En materia de programas televisivos en vivo, no deja de sorprender que los pequeños son considerados una suerte de payasos, personajes para la risa.

José Luis Córdova

Lamentablemente la terrible situación de los centros del Servicio Nacional de Menores (Sename) no es la única irresponsabilidad de nuestra sociedad respecto a la atención de niñas y niños.

Si bien hoy día, tal vez por suerte, los peques ven menos televisión que en décadas pasadas, los mensajes para y con ellos son bastante peligrosos y equívocos.

Partiendo de la publicidad en spots comerciales donde se lucen niños rubiecitos (a lo más junto a peques de raza negra u orientales) utilizados para despertar ternura, pero producen en realidad un consumismo desatado, tanto para los menores como para los padres impelidos a adquirir los productos promocionados por recién nacidos, apenas parlantes y hasta púberes, como las tristemente célebres “cajas felices”, entre otras ofertas.

Si bien las redes sociales son un peligro inminente por el abuso de imágenes y campañas pedofílicas sin control alguno, en la televisión de cada uno de nuestros hogares las niñas y niños son utilizados sin pudor para comercializar y para hacer aparecer a la violencia como un método normal y aceptable de resolución de conflictos.

Los niños “son esponjas” se dice habitualmente y cualquier sicólogo lo afirmaría sin abarcar la totalidad del contenido de esa frase. Asumir, naturalizar y aceptar situaciones del mundo adulto con normalidad llevaría a las próximas generaciones a un estado de cosas donde la muerte, la represión, la tortura y la violencia en general apareciera como algo normal.

En materia de programas televisivos en vivo, no deja de sorprender que los pequeños son considerados una suerte de payasos, personajes para la risa. Hay una peligrosa invasión de videos caseros donde los niños sufren accidentes previsibles, situaciones ridículas pero que son exhibidas para la diversión de los televidentes sin medir las consecuencias.

Si hablamos de las telenovelas -nacionales o extranjeras- los niños sufren como en los tiempos de Charles Dickens y “Dav id Copperfield”, son abandonados, vendidos, ocultados como en la era victoriana. Esto, para los relatos de personajes de origen humilde. Las niñas y niños de sectores más acomodados son caricaturizados como adultos o “viejas y viejos chicos”, que sufren por amores imposibles, descubren el amor a primera vista si el muchacho o la muchacha es bien parecida. Lo físico y superficial prima sobre cualquier otra consideración. ¿Será un buen mensaje?

Es cierto que el mundo es cruel e implacable, pero solazarse con la maldad, y el egoísmo no parecen caracteres loables como para divertirse con ellos, Es lo que hace día a día nuestra televisión.

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