Un hombre polifacético: médico, comandante guerrillero, ministro, escritor, diplomático, internacionalista.

Hugo Guzmán. Periodista. Cuentan que sonrió y reconoció que en algunas fotos se parece a Cantinflas, el famoso personaje del cine mexicano. Pero la única referencia a dotes de artista, es la que hizo Fidel Castro, cuando afirmó que Ernesto Guevara fue protagonista “de un arte tan peligroso como es la lucha revolucionaria”.

Hay muchas imágenes del Che sonriendo o riendo, y varias de ellas son con su familia. Con su padre Ernesto Guevara y su madre, Celia de la Serna. Con su primera esposa, la peruana Hilda Gadea y la hija de ambos, Hildita, quien falleciera tempranamente hace unos años. Son conocidas las gráficas con su compañera cubana, Aleida March, y los hijos Aleida, Camilo, Celia y Ernesto. Hay pocas fotos, o el menos poco difundidas, de los cuatro hermanos de Guevara.

Otros recuerdos donde se ve feliz al Che, son con entrañables amigos y compañeros. Sus cómplices de los famosos viajes en motocicleta y por América Latina, Alberto Granados y Carlos “Calica” Ferrer, el comandante guerrillero Camilo Cienfuegos, un verdadero jodedor cubano que hizo migas con el argentino-cubano. Circulan muchas imágenes alegres junto a Fidel, Raúl Castro, Celia Sánchez, Juan Almeyda, Haydee Santamaría, Ramiro Valdés, Manuel Piñeiro. También se le ve contento con guerrilleros y combatientes congoleses y bolivianos, en los dos países donde Ernesto Guevara consagró sus misiones internacionalistas, con propósitos de apoyar movimientos de liberación nacional.

Hay muchos relatos y casi ninguna foto, de momentos incómodos y frágiles cuando al Che lo atacaban los ataques de asma, dolencia que lo acompañó desde pequeño y que, por cierto, no le impidió agarrar la costumbre de fumar habanos cubanos. Sin abandonar el hábito de tomar mate, aunque no siempre lo tuvo a mano.

Las narraciones de su vida, desde la infancia, pasando por la adolescencia y hasta la adultez, hablan de combinaciones peculiares en las actividades de este hombre que murió en la lucha insurgente a los 39 años, en una modesta escuelita de la localidad de La Higuera en Bolivia.

Fue un buen lector, y al mismo tiempo gustaba de practicar el rudo deporte del rugby. Tenía una sensibilidad literaria y social, y se afanó en convertirse en médico, que lo llevó a trabajar en un leprosario y a sacar muelas en la Sierra Maestra.

Ya cursaba la lectura de marxismo y se metía en los senderos de las batallas políticas, inclusive pensando en tomar las armas (sobre todo después de ser testigo del derrocamiento del Gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, con la intromisión directa de Estados Unidos), y al mismo tiempo tomaba fotografías familiares en plazas mexicanas para ganar unos pesos, y escribía artículos en revistas médicas y deportivas.

Quizá después de desembarcar en el “Granma” en territorio cubano y ser parte de combates guerrilleros, se le produjo la primera contradicción tajante: ser médico de la guerrilla o ser soldado. Todo indica que optó por lo segundo, lo que lo llevó a convertirse en comandante guerrillero.

Responsabilidades en el Estado

Y los derroteros de la vida le siguieron colocando giros a sus actividades. De jefe militar insurgente, ya logrado el triunfo de la Revolución Cubana, pasó a funciones totalmente distintas. Ocupó el cargo de ministro de Industria y de presidente del Banco Nacional de Cuba. Cuenta el mito urbano, que como se necesitaba alguien para ese puesto, Fidel preguntó en una reunión si había algún economista, y el Che levantó la mano; luego que lo nombraron, él habría dicho que entendió que Fidel preguntó si había algún comunista.

Para sus responsabilidades en el Estado cubano, Ernesto Guevara ocupó largas horas nocturnas para tomar clases de matemáticas y dedicó mucho tiempo a la lectura de libros especializados. Nunca abandonó los textos de Marx y de Lenin, ni las novelas, la poesía (le gustó mucho Pablo Neruda) y literatura universal y filosófica.

En los primeros años del proceso revolucionario cubano, Guevara continúo en ese vaivén o actividades polifacéticas. Fue un impulsor y practicante del trabajo voluntario, sobre todo en la producción, poniendo el hombro en la zafra o en una fábrica, y al mismo tiempo salía al extranjero a misiones diplomáticas de alto nivel que incluyó representar a Cuba ante las Naciones Unidas.

Es lo que muchos investigadores del Che, o sus mismos compañeros, definen como una vida multifacética del médico, guerrillero, estratega militar, intelectual, diplomático y militante.

Atributos

Se caracterizó -con la comprobación de diversidad de investigaciones- por su austeridad, desinterés material, disciplina, voluntad para asumir diversidad de tareas, dedicación a la lectura, empeño en escribir ensayos y artículos, compañerismo y un carácter fuerte que, dicen, más de alguna vez chocó a algunos de sus compañeros. Los testimonios hablan de su generosidad y capacidad de ayuda, y ganarse el respeto de entorno con el ejemplo reflejo, es decir, solicitar y exigir algo que él mismo era capaz de asumir.

Muchos de sus biógrafos resaltan una actitud irreverente y al mismo tiempo relajada del Che. El periodista Paco Ignacio Taibo II indicó que le llamó la atención que el Che siempre andaba con los bototos desabrochados. Prácticamente en todas las fotos que existen de Guevara después de su integración al Movimiento 26 de Julio, aparece con uniforme militar.

No fue inocente la vida de este argentino-cubano. Hay mucha mistificación. Todo su quehacer fue elocuente y al mismo tiempo concreto, sobre todo por su capacidad de asumir de manera precisa y sencilla los desafíos de la vida, desde joven. De eso dan cuenta sus biografías y los testimonios de quienes lo tuvieron cerca en distintas etapas. A pesar de la parafernalia y uso publicitario en torno de su imagen, Ernesto Guevara no está atado a ello, sino a su impronta como revolucionario, hombre de acción y de intelecto.