Esta elección no se trata de la derecha vs la izquierda, se trata de la continuidad de un proyecto de gobierno que busca garantizar los derechos de cada familia.

Víctor Pino

Periodista

Un pueblo que logró luchar y defender sus conquistas a través de las voces en las calles, que disputó y ganó las elecciones eligiendo a uno de los suyos frente a la oligarquía que dominaba la política y ocupaba los principales cargos eleccionarios puede transformarse en el cómplice de sus propios males.

Así se podría definir los resultados del movimiento, impulsado por la derecha en Brasil, que logró retirar la presidencia de Dilma Roussef y acabar con lo que fue el único gobierno de izquierda en el gigante latinoamericano, marcado por sus políticas de inclusión y generación de oportunidades.

También así se podría definir cada uno de los ciudadanos chilenos que este 19 de noviembre preferirá votar por el proyecto empresarial del ex presidente, o aquellos que con un buen asado dejarán de lado su derecho a elegir, en manos de quienes pueden revertir cada una de las conquistas del gobierno de la presidenta Michelle Bachellet.

En Brasil, donde el voto es obligatorio, el gobierno del PT, iniciado por Lula el 2003, generó becas en universidades particulares a través del PROUNI, garantizando el acceso a la educación superior, e impulsó la industria a través de proyectos tan innovadores como el traslado de agua hacia los campos desérticos del sertao (obra inaugurada por el actual gobernante).

En el gobierno anterior brasileño más de 20 millones de personas dejaron la línea de la pobreza gracias a Bolsa Familia, que aseguraba ingresos mínimos a las familias necesitadas, pero ahora el pueblo se calla cuando su Congreso aprueba la tercerización plena, que permite que la principal petrolera del país deje de ser accionista principal de proyectos ya licitados de perforación y que genera empleos de 800 pesos la hora, sin la garantía de que los trabajadores alcanzarán el sueldo mínimo a fin de mes.

Chile también tuvo muchos avances, recuperó la gratuidad perdida hace tantas décadas, el sueldo mínimo superó la inflación, las regiones más aisladas recibieron recursos adicionales, una nueva Constitución se asoma en el horizonte y la derecha aparece puntera en cada una de las encuestas realizadas…

El sentimiento generado por la marcha de los pingüinos, ahora profesionales, se marchitó frente a los créditos estudiantiles, el derecho de muchos ahora es un peso tributario para quienes no miran más que en sus cuentas de ahorro en la AFP.

Hay quienes aún creen que el libre mercado es la respuesta a sus problemas, ojalá que si llegan a enfermarse lo hagan en Cuba, no en Estados Unidos; que si sus hijos quieren estudiar medicina puedan solventarlos en Argentina, que disfruten su embarazo en Suiza, y cuando llegue la hora de jubilarse, que su jubilación alcance para la medicación y no tenga que depender de un subempleo y de la caridad de un Estado que podría ser encabezado por un nefasto gabinete de formalizados.

Esta elección no se trata de la derecha vs la izquierda, se trata de la continuidad de un proyecto de gobierno que busca garantizar los derechos de cada una de las familias en nuestro país, o de la vuelta de las empresas que escriben proyectos y recurren a la colusión y a las boletas ideológicamente falsas para generarle ganancias a sus accionistas. Algunos de ellos parientes del que promete tiempos mejores (para sus parientes).