Resulta misterioso entender cómo el niño y el adolescente Ernesto Guevara desemboca en el “Che Guevara”, símbolo universal de alguien capaz de combatir y morir por sus ideales.

Ernesto Águila

Académico

Un aspecto que llama la atención de la biografía de Ernesto Che Guevara es su temprana y apasionada relación con la literatura. El asma derivada de una afección pulmonar que padece a los pocos meses de vida condiciona una infancia más bien postrada y recluida, en la cual encuentra en la lectura una manera de relacionarse con el mundo. Leer como una forma de vivir.

A los diez años escribe a su tía Beatriz Guevara: “Cuando pases por la calle Santa Fe averíguame si tienen Los misterios de la India de Emilio Salgari”. A los 12 años, cuenta su padre, ya era lector habitual de Stevenson, London, Verne y Dumas.

Con el paso de los años sus lecturas se van ensanchando. En un índice que confecciona de estas, encontramos: Malraux, Freud, Zolá, María Zambrano, Marx, Engels, Dante, Azorín y el infaltable Julio Verne. Deja por escrito testimonio de su fascinación por Cervantes y El Quijote.

Resulta misterioso entender cómo el niño y el adolescente Ernesto Guevara de la Serna desemboca en el “Che Guevara”, símbolo universal de alguien capaz de combatir y morir por sus ideales, de unir radicalmente vida y política, y de actuar con un sentido universalista, como si Cuba, el Congo o Bolivia -más allá de toda idea de patria- fuesen el mismo lugar por el solo hecho de que la condición de oprimido traspasaría toda frontera.

El asma y esta infancia reconcentrada en la lectura más bien apuntaban a que Ernesto Guevara fuera un médico argentino con aficiones literarias y filosóficas (escribió un diccionario filosófico a los 17 años), inquieto intelectualmente y de ideas de izquierda. No menos, pero tampoco más.

¿Cómo se transforma en el Che? Quizás por una mezcla de razones y ese componente de azar que va tejiendo las biografías. Unos dicen que su compromiso se debió a sus lecturas marxistas, pero todos sabemos que nadie se transforma en el Che solo por ello. Otros apelan a su condición de médico. Otros, a que sus viajes en motocicleta por latinoamericana siendo joven lo fueron radicalizando al encontrase con las miserias e injusticias. Quizás cabe también como explicación que, como el Quijote, se aburrió un día de leer o más bien solo de leer (porque nunca dejó de hacerlo) y se arrojó al mundo. Piglia sostiene que el encuentro con Fidel Castro y su envolvente retórica fue clave: se reunieron por primera vez un día de julio de 1955 y conversaron ininterrumpidamente desde las ocho de la noche hasta las cinco de la madrugada.

El Che Guevara se embarca en el mítico Gramma como médico no como guerrillero. A poco andar se convierte en guerrillero y luego de manera sorpresiva en Comandante. Mientras los guerrilleros exhaustos al final del día se echan a dormir, Guevara arma su pequeña biblioteca en la selva, se aparta y lee. Cuando lo hieren y detienen en el combate de la Quebrada del Yuro, al Che casi no le quedan zapatos, pero guarda consigo su Diario. Cuando queda frente a quien lo iba matar le dice: “Póngase sereno y apunte bien, que va a matar a un hombre”. Heroísmo puro y literatura de alto vuelo.

 

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