Entre los signos hegemónicos patriarcales de la Escritura Feminista en dictadura, transición y democracia en Chile (1987 – 2017).

Carmen Berenguer

Escritora

Se cumplen 30 años del Primer Congreso de Literatura Femenina en Chile (1987) Bajo el lema Mujer  Cultura y Contracultura. Cabe señalar que este evento fue realizado bajo dictadura.

Esta situación hizo necesaria una reflexión e interrogación a la cultura en Chile. De tal modo que fuera una lectura importante a los modos y medios de producción en la historia de la literatura nacional. Para observar en ella, los signos hegemónicos patriarcales en el que se ha desarrollado la escritura hasta  hoy.

Realizar un Congreso  hacer una inflexión a la historia de la literatura escrita por la mujer en Chile. Pensar desde un Chile en dictadura, en el que estábamos obligadas a escuchar la voz de un patriarca durante 17 años. Y esto ocurrió hace 30 años.

Proponer una actividad en una casa de ejercicios de monjas en Ñuñoa en la calle Crescente Errázuriz. Presentarla en un teatro de la disidencia. ICTUS, proponer hablar dialogar sin academia, pero convocar a académicas en el exilio desde las Ues en los departamentos de español en USA.

Leer el libro ‘La Sartén por el Mango’ que apelaba a la cocina latinoamericana, la liberación de la mujer, en Puerto Rico.

Leer textos y ponencias de escritoras de Nicaragua como  Rosario Ferré,  Fue un primer Congreso en el que participaron destacadas escritoras y académicas como la chilena Eliana Ortega. Es decir ese es su antecedente a este primer Congreso de Escritoras en Chile, pensarlo solamente era un desafío dada la situación de pobreza imperante en el que  desde el margen cultural, sin duda, desde esa franja entre centro y periferia con que pretendimos organizarnos y hacer política y reunirnos a pesar de la prohibición ya habíamos asumido otras formas de desafiar la autoritaria academia chilena de la época.

En 1986, un grupo de escritoras y críticas plantean la idea de organizar un “Congreso internacional de literatura femenina latinoamericana” como gesto que hacía más elocuente aún la disidencia de la mujer escritora en Chile en un espacio autoritario. Para ello hubo que revisar estrategias generalmente puestas más en prácticas políticas que literarias, como salir del encierro, como escenificar el espacio público, (medios ) como racionalizar discursos inquietantes como la crisis entre logoscentrismo y periferia frente al poder de los centros del saber académicos.

Es decir la formulación por una crítica y lectura posestructuralista y el sicoanálisis, cursados en el campo intelectual dieron lugar a un nuevo mapa de lecturas e interrogaciones como los binarismos: centro y periferia, femenino-masculino, heterosexualidad-homosexualidad, dando lugar a relecturas de las crisis internacionales posteriores; como la caída del muro, modernidad – posmodernidad, mientras el modelo económico neoliberal de mercado en chile ya estaba en marcha.

Desde esa perspectiva, el razonamiento de la época venía cursada a partir del margen y basada en toda una práctica de ese margen, práctica  política literaria y cultural de la mujer escritora.

Al mismo tiempo, ese rostro y slogan del afiche, expresaba una idea mestiza frente a los centros del saber, ya sea norteamericano o europeo. Así, leer las estrategias del poder basado en la carta que Sor Inés de la Cruz enviada a Sor Filotea, utilizando todos los recursos del débil, subalterno frente al poder y la noción de un saber profundo en su condición de mujer y escritura, fue un hallazgo para algo que ya conocíamos, pero que en una re-lectura acerca de su discurso no hacía más que reafirmar nuestra estrategia.

Otro paso esencial del Congreso fue leer y hacer ejercicio de la crítica sobre un corpus de obras recientes y de ayer. Releer  a Gabriela Mistral, Marta Brunett, María Luisa Bombal,  y el doble esfuerzo de escribir en un espacio ocupado y que no tiene destino, a menos que se piense en disputar el campo negado y en el que se requiere estrategias no solo en la creación literaria sino en una práctica política necesaria. Porque: las genealogías son masculinas y políticas, ese ha sido el doble esfuerzo de escribir.

