Que haya un Presidente y una mayoría parlamentaria que posibilite potenciar una agenda transformadora, es algo definitorio.

Editorial. El Siglo. Chile puede seguir avanzando en transformaciones o entrar en una etapa regresiva. Ése es el punto central de lo que se juega en esta elección presidencial y parlamentaria.

Es indesmentible que el Gobierno de Michelle Bachelet y de la Nueva Mayoría instaló una agenda país donde se asumieron temas necesarios y sensibles para la mayoría del pueblo. Como nunca hace muchas décadas, Chile encaró desafíos transformadores en materia de derechos sociales y ciudadanos. Toda la sociedad y fuerzas políticas -hasta sectores conservadores y de derecha- giran en torno de cambios y reformas en educación, trabajo, tributación, pensiones, derechos de la mujer y de diversidad sexual, cambio en modelo de desarrollo.

Que haya un Presidente de la República y una mayoría parlamentaria que posibilite avanzar en ese proceso, corregir déficit, profundizar y ampliar los cambios, potenciar una agenda transformadora, es algo definitorio en la elección de noviembre próximo.

Por ello, la campaña de los partidos y conglomerados progresistas y de izquierda, requiere informar de los logros alcanzados en estos años, y dar cuenta de los proyectos que vienen. Hacer ver los beneficios que tienen esos contenidos programáticos para la mayoría de la población.

La derecha está en otra. Quiere revertir lo alcanzado y frenar la continuidad democrática reformista. Su campaña se centra entonces, en atacar y desvirtuar lo realizado en este Gobierno de Michelle Bachelet, y presentar como algo nuevo y positivo, un escenario antiguo y negativo. Rechazan avanzar en gratuidad en educación, buscan ampliar la privatización del sector salud, quieren retrotraer los avances laborales, están por imponer criterios conservadores en derechos de la mujer y la diversidad sexual, pretenden ampliar la posibilidades del gran empresariado y grupos financieros, juegan a reforzar medidas represivas ante problemas sociales, y apuestan por la continuidad de este modelo neoliberal y esta institucionalidad con dosis autoritarias y retardatarias.

Toda encuesta y análisis indica irremediablemente que la población que apoya las iniciativas progresistas y transformadoras es ampliamente mayoritaria. Y las posturas conservadoras y restrictivas tienen menor aceptación. Eso debe expresarse no solo en la campaña electoral iniciada este mes, sino en los resultados de la elección. En ese marco, la derecha busca, por ejemplo, que exista un alto abstencionismo para favorecer sus resultados. Por eso, el pueblo debe comprender la necesidad del voto, como también lo es la movilización social y la lucha política.

Es así que se debe intensificar la campaña por la opción presidencial de Alejandro Guillier y por las candidaturas del progresismo y la izquierda al Congreso. Eso significa apoyar y darle nuevo impulso a los proyectos de transformación.

Estas elecciones son una nueva oportunidad para que Chile siga avanzando en derechos sociales, en respeto a la diversidad, en combate a la desigualdad económica, y en profundización de la democracia. Es también un momento de hacer frente a los proyectos conservadores, antidemocráticos, impopulares, y de la derecha política y económica.