Que se terminó “un ciclo de gloria” de la selección chilena, lo sienten todos. Síntesis de un fracaso camino a Rusia; a pensar en Qatar.

Miguel Fernández. Valdivia. Ya se hablará de eso. Pero se sabe que canales de televisión y empresas chilenas de varios rubros tendrán pérdidas multimillonarias por la ausencia de la selección de fútbol en el Mundial Rusia 2018. A parte de cientos de chilenos que ya habían comprado “paquetes” de avión y hotel para estar en la principal gesta futbolera del mundo.

En lo futbolístico, y sobre todo entre la hinchada -algunos no están ni ahí con lo ocurrido-, hay “una sensación de mierda”, como lo describió el arquero nacional y capitán del seleccionado, Claudio Bravo. Sobre todo, porque con dos copas América en las manos, un excelente desempeño en la Copa Confederaciones, y varios partidos para no olvidar (triunfos ante Brasil, Argentina, España, México…) todo apuntaba a que Chile no se perdía el Mundial 2018.

Era una “época dorada”, la “selección de los sueños”, “la generación brillante” y que terminó -todo termina- con un fracaso no solo en el 3-0 propinado por un sólido, bien plantado y sereno Brasil, sino con derrotas anteriores impensables, como aquel partido ante Paraguay. El fin de un “ciclo de gloria”.

En el análisis técnico, recogiendo diversos comentarios de especialistas, dos factores se repitieron en el juego de la selección chilena: falta de efectividad a la ofensiva, y errores claves en la defensa, atrás. Es decir, falta de gol, y fallas que permitieron que el adversario anotara.

Pero además, si se revisan bien las imágenes televisivas, en muchos momentos se vio a los jugadores desconcentrados, reclamando por todo, fingiendo, apostando a lo extra futbolístico. Claro, cuando las cosas iban mal. Porque hubo también momentos aguerridos, de empuje, de echarle ganas. Pero no se materializaba en lo que es gravitante en el fútbol: anotar goles, evitar goles.

Fuera de las canchas, las sombras de borracheras, choque de autos, manejo en estado de ebriedad, conflictos internos. Que influyó, capaz que sí.

Para el pueblo la decepción y la tristeza es enorme porque, como muy pocas veces en la historia del fútbol chileno, había una enorme expectativa. La verdad, hasta como la mitad de las clasificatorias al Mundial (¿volveremos a decir eliminatorias?), todo el mundo daba por hecho que Chile viajaba a Rusia. Era también una percepción en otros países, que Chile tenía con qué. Quizá tenía, pero no pudo. “Nos complicamos” aseveró Bravo.

Siempre en estos casos se alude “a la actitud” de los jugadores y la verdad es que hubo de todo. Desde cierta soberbia (que se metió en la hinchada) hasta los que se “rompieron el culo”. También al desempeño técnico, donde claramente Chile tuvo un bajón de aquellos, perdiendo varios partidos y saliendo de la cancha sin anotar goles.

Ojalá que ahora el relato no se centre en el tercer lugar del Mundial de 1962, en las dos Copas América, en las palizas a otros equipos, en un lloriqueo nostálgico y patriotero, y el énfasis de coloque en seguir fortaleciendo lo que quede de esta selección -aunque nada importante tendrá que hacer hasta el 2019- y en preparar a nuevas generaciones que tendrán que asumir los nuevos desafíos, empezando por la Copa del Mundo 2022 en Qatar.