El presidente del Comité de DDHH de la población, Paulo Álvarez, dijo que “no podemos seguir con una política de la espectacularidad”.

Agencias de Noticias. Santiago. En entrevista con radio Cooperativa el presidente del Comité de Derechos Humanos de la población La Legua de la comuna de San Joaquín, Paulo Álvarez, se refirió a las políticas públicas que se han implementado para aumentar la seguridad en el sector producto de la seguidilla de hechos de violencia que se han desarrollado en el lugar.

El dirigente dijo que el plan de seguridad que se implementó en 2001 en la población fue un “fracaso”, porque explicó que la fuerza policial se dedica a controlar a los pobladores y no a los delincuentes.

Señaló que “la presencia de Carabineros de Chile es casi militarizada y las 24 horas, pero ¿a quiénes son a los que ellos controlan? Fundamentalmente a los pobladores que no tienen nada que ver con las situaciones de violencia que el narcotráfico ha generado, o sea, desde el punto de vista policial, (el Plan de Intervención) fracasó absolutamente”.

“Por otra parte, una situación que muy pocos dicen o colocan la atención, es que (con el plan) el narcotráfico no solamente no se ha contenido, sino que ha elevado sus indicadores en todo sentido”, aseguró.

Además, Álvarez, afirmó a Cooperativa que la violencia “es una situación que viene de hace mucho tiempo, y sobrepasa incluso el inicio del plan de intervención que se empezó a ejecutar el 23 de septiembre del 2001; por lo menos hay visos de esto desde finales de la década de 1980, y se intensifica en la medianía de la década de 1990”.

“La violencia criminal narcótica ligada a este tipo de expresiones, como las balaceras, ha tenido intensidades disimiles en estos últimos 25 años, pero han tenido una presencia evidente y cada vez más transgresiva en el contexto del Plan de Intervención”, recalcó en la entrevista radial y añadió que “a eso se tiene que adicionar la violencia con que Carabineros de Chile y Policía de Investigaciones han actuado, generando una especie de trampa social y humana a la comunidad no sólo de La Legua sino también de sectores aledaños a la población”.

“El más perjudicado es el poblador que sale cotidianamente a ganarse el pan de cada día, o que desarrolla distintas actividades socioculturales y que están atrapados en verdaderos cercos sociales”, destacó el activista.