciones sociales. Todo eso se está acabando porque no hay equilibrio. Yo no me considero nacionalista, soy independentista porque creo que el capitalismo es de tal magnitud global que necesitamos instrumentos más internacionales y poderosos para cambiar eso globalmente. Pero hay una serie de políticas concretas que es más fácil de cambiar en lugares pequeños con capacidad de incidencia y cambio. Lo que se trata es de repartir qué competencias tienen, si un municipio tiene competencias en educación es mucho más fácil presionar ese municipio para que la educación llegue a todo el mundo, que si la estructura de esa decisión está mucho más lejos. Desde el punto de vista de las soberanías es mucho más fácil incidir en territorios más pequeños.

¿Ha surgido la idea de Balcanización de España con la independencia de Cataluña?

Claro. Había una serie de intereses en la destrucción de la antigua República Yugoslava, que además tenía un articulado federalista donde los pueblos tenían derecho a la autodeterminación –si no me falla la memoria. El soberanismo es mayoritario en Cataluña y tiene muy claro que nosotros conquistaremos las soberanías a partir de la democracia, a partir de los movimientos pacíficos. Lo que está claro también es la hipocresía de Europa, cuando hay intereses de por medio se puede ser independiente, cuando no, no se puede. Si a la oligarquía europea le interesara que Cataluña fuera independiente, lo seríamos hoy en día con los mismos porcentajes que tenemos. Cataluña lleva 500 años luchando, como los mapuches. Hace 500 años empezó un dominio por parte de la corona de Castilla. Las leyes de unos territorios no eran las mismas que de los otros. Entonces Cataluña no comercia con Latinoamérica hasta 200 años después de Colón. Es decir, no existe España. España es una apropiación de Castilla. No tendría que explicar muchas cosas más que la lengua se llama castellano y la mía catalán. No tengo nada contra el castellano. Sí que lo tengo cuando se ha transformado en español y me lo han impuesto. En la historia, ya a mitad del Siglo XVII los catalanes se levantan de nuevo, en la guerra de los Segadores (1640 y 1652) -que es como se llama nuestro himno- se levantan por la independencia y nosotros perdemos una parte de nuestro territorio que pasa a manos francesas.  Apenas 50 años después Cataluña vuelve a pretender diferenciarse de lo que sería Castilla en la Guerra de Sucesión, que además es una guerra europea. Y ahí en 1714 perdemos la apuesta por los Austrias y los Borbones entran a sangre y fuego. Prohíben la lengua y empiezan a haber nuevas leyes para acabar con nuestras constituciones. Aún así, nosotros hemos seguido defendiendo la lengua, la cultura. Somos uno de los pocos pueblos que todos los catalanes de origen catalán hablamos nuestra propia lengua, a pesar de las prohibiciones. Hay una voluntad de resistencia centenaria. Son pocos períodos donde ha podido florecer el catalán en su máxima expresión, como durante la República y ahora en estos 40 años.

Actualmente se los culpa de poco solidarios con otras regiones de España más pobres.

Claro. Además está la matraca reaccionaria defensora de privilegios que sostiene que nosotros nos queremos ir porque somos insolidarios. Nosotros hace 500 años que nos queremos ir. Hay una cosa fundamental. No hay patrias pequeñas ni grandes. El concepto de patria de (Simón) Bolívar no es el mismo concepto que tiene la Guardia Civil en España. La palabra libertad que grita (José María) Aznar no es la misma palabra libertad de Atahualpa. Hay una manipulación constante de los términos. Entonces, cuando hay una cierta izquierda anclada en el dogmatismo trasnochado que habla sobre la no existencia de las patrias y el internacionalismo, si fuera consistente rompería los pasaportes y pediría ser apátrida. Y a partir de ahí tendría autoridad moral para decir que la izquierda no puede defender los derechos nacionales de un pueblo. Pero la izquierda formadora que defiende todas las soberanías no puede estar ausente del combate por los derechos nacionales y culturales, y lingüísticos de los pueblos, porque si la izquierda es algo, es pueblo.