Dudas sobre el nombre que debería tener el muñeco inflable -este con fines electorales, no sexuales-  que creó el comando piñerista.

Patricia Ryan. Santiago. El comando de Sebastián Piñera no encontró nada más entretenido que crear un muñeco inflable -este con fines electorales, no sexuales- que semejara al magnate, para salir a hacer campaña.

Lo bautizaron como “Piñerín”, queriendo darle un tono infantil, tierno, adulador y supuestamente gracioso al muñeco representativo del candidato de la derecha. A pesar de que son conocidos los malos y desafortunados chistes de Piñera, su poca gracia -menos cuando baila-, sus enojos y manía gesticulación que de ternura no tiene nada.

Es probable que “Piñerín” se inscriba en la eterna lista de “piñericosas” y de hecho ya lo están maltratando en las redes sociales. Capaz que termine desinflado como el patito gigante amarillo que deambuló en estos días por la Quinta Normal y el puerto de Valparaíso.

Dado el historial de Piñera, lleno de acusaciones e investigaciones por irregularidades financieras, el muñeco inflable debió llamarse “Pillerín”. La gente lo habría entendido mejor, se habría producido una verdadera empatía entre cómo ve la gente a Piñera y su muñeco plástico. Hasta habría provocado más sonrisas.

“Pillerín” representa lo que es Piñera, grafica cómo lo ven, y habría sido una fiel representación del magnate. Muchos se habrían reído. Aunque no es tarde, porque el muñeco inflable de Piñera se puede rebautizar.