Con esta histórica votación, se termina con un experimento autoritario y mercantilista con la educación de nuestras niñas, niños y jóvenes en edad escolar.

Walter Manuel Molina Chávez

Doctor en Ciencias de la Educación y Postdoctorado en Ciencia Sociales.

En la edición de El Siglo del 6 de febrero del 2015, destacábamos la reciente aprobación de la Ley 20.845 de Inclusión Escolar (que eliminó los mecanismos arbitrarios de selección de estudiantes y prohibió el lucro en establecimientos que reciben aportes del Estado).

Por esta vía legal se terminaba así con parte del “legado dictatorial” en materia educacional y se restituía el derecho a una educación escolar de calidad y gratuita para todas las y los chilenos en el contexto del segundo gobierno de la Presidenta Michel Bachelet.

Para celebrar estos avances democráticos y ciudadanos, en esa oportunidad lo hicimos recordando que en 1971, hace ya 46 años, el famoso pintor chileno Roberto Matta (1911-2002) pintó con la ayuda de la Brigada Ramona Parra (BRP) un hermoso mural de casi 25 metros en la populosa comuna de La Granja, el cual ha sido restaurado luego de ser cubierto con cal por instrucción militar, evidencia de una trágica historia de censura dictatorial e intentos de borrar esa obra de arte urbano-popular, que a su vez había surgido de una invitación del entonces Presidente Salvador Allende, en un intento por plasmar el reciente triunfo de los sectores populares con una obra artística monumental.

Este  provocador nombre, “el primer gol del pueblo chileno”, hacía  referencia a un metafórico partido de fútbol en el cual el pueblo le hacía un gol a una sociedad que junto con negarle al pueblo sus derechos sociales fundamentales (educación, salud, vivienda, acceso al arte, seguridad social y pensiones dignas) le había negado sistemáticamente su protagonismo en los cambios sociales que el Chile de la época buscaba por diversos caminos. En este contexto, hoy día nuevamente podemos gritar: gol de Chile! y más precisamente, gritar el segundo gol del Chile democrático en un contexto de post-dictadura. Ello, tras la aprobación unánime del proyecto de ley que traspasa los colegios municipales al Estado, este histórico y significativo avance para la Educación Pública chilena ocurrió en la sesión del martes  3 de octubre del 2017 en el Senado de la República de Chile.

Con esta histórica votación, se termina con un experimento autoritario y mercantilista con la educación de nuestras niñas, niños y jóvenes en edad escolar  y que se expresó en la dictación de un conjunto de decretos y leyes complementarias que a partir enero de 1980 permitieron implementar un proceso de Municipalización de la Educación Escolar en Chile y que durante 37 años conocimos y sufrimos como educación municipal. Esta educación municipal significó para el país un deterioro progresivo no sólo de la calidad de la educación pública sino además una precarización de las condiciones laborales y profesionales de los docentes, una educación con mínimas garantías de estabilidad financiera y transparencia administrativa que permita proveer un servicio educativo acorde a las expectativas familiares y que contribuya a un desarrollo integral e inclusivo para todos  los niños, niñas y jóvenes del país. A partir de ahora, se comienza a estructurar una Nueva Educación Pública, que permitirá el traspaso progresivo al Estado de Chile la administración de los cerca de 5.500 colegios municipales, a través de la creación de 70 Servicios Locales de Educación, que son órganos públicos, funcional y territorialmente descentralizados y que se relacionarán con el (la) Presidente de la República a través del Ministerio de Educación.

De este modo, podemos decir, repetir y parafrasear una vez más, junto al recordado Roberto Matta, que el pueblo chileno ha vuelto a marcar un  gol a las injusticias sociales y un gol olímpico al “legado pinochetista” en educación. Todo esto, en un largo partido simbólico-imaginario, y que después de 37 años se comienza a recuperar progresivamente la educación como un derecho social y como responsabilidad del Estado chileno, lo cual se fue diluyendo en todos estos años de municipalización y alcaldización de la educación escolar.

La recuperación de la Educación Pública y el rol rector del Mineduc, forma parte de las transformaciones más profundas de la educación chilena, en donde el Estado a través del Gobierno de la Presidenta Bachelet adquiere un nuevo protagonismo asegurando condiciones de equidad y restableciendo derechos sociales, por ello el conjunto de profundas y fundamentales transformaciones inspiradas en estos principios será recordado y registrado en la historia como el periodo más transformador de las últimas décadas de vida democrática. Hecho que sin duda nos llena de orgullo en el presente y nos inspira para avanzar en la construcción de una sociedad genuinamente igualitaria, con más justicia social y más profundamente democrática en el futuro.