Luego, comprender lo que había ocurrido en el país como parte del proceso de mi escritura en medio de las reflexiones del evento, significaba nuevas claves e inquietantes soportes de lectura que ampliaban saberes.

No habría podido construir las claves entre encierro cárcel angustia y escritura en mi primer libro ‘Bobby Sand desfallece en el muro’ en el año 1981  que a no ser por el resquicio de la letra para reinventarla especialmente bajo el amparo del lenguaje como franquicia otorgada por sus signos como forma de resistencia. No habría podido describir la lucha del pueblo irlandés en Chile, con la distancia que me fue otorgada, no habría señalado la metáfora del hambre en Chile y en Irlanda.

No habría podido sujetar la memoria de pérdidas y castigos. La poética del libro en ‘Huellas de Siglo’ en 1986, da cuenta de la caminata de una mujer en la calle, a través de un lenguaje procaz, suelto tal vez, presagiando el encuentro con la palabra y la mujer.

No obstante, en las esferas del Congreso, nos dimos el espacio para dialogar acerca de la mujer como sujeto de habla y producto de esa reflexión, no solo como sujeto de habla sino como cuerpo de texto.

Durante y posterior a la conferencia, su curso ha sido reprocesar con más oprobio la sensación única de autonomía. Pensando, claro está, en la lengua como madre, pensando precisamente en el Poema de Chile de Gabriela Mistral, donde la apelación a la madre-lengua-nación es interceptada por la vocal de la hija.

En resumen, el espacio cerrado logrado en el tiempo congresal ha sido un hito para poner el tema de la literatura femenina en el país. Tema hasta el día de hoy debatido en sus diversas esferas, político, social y cultural. Nada se nos ha regalado, ha sido conseguido a través de muchas luchas.

Mirado a 30 años, creo que ha sido relevante, especialmente porque esa práctica me dio las armas para mantener un vigor crítico en la sociedad.

Nada me era ajeno, había estado cerca de las mujeres que peleaban por encontrar sus esposos e hijos, buscar su familia fracturada por la necedad.

Como escritora, mis preocupaciones están alertas frente al periodo demasiado largo de la transición chilena y aún me preocupa el problema ético y moral de pensar que Pinochet no haya sido sometido a juicio y castigado. Me preocupa la moral que se aplica a la mujer en Chile, en lo que respecta a los debates sobre el aborto, divorcio, la violencia intrafamiliar. Temas propios de la mujer, quien no es tomada en cuenta a la hora de legislar.

El Congreso fue efectivo por todo lo expuesto anteriormente, pero sobre todo por enfatizar la escritura, gay quir, la diversas formas que los indigenas sospechan de los discursos wincas que los han traicionado y marginado. Desde allí se ha modificado el y los conceptos del lenguaje ya no se puede decir indio, maricón, puta, negro, por no decir moreno, amarillo sin pensar lo que la ley en la cadena de signos y sus redes múltiples de construcciones  simbólicas opresoras de control  por medio del lenguaje crean realidades racistas. Sabemos de lenguaje y de la cadena de signos, tan bien usado por Gabriela Mistral, Winétt de Rokha, Marta Brunet, Violeta Parra, Guadalupe Santa Cruz Virginia Vidal, entre muchas, hemos sido desconstructoras del lenguaje patriarcal.

Stella Díaz Varín, decía: “Las penas son de nosotras las vaquitas son ajenas”: Citaba el canto social de Atahualpa Yupanqui, y le iba dando una nueva lectura de pendiendo del contexto.

