Posturas que deberían considerar los encargados comunicacionales de las candidaturas para enfrentar al adversario y potenciar al propio.

Patricia Ryan. Periodista. Otra vez la duda en cuanto a si sirven para algo los debates de candidatos presidenciales, considerando que esta vez la audiencia fue de dos puntos; harto baja. Como sea, este encontrón entre los ocho postulantes a La Moneda sirvió para transparentar algunas cosas, más allá de las frases formales y estudiadas.

Y puede servir a los expertos o encargados comunicacionales para idear tácticas en lo que resta de la campaña, tanto para encarar a los contrincantes, como para reforzar al candidato propio.

En varios momentos, los candidatos de la derecha, Sebastián Piñera y José Antonio Kast, se aparecieron virtualmente como hijos de la dictadura; defendieron a los golpistas y relativizaron lo negativo del régimen militar. “El hecho de haber participado en el Gobierno militar no significa ningún pecado”, apuntó Piñera. Las Fuerzas Armadas en Chile no usaron la fuerza para tomarse el poder, sino que para recuperar Chile. Salvador Allende destruyó este país”, espetó Kast. Ambos, apostando al voto derechista y conservador. Los dos se mostraron tibios y parecieron explicarse las afirmaciones de la candidata UDI que dijo que los dos jóvenes quemados en una acción represiva durante la dictadura, se habían provocado ellos mismos las graves lesiones.

Los dos postulantes de la derecha se mostraron partidarios de endurecer las acciones policiales y judiciales contra comuneros mapuches (Kast planteó enviar a las Fuerzas Armadas a la zona), cuestionaron duramente las reformas sociales del Gobierno de Michelle Bachelet, mostraron su privilegio por el actual modelo económico y no restaron tiempo a atacar las posturas progresistas y de centroizquierda.

En tono con los aspirantes derechistas, casi todos los periodistas que participaron como consultores (todos hombres, ninguna mujer periodista), insistieron majaderamente en querer vincular o pedir explicaciones a los candidatos del progresismo y la izquierda (Alejandro Guillier, Marco Enríquez-Ominami, Beatriz Sánchez, Eduardo Artés, Alejandro Navarro), respecto a las situaciones y los gobiernos de Venezuela y Corea del Norte. La insistencia de la derecha de meter esos temas en un intento de atacar a las candidaturas de centroizquierda, algo que al parecer estará en toda la campaña y en boca de todos los periodistas en programas televisivos, radiales, en los diarios y en los próximos debates.

Pero aterrizando en los problemas del país, reales y recurrentes, estuvo muy presente en el debate la situación del pueblo mapuche, los operativos policiales, la huelga de hambre de los comuneros, donde la preocupación por pueblos indígenas y respaldo a los comuneros, estuvo en boca de Guillier, Meo, Sánchez, Navarro y Artés.

En un momento pudo causar sorpresa, pero Alejandro Guillier estableció que ganaría en primera vuelta y que “eso va a facilitar bastante el proceso. Lo que nos va a unir a nosotros es la capacidad de poder llegar a un acuerdo programático”.

De parte de Carolina Goic, llegó su aseveración de que ella pasará a segunda vuelta y podrá representar al progresismo y la centroizquierda en competencia con el candidato de la derecha.

Guillier volvió a plantear la necesidad de una nueva Constitución y se centró en hacer propuestas en temas como trabajo, pensiones, salud, entre otros temas que, seguramente, consideró vitales para exponer ante los televidentes.

No podía faltar el tema de la corrupción y las irregularidades en financiamiento de campañas. Piñera y Meo debieron responder por investigaciones y procesos en su contra y Artés aprovechó que el debate se realizaba en la sede del Congreso para espetar que ahí “huele a corrupción”.

Como viene siendo la tónica de su discurso de campaña, Beatriz Sánchez nuevamente cuestionó a la Presidenta Michelle Bachelet, sobre todo por lo que llamó “la aplicación de la Ley Antiterrorista” en los procesos contra mapuches.

Piñera hizo valoración de algunas obras del ex presidente Ricardo Lagos, y llevó de invitados a parientes de militantes democratacristianos, en la táctica de acercarse a sectores del llamado centro político.