Vecinos de la Villa Jardines de San Joaquín 2 se hicieron parte del recurso de protección y esperan que Gobierno garantice un plan de seguridad, antes de derribar paredes.

Osciel Moya. Periodista. La abogada de DD.HH. y candidata a diputada por el distrito 10, Julia Urquieta solicitó a la Corte de Apelaciones de San Miguel una orden de no innovar para suspender el derribamiento de los muros de los pasajes de la población La Legua de Emergencia, mientras no se garantice un plan de seguridad a la vida e integridad física y síquica de los vecinos y vecinas.

La acción es en favor de los pobladores de la Villa Jardines de San Joaquín 2, que son los afectados directos de las balaceras entre bandas de narcotraficantes, y quienes se hicieron parte del recurso de protección interpuesto el 12 de octubre pasado.

“El hecho que se derriben estos muros ponen en riesgo la integridad física y síquica de estos pobladores, porque ellos están directamente en la línea de fuego de las balaceras que se están realizando desde la Legua de Emergencia. El gran peligro, y lo que ellos sienten, es que al derribarse estos muros les llegará mayor número de balas, lo que les genera mucha angustia porque se pone en riesgo su vida”, afirmó la abogada.

La profesional explicó que la orden de no innovar busca que no se derriben los muros,  hasta que la Intendencia Metropolitana y el Ministerio del Interior, den garantías de un plan de seguridad para proteger a los vecinos frente a la posibilidad que se intensifiquen las balaceras.

“El Estado debe garantizarnos nuestra seguridad. Estamos pidiendo que no boten los muros, mientras no hagan una intervención como corresponda dentro de la población. En más de 10 años no han hecho nada y esperan botar los muros, mientras nuestras vidas y la de nuestros hijos están en riesgo” señaló una de las pobladoras que se hizo parte del recurso de protección.

Este lunes, los vecinos de la Villa Jardines de San Joaquín 2 realizaron una protesta exigiendo al gobierno un plan de seguridad integral que les permita vivir sin riesgo a caer por el fuego cruzado entre narcotraficantes.