Dentro de los efectos importantes del Congreso: surge la crítica feminista, autoras como Raquel Olea, Nelly Richard, Olga Grau, Soledad Bianchi, Eugenia Brito, kemy Oyarzún, Gilda Luongo, Cecilia Sánchez y Alejandra Castillo, han formulando las preguntas de si una firma de mujer autoriza un texto femenino. Existe verdaderamente la poesía de la mujer? Existe una identidad femenina? Debate hoy a la luz de la teoría desconstructiva de Derrida que pone a temblar los supuestos estables de la filosofía occidental fundada en el logocentrismo.

Escribir es doblar el discurso ampuloso de la historia  Escribir es redoblar el chirriar  de las cadenas  y grillos de las leyes que rigen el canon..

Mi pluma trabajadora aborda mi escritura por algunos puntos que la componen: fractura, censura, estética, ética:  son parte de una política de la lengua como estrategia en el renombrar; redecir, los soportes que han hecho posible la censura del patriarcado en los discursos de la institución literaria.

Así mi hacer en la escritura, ha sido denunciar las prácticas políticas del poder patriarcal y sus medios que constituyen el poder hegemónico que atenta a la lectura plural literaria. Desde esa perspectiva, cada palabra, verso, estrofa, fragmento, forma, espacio, revisa su composición histórica, su génesis y se recompone en un lenguaje que apunta a su desciframiento, en la observación que existe una genealogía masculina de censura; para preservar su estar en un espacio de privilegio.

Este espacio, le ha permitido establecer una estrategia y una política falogocentrista, en el campo literario.

De tal modo que estas reflexiones  teóricas en conjunto con otras, sea una sumatoria a su propuesta relacional entre la política y el feminismo cercana a una tradición activista del y los movimientos subversivos que la mujer desde una tradición cultural y social basada en sus luchas políticas, está posicionándose  en pensar desde chile un aporte feminista y plural desafiante a las prácticas opresoras colonialistas basadas en el neo capitalismo salvaje y neoliberal que se ha instaurado en gran parte del mundo.

Conmemoro en esta reflexión las batallas en las letras que la mujer ha venido sosteniendo en Chile desde comienzos del siglo XX: las fe de ratas hacia las mujeres en la literatura, comenzando por Gabriela Mistral con doble silencio, silencio y falta grave por escribir y por su condición sexual lésbico. Secreto urdido en los pantalones de la sacra poesía chilena, resguardado por una curia moralista su secreto sexual por pecaminoso, que la revistieron de madre celestial en la capucha simbólica de la historia chovinista y clerical. Representada por la curia vaticana sin sotana en la crítica de la época incluyendo el sector conservador de la izquierda, la crítica de los medios y las educación chilena hasta las aulas, auspiciada por un cierto progresismo marcó su pluma, que al parecer el mercado neo liberal literario y sus ganancias económicas paradojalmente, la sacó del archivo secreto de la cultura chilena.

El libro de los archivos secretos negros de las escritoras mujeres se está escribiendo, es una sucesión de siniestro recuento de humillaciones, entre muchas palabras que son parte de la lucha política de las mujeres se han politizado, pena, castigo, humillación, en la cultura detallada de omisiones.

Finalmente, vuelvo a reiterar este suceso, que desde  1986, un grupo de escritoras y críticas plantean la idea de organizar un “Congreso internacional de literatura femenina latinoamericana” como gesto que hacía más elocuente aún la disidencia de la mujer escritora en Chile en un espacio autoritario. Para ello hubo que revisar estrategias generalmente puestas más en prácticas políticas que literarias, como salir del encierro, como escenificar el espacio público, (medios ) como racionalizar discursos inquietantes como la crisis entre logoscentrismo y periferia frente al poder de los centros del saber académicos. Es decir la formulación y pregunta por los binarismos: centro y periferia, femenino-masculino, heterosexualidad-homosexualidad. Entonces qué reflexión, que se ha dicho, que ha sido de la mujer escritora, después de 30 años, es cuestión de revisar el archivo literario y cultural del periodo hasta aquí.