La hinchada nacional hizo que la selección se convirtiera en la más sancionada por la FIFA producto de los cánticos discriminatorios.

Daniela Pizarro. Periodista. Ni en las peores pesadillas de los chilenos estaba el hecho de que la denominada “generación de oro” se quedaría sin ir al mundial de Rusia 2018, después de vivir las gloriosas experiencias de ser campeones de América en 2015, de la versión centenario de 2016 y de ser subcampeones de la Copa Confederaciones de Rusia 2017.

Excelentes participaciones que hizo que la moral de los jugadores y de los chilenos en general estuviera en las nubes. No más basta con recordar el paso de la selección chilena por el estadio de Lima, donde la “roja” después de ganarle a la selección peruana -precisamente en el marco de las clasificatorias rumbo a Rusia- dejó escrito en los camarines: “Respeto, por aquí pasó el campeón de América”, como respuesta a las pifias que lanzaron los hinchas limeños en el momento que se entronó el himno chileno.

Una suerte de soberbia que se fue acumulando con los triunfos, pero que fue desplazando la rigurosidad, el trabajo y el esfuerzo. Los futbolistas, hinchas y comentaristas comenzaron a hacer gala de la excelencia de la selección, de la garra de nuestros deportistas y del momento crucial que significaba el entonar la canción nacional en tierras foráneas. El nacionalismo se fue entintado con un chovinismo que hizo mirar a todos los rivales como inferiores, lo que se tradujo en una baja en el rendimiento del equipo y llevó a la hinchada a ser más agresiva, donde el insultar se volvió más importante que alentar.

Es por ello que Chile se trasformó en el país que más sanciones acumuló de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA). Fueron doce las ocasiones en las que se castigó a la asociación nacional por los cánticos homofóbicos y discriminatorios que los hinchas lanzaron tanto a nivel local como de visita. A causa de eso la selección no pudo jugar más en el Estadio Nacional y se tuvo que cambiar la locación por el Estadio Monumental.

Además, se multó a selección por salir retrasado a la cancha ante Paraguay con 5 mil francos suizos (más de $3.3 millones). Y con 35 mil francos suizos ($23.178.808) por los cánticos homofóbicos en el partido con Bolivia en La Paz.

En total, la federación chilena pagó 253 mil francos suizos, equivalente a casi $167.550.000. De ellos, cerca de $162.250.000 han sido por homofobia y discriminación proveniente de la hinchada nacional.

Gritos que para muchos forman parte de la “pasión” por el fútbol, pero que al igual que la violencia que se generaba antaño en los estadios poco tiene que ver con la gesta deportiva. Si bien en los recintos deportivos ya no se ven peleas internas de las barras por la disputa del bombo o fanáticos entrando a la cancha para destruirla, porque se elevaron las medidas de seguridad, se endurecieron las penas y además se subió el valor de los tickets, ahora es la violencia simbólica la que prima.

El público ahora es otro, lo jugadores en la cancha se quejaron insistentemente de la falta de aliento, labor principal de la “marea roja” y en varios partidos se vio al capitán Claudio Bravo con el ceño fruncido mirando hacia las graderías pidiendo el apoyo de los fanáticos.

Como sea, estas clasificatorias serán imborrables para Chile, tanto por el resultado como por las cantidad de millones desembolsados por tener una barra insolente.